<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512</id><updated>2012-01-08T00:16:04.885+01:00</updated><title type='text'>Literartura</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>84</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-1972591903946181459</id><published>2012-01-07T23:53:00.003+01:00</published><updated>2012-01-08T00:16:04.895+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;Texto del catálogo&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;de la exposición de&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 255); "&gt;&lt;b&gt;NICOLÁS ORTIGOSA&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:85%;"&gt;FUNDACIÓN ARRANZ BRAVO&lt;br /&gt;BARCELONA&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#000099;"&gt;&lt;b&gt;DIBUJAR… EXPIRAR; DIBUJAR… EXPIRAR…&lt;/b&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;“Es lo que llevo de desconocido en mí lo que me hace ser yo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;Es lo que tengo de inhábil, de incierto, lo que es yo mismo.”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;Paul Valéry&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Antes de entrar en una exposición, aquellos que vienen a verla, ustedes, suelen estar expectantes. Aceptan, acaso con cierto pudor, saberse elegidos para confrontar sus propias vivencias con la biografía de instantes sublimes atesorada por el artista en cuestión, una biografía que acaba vertiéndose en los sucesos visuales que llamamos obras y que colonizan el aire de la sala, el interior de esa pulcra caverna, para mostrarse a ustedes sin intermediarios, porque precisamente son ustedes los más válidos de los interlocutores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Si ustedes son de esos cuya mirada recorre el espectro de intenciones del artista sin juzgar a priori su pasaporte artístico, o su valoración crítica, entonces tienen todo el derecho a que sus miradas deambulen libres por cuanto sucede en estas salas. Y tendrían razón si, pasados unos minutos, o solo unos segundos, lo que quiera que el artista les muestre –desde formas y colores hasta sonidos o la mudez más absoluta- les espanta, incomoda, incluso les deja indiferentes. Suele ser habitual en el arte reciente cruzar el umbral de la sala de exposiciones con la esperanza, permítanme la expresión, de reconocer las obras que se ofrecen con la ufana intención de completar un jeroglífico que parece burlar, desde antiguo, nuestra inteligencia y para cuya resolución se nos brinda otra nueva oportunidad, una nueva exposición que nos obliga a compartir espacio con las obras y permanecer atentos a cualquier indicio que nos sugiera una u otra interpretación, una u otra sensación, no sea que abandonemos la sala sin entender nada… como en otras ocasiones. Singular pretensión la de entender al primer contacto un producto conceptual tan extraño como la obra de un artista. Por osmosis deben de intentarlo algunos, sin éxito, claro, pero las obras no se dejan impresionar: salieron de la nada y regresarán a las sombras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Me atrevo a decirles crudamente que nada de esto pretenden los artistas y que ustedes, como nos recuerda Perejaume, están al final del proceso creativo, como receptores nunca como parte del proceso, y esto, créanme, es un alivio para todos. Las obras nacen sin estar ustedes presentes; las obras merecen su ausencia. Antes de verlas por primera vez, ustedes no han podido ejercer derecho alguno sobre la trasmutación de sus volúmenes o colores, está vetada su opinión durante la creación. Jamás podrán inmiscuirse  ya en los recovecos emocionales que apremiaron al artista a elegir una imagen o un sonido. Por su parte, el artista, permanece estoico ante el desaliento: a él le toca combatir con sus concepciones éticas y estéticas, sin importarle en ningún momento su receptor final. La obra, arrogante, por humilde que se pretenda, se sueña única heredera de alguna substancia que tiene su principio en remotos, atávicos confines. Pero, tienen ustedes razón, llegado el momento de hacerla visible, escindida de la presencia y proyección pública del artista, la obra recorre el camino a la inversa. Es entonces cuando el espectador, el que va a ver, y la obra se quedan a solas, frente a frente. Y es ahí cuando la obra se deja interpretar, escrutar sin rubor, y acepta ser principio de un nuevo camino, ahora que el artista llegó al final del suyo. En este intercambio de papeles, el espectador va construyendo, ahora sí, el sentido de “su obra”. Ustedes llegan con bríos renovados a ponerla a prueba y a no aceptarla por su majestuosidad, o por su tramposa espectacularidad. El otro, el artista, se retira de nuevo a su estudio para continuar en intimidad su lucha. El gesto chamánico del artista se dona a la visión (si es el caso) y ustedes son ahora -preparados o no para ello- quienes difunden el mensaje. Pero tengan en cuenta lo siguiente: independientemente de las múltiples interpretaciones que se hagan de las obras, estas mantendrán una misteriosa estabilidad al embate del tiempo y de las generaciones futuras, aparecerá y desaparecerá, quizás para siempre, quizás nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Todas las obras de arte nacen contra las obras de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Pero cada obra exige su particular ADN, pretende una consanguinidad que la ampare y la arrope cuando el frío de los siglos llegue a la intemperie de la contemplación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;Ninguna obra se acaba, ninguna se termina, todas se abandonan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;He revisado junto a Nicolás Ortigosa su trabajo decenas de veces y la experiencia de la primera visita a la obra, la revelación que supone la contemplación de la obra de la mano de su creador, es inolvidable. Pero nada aporta el pintor a lo pintado salvo su titánica presencia, Argos protegiendo la integridad física de la obra, pero nunca interpretándola. Nada aporta el pintor que no esté en el cuadro y ninguna explicación que pueda darnos Nicolás Ortigosa en esos instantes vale para hacer más grande una obra en relación a otra… Eso, si Nicolás se atreviera a pronunciar una sola palabra, cosa que nunca sucede en presencia de la obra, un reverencial respeto por su trabajo que de ningún modo traicionaría con tan ingenua deferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Esa sensación es la única que nos une al pintor cuando crea: el silencio, apenas roto por el ir y venir de sus pasos frente al lienzo o el batirse de los grafitos en el papel, sonidos armonizados de manera especial por el golpeo metálico y el arrastre hipnótico de las líneas que sisean con el ir y venir de la muñeca. Cuando trabaja, hace leves muecas, aunque él no lo sabe. Otras veces, en íntima conexión con la obra, se comunica con lo creado a base de gestos indescriptibles. A veces baila y cuando siente que ha llegado a huidizas pero acertadas conclusiones, se sacude el esfuerzo como un histrión y descansa. Parafraseando a Paul Celan  “[…] de la quebradura de / sus líneas / de vida / sale silente la respuesta: / esa eterna / gota / de oro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A los pies de una pequeña terraza de tierra fértil, arbolada con centenarios frutales y anudados rosales, junto a un hermoso y pequeño río donde la fresca melodía de su cauce  arrulla el paisaje encañonado, está el estudio de Nicolás Ortigosa. El agua, tras su vertiginosa caída desde lo alto de un puerto de montaña cuyas cumbres, a modo de cuenco con las manos, encrespadas en origen y amables y romas en la desembocadura, se allana delante de su puerta y saluda a las inmensas rocas a su espalda –escaladas en su desafiante juventud- que, como gigantescos cantos rodados de textura arcillosa, en elegante composición observan con nosotros el cielo y la danza de sombras que los buitres inventan antes de que el atardecer llegue para adormecer el valle. Este paisaje no es distinto en apariencia a aquel de Borgonovo, Stampa, donde Giacometti, sobre el que volveremos una y otra vez, saludaba a la nieve y a las montañas desde la vivienda estudio de su infancia. Pero quiera el destino que compartan una singular fortuna, esta sí idéntica: la de una naturaleza agreste y un incómodo acceso que ha protegido al paisaje del crecimiento desaforado del urbanismo idiota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;En un rincón del terruño se erige señorial entre otros árboles el hermoso almendro cansado, plagado de almendras inalcanzables debido a su soberbia altura. Para comerlas hay que dejar que caigan agostadas con paciencia y luego recogerlas; como las obras de los artistas que se sacrifican desde el estudio a la mirada, lentamente. Pero el almendro, el árbol, no es solo una pieza del paisaje, no lo era para Giacometti y no lo es tampoco para Nicolás Ortigosa. La peculiar morfología del almendro ha obrado el milagro de transubstanciar las alicaídas ramas de la naturaleza en la revelación de su eterna fuerza a través de los grafitos y óleos que lo tomaron por testigo del tiempo. Ninguna distancia se observa entre el paisaje descrito por Giacometti y este que abriga a Ortigosa. Las dificultades de los pintores son tan parecidas que bien podían solaparse sus voces. Escuchen: “Paso todas mis jornadas en el mismo jardín, los mismos árboles y el mismo fondo. […] Cada día veo más claramente que no veo nada, y ya no sé cómo, por qué medios, podría trasladar a la tela lo poco que veo. […] este paisaje no debía ser más que un comienzo. Es el que tengo todo el tiempo delante de mis narices, ante la puerta de mi taller. […] Pero ya no pienso en ello. El que tengo ante la puerta bastaría para mantenerme ocupado durante meses. Posiblemente incluso me vería obligado a ceñirme a una única parte de este paisaje, luego a un único árbol y, por último, a una única rama ”. Y quién pondría en duda las dificultades inconmensurables de la pintura cuando de compararse con la naturaleza se trata. Mariá Manent refugiado en el Montseny también lo sentía así cuando rescató este bello comentario de Edward Fitzgerald: “Puedo llegar a poseer una naturaleza mejor que la de cualquier pintura con solo mirar por la ventana. Pero respeto al hombre que intenta pintar acercándose al frescor de la tierra y del cielo. Constable no consiguió del todo lo que intentaba hacer; y quizá los viejos maestros optaron por una escala de valores más austera, más ceñida a las posibilidades de la pintura hecha con plomo. ¡Pintar con plomo el rocío! ”. Esa austeridad es quizá la que permite al artista dibujar la luz y la sombra con el mismo carbón. Allí donde la naturaleza necesita eras geológicas y condiciones favorables para existir, el pintor se basta apenas con un lápiz, un papel y un puñado de segundos, para rescatarlas de su mortal fugacidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El interior de su estudio reproduce el camino descrito por el río en la naturaleza. Una habitación, antiguo salón con chimenea, conduce a un pasillo oscuro donde baraja los cuadros que se hacinan, dejando cada vez menos cauce y obligándole a rozar con los brazos el envés de las telas al pasar entre ellos… cuando no lo hace deliberadamente, cosquilleándolos, para quizá reconocer el tensado de los lienzos o para proveerlos de un poder especial que solo él conoce, aunque yo pienso que los navega, los reconoce por la piel, como cuando busca el equilibrio en el mar metiendo los dedos en el agua, midiendo su temperatura, timoneando la tabla mientras dibuja una estela en el cielo de la boca de la ola. Hay toda una suerte de ritos que Nicolás Ortigosa desarrolla sin ser percibidos, incluso frases dantescas a modo de conjuros inaudibles para otros pero que yo creo leer en sus labios : “¡Oh esplendor del señor, por quien he visto / el alto triunfo del reino veraz, / ayúdame a decir cómo lo he visto! ”, elocuentes preludios, antesala a la muestra de su trabajo, con los que mide también el tiempo que le hace falta al que mira para desembarazarse de la torpe ansiedad de ver. Él se expone, se muestra primero, ralentiza sus nerviosos movimientos hasta casi detenerse y procede a mostrar las obras. Siempre los dibujos primero, los cuadros después y si queda tiempo, la escultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;“¡Nadie sabe dibujar! [¡Nadie sabrá jamás! Toda mi vida me he esforzado en aprender a dibujar bien -¡nunca lo he conseguido!]” Y tras un silencio vuelto hacia mí: “[Y métase esto en la cabeza:] Usted tampoco me sabrá dibujar nunca ”. Parecen poco amables las palabras que Matisse le espeta a Giacometti pero no ocultan la verdad. Nicolás Ortigosa lo sabe y aunque siempre hay un motivo para dudar del trabajo y a pesar de que a menudo la obra desaparece dejando un despojo mutilado delante de los ojos del artista, este debe soportar el embate, el agotador desafío, olvidar y seguir perseverando en el vacío. Como Giacometti, como Matisse, como todos. Con frecuencia son tan absurdos los pasos para iniciar el camino de regreso al trabajo que si pidiéramos al artista que nos describiera lo que siente en esos instantes todo cobraría un aire irreal, bufo, trágico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Si le pedimos a Nicolás Ortigosa que defina su trabajo encontraremos sus palabras aquejadas de una dolorosa y furiosa individualidad  -él no lo negaría-, como arrancadas a un discurso del que no conocemos, su origen, por olvidado, pero que bien podríamos fechar en la Grecia primigenia de la que ha nacido su particular teogonía expresada en miles de dibujos . Con más claridad e igual energía deja entrever en sus conversaciones el nombre de Apolo –en contraposición a Dionisos-, pues siempre supuso que el objetivo del artista a través del arte era la búsqueda de una cierta sabiduría … y no se equivocaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El dibujo, en su caso obsesivamente, es un enigma insondable, aunque suene contradictorio, pero no se deja turbar ni se aflige ante la dificultad de su resolución . Cada nuevo dibujo es un intento de vencer la consternación por la falta de respuestas. Sufre, suponemos, pero desdeñoso vuelve incansablemente a dibujar creando el mapa genético que en algún momento se podrá recomponer a través de su obra, zambulléndose en el papel en busca de las imágenes, atravesando los estados de consciencia  que le apartan del mundo y le introducen en sus pensamientos, en el dibujo mismo, de los que rescata a la belleza de perecer ahogada por la desidia , o por la complacencia .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El artista es el otro en el límite… Nos lo hemos repetido tantas veces que hemos llegado a creerlo. Ahora, ustedes y yo mismo, los que veníamos a ver, ya vemos, el pintor se ha ido, dejó las obras, no tengan prisa, lo visto es más intenso y durable que la acción de ver. Y fíense de lo visto que en nada se parece a los cuadros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-----------&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Advertencia: El texto que sigue a continuación está formado por una sucesión de ideas acuñadas en breves párrafos que tienen por objeto dibujar fracciones del artista, del mismo modo que el artista ha dibujado fracciones de nosotros mismos. Ténganlo presente aquellos que busquen aquí un texto crítico, o una tesis que pugne con el enigma de la obra, para lo cual ustedes, hoy, se bastan solos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Irazoki, Francisco Javier. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Los hombres intermitentes&lt;/i&gt;. Hiperión, Madrid, 2006, pág. 32: “Todos preferíamos la sombra común. Los niños, las alimañas y los paseantes liberábamos en ella el pánico, la piedad y el rencor que la luz no debía descifrarnos”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; A pesar de que existan obras procesuales donde el espectador se incorpora a la obra y deja su huella en el resultado final.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Krauss, Rosalind. “Sentido y sensibilidad. Reflexiones sobre la escultura posterior a los años &lt;st1:metricconverter productid="60”" st="on"&gt;60”&lt;/st1:metricconverter&gt;. (ARTFORUM. Vol. 12, n.º 3 Noviembre 1973, págs. 43-53) en catálogo de la exposición &lt;i&gt;Entre la geometría y el gesto. Escultura norteamericana, 1965 – 1975.&lt;/i&gt; Palacio de Velázquez. Ministerio de Cultura. Madrid, 1986, pág. 154: “la obra de arte es pues el índice de un acto de creación en cuyas raíces está la intención de hacer la obra. La intención es aquí entendida como una especie de acontecimiento mental previo que no podemos ver pero del que la obra sirve ahora como testimonio de que ha tenido lugar”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Celan, Paul. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Obras completas&lt;/i&gt;. “Compulsión de luz &lt;st1:metricconverter productid="1970”" st="on"&gt;1970”&lt;/st1:metricconverter&gt;. Trotta. Madrid, 2000, pág. 388: “¡Paisaje! paisaje, cielo matinal, cielo de la tarde, siempre dorado allá lejos, al fondo ah cómo decirlo, no se puede decir, ¡hay que pintar los amplios cielos líquidos y tenerlos y los árboles! / los árboles, los árboles […]”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Rodríguez, Claudio: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Casi una leyenda&lt;/i&gt;. Tusquets, Barcelona, 1993, pág. 67: “¡Se oye cómo el agua / se está hablando a sí misma para siempre!”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Giacometti, Alberto. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Escritos&lt;/i&gt;. “Hace 15 días (hacia 1952)”. Síntesis, Madrid, 2009, pág. 385.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Manent, Mariá. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Diario disperso (1918-1984).&lt;/i&gt; Trieste, Madrid, 1985, pág. 194: “He leído, en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;The Albatross book of Living Prose&lt;/i&gt;, una carta deliciosa de Edward Fitzgerald (1809-1883), dirigida a Tennyson. Hablando de la biografía de Constable, escrita por Leslie, dice: «Me gustan las pinturas que no se parecen a la naturaleza.»”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Alighieri, Dante: &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Divina comedia&lt;/i&gt;. Planeta. Barcelona, 1983, pág. 615.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Giacometti, Alberto. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Op. cit.:&lt;/i&gt; “Entrevista con Gotthard Jedlicka. 1957”, pág. 214. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Ibid&lt;/i&gt;., pág. 157: “Sobre la cama treinta litografías que rehacer para el libro interrumpido desde hace dos años. He intentado volver a empezar, vistas de calles, interiores, pero no funciona. ¿Por dónde, cómo volver a empezar? Para mí París ahora se reduce a intentar comprender un poco la raíz de una nariz en escultura”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Valéry, Paul. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Monsieur Teste&lt;/i&gt;. Montesinos. Barcelona, 1980, págs. 78-79. En Paul Valéry podemos leer un punto de partida nada circunstancial que bien podría ser la voz misma de nuestro artista en su entrega diaria al proceso creativo: “soy rápido o nada. –Inquieto, explorador desenfrenado. A veces me reconozco en una idea particularmente personal y capaz de generalización. / Estas ideas matan a las otras ideas que no pueden ser llevadas a lo general, ya sea por falta de fuerza en el que las formula, o por alguna otra causa. / De ello resulta un individuo ordenado según las potencias de sus pensamientos”. Pág. 81: “Sométete por entero a tu mejor momento, a tu más grande recuerdo. / Es él a quien hay que reconocer como rey del tiempo”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Tato, Álvaro “Estatua trunca” pág. 298: “En el país de mi alma se adivina/ la necrópolis sin antigüedad/ que mira silenciosa a la ciudad/ desde la eternidad de su colina./ Y en el sagrado centro se adivina/ la estatua trunca de mi soledad/ como un soneto que dejé a mitad”. En AA.VV. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La voz y la escritura&lt;/i&gt;. Edit. Dirección General de Juventud. Madrid, 2001.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Colli, Giorgio. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La sabiduría griega&lt;/i&gt;. Trotta. Madrid, 1995, pág. 52: “Pero la aparición de la flecha, como símbolo sapiencial, va acompañada de una herida sangrante: así es al cruel actuación de Apolo. Restringida a la esfera de la palabra, la sabiduría aparece como desafío del dios: lo que sugiere Apolo no es un conocimiento lúcido, sino un tenebroso enredo de palabras. Allí anida la sabiduría; pero el que se aventura a alargar la mano debe deshacer el ovillo, a costa de la vida. Así es como Apolo ejerce su poder: enredando a los mejor dotados para el arte del conocimiento. Es más, ese poder de Apolo se ejerce estimulando a la lucha. Aquel enredo de palabras es ahora objeto de competición. El ansia de sobresalir y de sobrepujar a todos en el conocimiento desencadena en el ser humano una competencia despiadada, en la que no hay perdón para el perdedor”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Holan, Vladimír. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Dolor&lt;/i&gt;. Hiperión, Madrid, 1986, pág. 125: Entre la idea y la palabra / hay más de lo que somos capaces de entender. / hay ideas para las que no hay palabras. / El pensamiento perdido en los ojos del unicornio / reaparece de nuevo en la risa del perro…”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Lewis-Williams, David. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;La mente en la caverna&lt;/i&gt;. Akal. Madrid, 2005, pág. 214: “Los pasajes y cámaras subterráneas eran las «entrañas» del inframundo, la entrada en ellas era la entrada, tanto física como psíquica, al mundo inferior. De este modo, se daba una materialidad topográfica a las experiencias «espirituales». Para la gente del paleolítico superior, la entrada a una cueva era la entrada a parte del mundo de los espíritus. Las imágenes embellecedoras iluminaban (posiblemente en un sentido bastante literal) una senda a lo desconocido”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Puede que para no enfrentarse nunca a estas palabras de desconsuelo: “… Mi arte, mi trabajo, ha quedado para siempre en el plano de la sabiduría, perdido el impulso de la creación, donde se halla el goce…” Onetti, Juan Carlos. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Tierra de nadie&lt;/i&gt;. Seix Barral, Barcelona, 1980, pág. 160. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style=" ;font-family:'Times New Roman';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Holan, Vladimír. &lt;i&gt;Op.cit.,&lt;/i&gt; pág.57: “Hay cosas ocultas a sí mismas. / Así que casi humanas / tal vez pudieran revelarse en nosotros / y sonriendo dejarnos desnudos ante todo. / Pero nuestra ignorancia es tanto más excepcional. / Se está más caliente junto a los animales…”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-1972591903946181459?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/1972591903946181459/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=1972591903946181459' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1972591903946181459'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1972591903946181459'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2012/01/texto-del-catalogo-de-la-exposicion-de.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-428418775852303492</id><published>2010-12-14T22:12:00.004+01:00</published><updated>2010-12-14T22:48:13.559+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:shapedefaults ext="edit" spidmax="2049"&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:shapelayout ext="edit"&gt;   &lt;o:idmap ext="edit" data="1"&gt;  &lt;/o:shapelayout&gt;&lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"  style="text-align: justify; font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;RECORDANDO UN CUADRO&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;GENERANDO VISTA PREVIA&lt;/span&gt;. Sala Amós Salvador. 2010 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:12pt;color:black;"   &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:12pt;"  &gt;Visitaba hace unos días la casa de mis padres en Madrid coincidiendo con los cambios producidos por una reforma reciente cuando, al entrar al salón, me lo encontré de frente. Allí estaba, solemne, capitaneando la pared, nunca ha sido descolgado, el cuadro que miré cientos de veces en mi infancia en competencia con la televisión. No se imaginen que es un cuadro de marca, disculpen, de autor, no, es un cuadro de cristalería, grande, de dimensiones enormes para una casa tan pequeña. Y sí, han acertado, el asunto del cuadro es un paisaje, faltaría más, uno de esos de tierras ignotas sin ciervos ni cazadores. Un paisaje hecho de todos los paisajes, “un paisaje inventado”, dice siempre mi madre en voz baja. Es cierto, un paisaje que no reconozco en ningún lugar real, salvo en las descripciones compiladas en la maravillosa &lt;i&gt;Guía de Lugares Imaginarios&lt;/i&gt; de Manguel y Guadalupi y en el propio cuadro quien se autentifica a sí mismo por el mero hecho de estar pintado. La localización en el salón no fue premeditada, de hecho no había otra pared que pudiera acogerlo, pero se daba la circunstancia de que el mueble que lo acompañaba en la sala tenía dos puertas acristaladas en las que se reflejaba &lt;i&gt;al otro lado del espejo... &lt;/i&gt;Y qué distinto&lt;i&gt;. &lt;/i&gt;Allí, entre el argumento pictórico y lo pintado he rebuscado una y otra vez porque estoy convencido de encontrar algún día el confín terrenal que representa, ya sea el de mis sueños o viajes, e ir aproximándome científicamente a las inquietudes del pintor que resumió en esta imagen un ideal desconocido, quizás la realidad que le dictaba su embriaguez artística, o la esencia de la belleza de lo neutro que escapa a juicios y se zafa del gusto viviendo la misma vida que nosotros. El asunto, está claro, es una vista del país &lt;i&gt;no acabo de saber&lt;/i&gt;, donde una cordillera rivaliza encrespada al fondo en azules y tierras con un cielo sin nubes abatido y algo grisáceo. Frente al cuadro, las montañas en su mitad derecha se camuflan pintorescamente por los enormes y enhiestos árboles que mojan sus pies en el agua del río que se abalanza en cascada desde las cumbres para aquietarse en un primer plano mojando las piedras de una señorial casona a la izquierda, con su tejado a dos aguas. En sus orillas nadie podría atreverse a lavar ropa ni siquiera bañarse, pues la altura es mucha y la frialdad de las aguas la imagino polar, por mucho que el sol lo ilumine todo desde fuera del cuadro. Los reflejos del agua están logrados en su brillo y cadencia rítmica. Los recursos pictóricos para significar los troncos, las hojas y las gargantas de la montaña están resueltos por el pintor con un gesto de muñeca y paletilla a base de empastados pegotitos sin esfuerzo y mucho oficio. La exuberante arboleda siempre me pareció perfecta, ejemplar, digna de Il Correggio, mientras que la vegetación que brota cada centímetro cuadrado del lienzo parece crecer cuando no la miras y temes que, si no estás atento, crezca y acabe por devorar la casa, las piedras y hasta la pared de la que cuelga. Fue en esa pintura, qué fortuna la mía, donde invertí mucho tiempo en saber los matices de cada color, de cada pincelada, en tocar y tocar la superficie arrancando aquí y allá pedacitos de pintura y reconociendo por el tacto cuál era el empaste que aún conservaba aceite en su interior y qué parte del cuadro era el que palpaba. Y en verdad era una suerte que aquello fuese una auténtica pintura, o un cuadro pintado, según se mire, puesto que la única pintura que me rodeaba se encontraba en forma de Murillos serigrafiados en jarras de loza blanca para cerveza que servían para agrupar bolígrafos y notas, donde &lt;i&gt;La Dolorosa&lt;/i&gt; estaba rodeada de Inmaculadas, niños y &lt;i&gt;Los Borrachos&lt;/i&gt; de Velázquez en una mezcla de realismo social explosiva; &lt;i&gt;El Perro&lt;/i&gt; de Goya en el fondo de un cenicero de metal que mi tío cegaba cuando venía a casa con sus cigarros habanos; Zurbarán y su &lt;i&gt;San Hugo en el Refectorio&lt;/i&gt; en una lata de galletas que nos saludaba desde la mesa en el desayuno; una &lt;i&gt;Bailarina&lt;/i&gt; de Degás en la portada del diario personal de mi hermana; Toulouse- Lautrec y sus carteles de &lt;i&gt;Can-Can&lt;/i&gt; en una desaparecida colección de vasos de vidrio marrón para whisky; La &lt;i&gt;Anunciación&lt;/i&gt; de Fra Angélico presidiendo el libro de la Primera Comunión; Y al fondo del mueble bar, escondido tras las copas de champán una reproducción postal de &lt;i&gt;El Baño Turco&lt;/i&gt; de Ingres. Un más que dudoso museo que mi familia acuñó de forma inverosímil y que nos rodeaba sin escapatoria. Me entretendría en preguntarle a ustedes por sus particulares universos museísticos de la infancia para que comprobásemos cómo la pintura, las consideradas grandes obras de la historia de la pintura, las hemos disfrutado inconscientemente como piel de algún objeto indescriptible, y en lugares donde, solo en apariencia, cumplen una función decorativa decapitadas de su lugar de referencia. Aquella convivencia inocente, &lt;i&gt;ocularcentrista&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;a style="" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=34410512&amp;amp;postID=428418775852303492#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="Refdenotaalpie1"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Refdenotaalpie1"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size:12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; supuso entonces una pastilla alucinógena de concentrado de historia del arte que sin orden ni elección dudo haya corregido con el tiempo. Aquellos, para quien tenga la tentación de adjetivarlo, no eran objetos kitsch aunque pudieran parecerlo. Para mí siempre fueron &lt;i&gt;objetos puente&lt;/i&gt; -también el cuadro del salón-, lugares para la contemplación que desafiaban a los lugares propios de la pintura pero que por estar desnortados, en el lugar equivocado, hacían grande lo vulgar, multiplicaban por diez la intensidad de la mirada consumiendo ese sesgo de indiferencia mejor que un paseo por cualquier exposición. No soy el único. La pintura sobreviene, se aparece a cada paso y no solo en forma de pintura, de colores por doquier, sino en fotogramas, &lt;i&gt;frames&lt;/i&gt;, secuencias enteras... Llevamos andado un largo camino en la fusión de las categorías visuales y la pintura sigue emancipándose sin atisbar su agotamiento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;div  style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;  &lt;hr style="height: 2px;font-size:78%;" width="33%" align="left" &gt;    &lt;div style="" id="ftn1"&gt;  &lt;p class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;a style="" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=34410512&amp;amp;postID=428418775852303492#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="Smbolodenotaalpie"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Smbolodenotaalpie"&gt;&lt;span style="font-size:10pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt; BREA, José Luis. &lt;i style="font-weight: normal;"&gt;Las 3 eras de la imagen: imagen-materia, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style=""&gt;film, e-image [en línea]. www.joseluisbrea.net/ [Madrid, España], actualizado agosto 2010 [citado 10 septiembre 2010] capítulo I. Imagen-materia: Ocularcentrismo: visión y verdad. Disponible en World Wide Web: &lt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;http://3erasimagen.net/#ocularcentrismo&gt;: "Bajo este particular modo de producción –pero quizás habría que decir mejor: bajo este particular régimen técnico de producción– la imagen pictorializa el mundo, lo produce como cuadro. Ella educa –forma– nuestro modo de organizar la visión; en aras de unas pretensiones añadidas de veracidad que el relato que la ampara sentencia como válidas: digamos que ella nos enseña un modo de ver, de mirar, que corrige el puramente espontáneo para tornarlo producto de conocimiento, modo construido –culturalmente enriquecido– de un saber adecuado. [...] la imagen-cuadro organiza la arquitectura de lo visible conforme a un cierto programa, de un modelo histórico- cultural".&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:shapedefaults ext="edit" spidmax="2049"&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:shapelayout ext="edit"&gt;   &lt;o:idmap ext="edit" data="1"&gt;  &lt;/o:shapelayout&gt;&lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-428418775852303492?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/428418775852303492/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=428418775852303492' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/428418775852303492'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/428418775852303492'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/12/normal-0-21-false-false-false_14.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3895538906271250516</id><published>2010-12-14T22:05:00.008+01:00</published><updated>2010-12-16T14:49:01.156+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-family: times new roman;font-family:&amp;quot;;font-size:100%;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);"&gt;Devastación&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue mi último viaje a Roma lo que restaba de mis años de estudiante. Vía Veneto soportaba los envites del tráfico y el griterío del mercado como cada día. En esta estrecha calle, en el número dos, una bellísima mastaba de mármol se alzaba orgullosa reflejando el cielo en sus blancos muros, en ella vivía la que por entonces no dudaba en presentar como mi "refugio", mujer elegante, serena, poco gesticulante y de profunda mirada, tanto como las grietas de sus manos; escondite del tiempo plegándose sobre sí para no dejar escapar las caricias de aquellos hombres y mujeres nunca pronunciados, pero sospechados en sus juveniles labios, todavía carnosos, humedecidos cuando me besaban al atravesar la puerta de su inmenso palacio donde se agolpaban miles de pruebas de la civilización, millones de objetos impecables en forma, color y matices irreproducibles, mantenidos con los cuidados y perseverancia de quien se ha convertido en su guardiana, depositando en ellos todo su amor. Pasear por las distintas salas era siempre un ejercicio de agudeza para la mirada si es que en la última visita uno había cometido la osadía de hacerse acompañar por la urgencia, puesto que encontrar una sola de las piezas estudiada visualmente en anteriores paseos, era imposible. Las piezas eran los ejemplos más dignos de cada una de las culturas que, desde el principio de los tiempos, habían poblado la tierra . Errabundo entre los objetos, siempre en su compañía, atestiguaban lo inmenso de su riqueza, de su saber, aunque amontonados en las más de treinta habitaciones y sus comunicantes pasillos, resultara chocante. Tenía por costumbre, después de un primer contacto con lo que ella llamaba "testigos”, pasear, ahora sí, por la calle, caminando sin rumbo e imitando en nuestro andar a los turistas, a la deriva, interrumpiendo nuestros pasos al capricho de una circunstancia involuntaria, o de una buena razón culinaria. Aquel andar nos robaba horas y más horas, hasta que “refugio” consideraba revisitada la ciudad y de regreso a casa relataba con precisión los descubrimientos realizados aunque éstos no pasaran de ser calles asfaltadas, sombras donde antes luces, farolas nuevas travestidas de época y su continua perplejidad al observar que el verde ya no era el color del suelo, ni siquiera de los parques, sino de terrazas y balconadas con tristes plantas esquivando persianas, dirigiendo sus flores hacia abajo en un intento de reconquistar un lugar más acorde para la vida -ingenuas. Salvo estos últimos momentos de la tarde, apenas hablábamos y su voz, dos o tres palabras inconexas, se oían con más fuerza al acercarnos al Coliseum donde con su bastón, de puño y tacón metálicos, golpeaba los muros enérgicamente, desconchando el revoco en ocasiones y en otras arrancando piedras enteras con asombrosa precisión mientras, de forma casi inaudible susurraba “devastación”..., “devastación”. Nunca hacía un gesto que pudiéra calificar de violento salvo cuando golpeaba el Coliseum, nunca hablaba tanto como cuando golpeaba el Coliseum, nunca se esforzaba tanto por parecer otra como a los pies del Coliseum. Sus ochenta años no le permitían seguir ya desgastando la roca de sus enfermos muros en una acción que, no por observada, me resultaba comprensible. “Siempre en Primavera”, me dijo hace años, “cuando el invierno hizo ya su trabajo; cuando agua y sol se alían con mi labor”. Una labor agotadora que acababa en el único sillón de la casa utilizado para descansar y no sustraer espacio a las piezas, contribuyendo al abigarramiento. No fue así aquella tarde en la que se obstinó en acompañarme por las habitaciones en busca de los retazos de historia olvidados por los doctores y rescatados por ella para su colección. Cenotafio convertido en archivo para todos, puesto que nutría de piezas a distintas instituciones públicas y privadas que jamás supieron a quién agradecer los envíos. Aquí, en estas oscuras habitaciones se había reservado las mejores para sí misma: Un pequeño vaso argárico con decoraciones vegetales no geométricas que podría acabar con las teorías del ornamento en las primeras culturas; una inmensa crátera griega con dibujos orientales y personajes togados, tan peculiares, que parecían, al mirarnos, al mirarlos, intentar desvelar los secretos de tan impactante y rara imagen que acababa de raíz con los cánones de la antigüedad y los mapas de viajes; un pequeño boceto en terracota de Miguel Ángel, representando a tres personajes anudados en cuya base podía leerse claramente la firma del genio y otra de intrincada escritura, pero inequívocos signos, de un artista azteca… Aquellos tesoros se iban sucediendo en el silencio de nuestro dulce y casero paseo, estancia tras estancia, doliéndome los ojos ante las innumerables maravillas, cuando de repente, de un golpe seco, “refugio”, arrancó de mis manos la hermosa pieza de Miguel Ángel convirtiéndola en polvo. Y no se detuvo. Prosiguió con el resto de la habitación sin enfurecerse, fría, con aplomo, sin aspavientos ni lágrimas, estantería por estantería, empujando de sus lugares a cada una de los “testigos” mientras yo intentaba, confuso y asustado, algún gesto que me sacudiera de mi estado y me permitiera comprender o correr. En ningún caso intenté detenerla, no podía, no sabía, el ruido me rasgaba y el espectáculo era extraordinario. Sin recordar cómo, corrí atropellado a la habitación griega para proteger a mi favorita, la crátera, testimonio del fracaso de la historia. Pero también ese intento fue fallido pues me encontré de frente con el metálico y mortífero bastón de “refugio” destrozándolo todo y todas y cada una de las piezas a las que consagró su vida. No paró hasta desmigajar cada pedazo, cada fracción, sentándose después en aquel sillón, repitiendo dos veces “... al fin tranquila”…, "... al fin tranquila", para después enmudecer. Nunca he podido recordar si me despedí de ella. Nunca he olvidado como mis pies iban apartando los cascotes y el polvo sin reconocer ni uno sólo de los tesoros que ahora ya no eran más que basura; yacimiento. Desde la puerta, confundida entre sombras, la miré, y pude ver en sus ojos la tenue luz que entraba por ventana amaneciendo, esa es la última imagen que guardo del día de la devastación. Murió la mañana siguiente. Permanecí en Roma el tiempo suficiente para explicarme lo sucedido. Aún no lo sé, aunque, hoy, soy yo quien en mis viajes a Venecia, con el bastón de puño y tacón de metal heredado he hecho de este &lt;i style=""&gt;capricho&lt;/i&gt; mi &lt;i style=""&gt;refugio&lt;/i&gt; en el que todas las tardes del año, especialmente en Primavera, salgo a pasear por la ciudad, sin rumbo, hasta llegar al recodo de un estrecho canal, cerca del mercado, donde hundo mi bastón en el agua haciéndolo girar formando un leve remolino que con seguridad, pienso, desgasta los cimientos del que se ha convertido en el objeto de mi “devastación”.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3895538906271250516?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3895538906271250516/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3895538906271250516' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3895538906271250516'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3895538906271250516'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/12/devastacion-fue-mi-ultimo-viaje-roma-en.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5861435496886524235</id><published>2010-01-20T16:22:00.002+01:00</published><updated>2010-01-22T10:10:00.453+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);"&gt;Martes, 23 de Junio, del 83.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El río creció hasta cegar los ojos del puente, anegar las huertas de la ribera, y amasar junto con el lodo y las ramas caídas la argamasa que sepultó a la pareja de ancianos. No murieron en el instante. Consiguieron comunicar con una hija a la que apenas pudieron suplicar ayuda mientras la cenagosa corriente comenzaba a llenar el interior del vehículo por los asientos traseros, los conductos de la calefacción y el pedal del freno. El anciano ni siquiera era capaz de hablar con su hija preocupado como estaba por aparentar calma ante su mujer. La mujer se abandonó a su suerte instantáneamente. En unos segundos el barro les cubría la cintura y el vehículo giró bruscamente para detenerse en seco contra el pilar del puente. La hija escuchó el bronco impacto desde la ventana a pesar de que los sonidos se confundían con el continuo romper embravecido de las aguas, pero dice que lo escuchó con la misma nitidez que se escucha al ruiseñor en la madrugada, y que en ocasiones, no sabe si esto último es cierto, le resuena en la cabeza la voz de su padre eufórico pronunciando un lastimero gracias junto al nombre de la madre justo antes de cortarse la señal. Volvió a teclear torpemente en el aparato el número de su padre pero el teléfono le devolvió la robótica voz de un mensaje pregrabado al que no dejó terminar de hablar. Lo intentó dos veces más antes de salir gritando a la calle en busca de ayuda. Aún hoy, y por siempre, cuando recuerda el hecho confiesa que se le confunden en la memoria las voces de su madre y la de aquella mecánica voz del auricular. Y en ocasiones, tiene la certeza, escucha la voz de su padre pronunciando mi nombre, y que por eso me llama, y que la perdone si me parece muy pesada, pero que presa de la confusión no termina de encajar las imágenes y las voces. Dice que muchas mañanas a la que oye pedir ayuda es a la madre y que en realidad de la voz de su padre apenas tiene recuerdo claro, sólo un susurro agónico que no sabe a qué corresponde. A la madre la imagina saliendo del coche porque tenía mucha energía y  destreza, y que el malogrado de su padre era miedoso, muy miedoso, desde niño, y que no descarta que fuera la voz de la madre la que le hablaba al teléfono, con tono ronco, evitando mostrarse cerca del fin. Sueña a su padre agarrotado, petrificado en el asiento, y tiene un vago recuerdo en el que escucha decir a su madre algo así como “¡Lo he conseguido José!, ¡dame la mano!, ¡Suelta el volante y dame la mano, José, antes de que nos caigamos!”. Y que allí estoy yo, su gran amiga, de pie, mirandola a los ojos, con carita de niña, quieta junto a mi bici. Dice que aquella voz de su madre siempre le viene a la cabeza unida a un imposible paisaje donde la lluvia el Sol y el torrente de agua enfebrecida forman una caótica geometría cuyo centro lo ocupa la imagen de la inimitable mujer que fue su madre, que no dudó, cuenta ahora con la mirada perdida en el vidrio de la ventana, en volver a entrar en el coche, cerrar la puerta, abrocharse el cinturón y mirar al padre con una resignada sonrisa en los labios. Nunca he sabido si el relato de mi amiga es así de mágico por deseado o revivido. Nunca he tenido la necesidad de preguntar sobre aquel desgraciado día, y nunca he escuchado una versión que sea igual a otra... Siempre la transforma; siempre es siempre otra. A mi madre escuché mil veces contar que los padres de Laura murieron cuando mi amiga era muy joven, tan joven que parece imposible que pueda recordar cómo sucedió lo ocurrido. Recuerda la altura desde la que el coche cayó, en la lejanía, sin estruendo. A mi padre, amigo y vecino de José y Nieves desde niño, le he oído contar que eran una pareja ejemplar, pero que el día que murieron en el pueblo no había nadie para auxiliarlos, ni siquiera teléfonos móviles como existen ahora. Parece una escena de cuento que el coche, que los conducía a la ciudad por aquella carretera sin peligro recorrida durante cincuenta años, hubiera encontrado el único recoveco por el que descolgarse unas decenas de metros hasta quedar oculto boca abajo entre la frondosa maleza durante dos días, sin peligro de que las aguas borrasen la tragedia; en mi pueblo no tenemos río, ni puente que lo cruce... Mi amiga Laura lleva internada en el hospital desde los doce años. Tras despertar del coma producido por el accidente no pudo superar lo ocurrido ni recuerda nítidamente la razón que la mantiene allí. Me llama cada día, dos y tres veces, pregunta por mis padres, le respondo, se queda un rato en silencio, la oigo reír  y me relata sobresaltada lo que ve desde su ventana en el hospital. Siempre describe lo bello, los árboles y el cielo, después la melancolía. Escucho absorta y triste todo lo que cuenta, pero nunca podré confesar que, aquella fatídica mañana del martes 23 de Junio del 83, salí a dar una vuelta en bicicleta por las tranquilas carreteras del pueblo. Por primera vez me alejé de casa, sola, con intención de llegar hasta la fuente y volver antes de que mi padre regresara del reparto... De repente sentí miedo. Acababa de iniciar la subida del repecho a los pies de la ermita, cuando aquella cuesta me pareció una montaña tras la cual se ocultaba lo desconocido. Me asustó aún más mi propio jadear y el dolor en las piernas que me impedían continuar. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Me detuve temblorosa cuando estaba a punto de llegar a lo más alto. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Bajé de la bicicleta y sofocada giré el manillar para iniciar la bajada tropezando con los pedales y cayendo en medio del asfalto. Apenas me había dado tiempo para levantarme cuando el coche conducido por José salió del cambio de rasante con  el tiempo suficiente para evitarme y despeñarse hacia el barranco perdiéndose entre la maleza. ni un ruido, ni un lamento, y en el aire las campanadas de la iglesia que anunciaban las nueve de la mañana. Un fuerte dolor de cabeza me abrasaba de frío hasta los pies. No tengo valor para contarlo, nunca lo tendré, a pesar de que reproduzco el horror desde aquel momento varias veces cada día. Quiero creer que me ha perdonado. En muchos de sus infinitos relatos me sitúa cerca de los padres, en el asiento trasero jugando las dos a contar los árboles, abriéndoles la puerta, cogida en brazos de José elevándome angelicalmente con ella por el aire, venciendo a las aguas, montada en mi bici buscando ayuda, corriendo descalza por la carretera para avisar a mi madre... Y siempre me recuerda lo bien que me quedaba de pequeña aquel traje azul marino, como el color de la bicicleta que su padre me regaló...,  &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Suena el teléfono&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5861435496886524235?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5861435496886524235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5861435496886524235' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5861435496886524235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5861435496886524235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/01/martes-23-de-junio-del-83.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-6439818456511944670</id><published>2010-01-20T15:46:00.001+01:00</published><updated>2010-01-22T09:25:38.987+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);"&gt;Noche (II)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final del paseo entre casas apareció de repente la oscura figura de una mujer. Detenida en el centro de la calle parecía observar a los niños que jugaban al fútbol junto a la puerta de mi casa. Justo antes de enrojecerse el cielo, la mujer avanzó ocupando el centro del paseo en dirección a los niños, batiendo a cada paso, en ondulado y rítmico oleaje al viento, su negro vestido. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El juego se detuvo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El balón botó calle abajo abandonado a su suerte. Los niños observaron la enorme presencia que se aproximaba lentamente ensombreciendo con su vaporosa seda los tejados, las paredes, el empedrado suelo y nuestro miedo. El cielo quemaba en naranjas y un extraño silencio se apoderó de todo. Cuando estuvo tan cerca que podía tocarlos, una hermosa Luna llena emergió del tocado que ceñía su melena, y un suave resplandor inundó los pequeños rostros boquiabiertos de los niños, que nunca olvidaron como se fabrica una noche.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-6439818456511944670?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/6439818456511944670/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=6439818456511944670' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6439818456511944670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6439818456511944670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/01/noche-ii-al-final-del-paseo-entre-casas.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8749226856118550923</id><published>2010-01-20T15:36:00.001+01:00</published><updated>2010-01-20T15:46:03.394+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El silencio suspende el tiempo&lt;/span&gt;”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El silencio suspende el tiempo&lt;/span&gt;”, decía &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;con voz temblorosa&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; el anciano para esquivar a la muerte.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8749226856118550923?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8749226856118550923/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8749226856118550923' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8749226856118550923'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8749226856118550923'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/01/el-silencio-suspende-el-tiempo.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-7322022001588401493</id><published>2010-01-20T15:31:00.001+01:00</published><updated>2010-01-20T15:35:46.064+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);"&gt;G.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaban juntas de forma tan admirable que parecían estar ensayando algún número circense donde ella, tan guapa, era la dama, y la perrita, tan blanca, la diadema.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;a Ramón Gómez de la Serna&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-7322022001588401493?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/7322022001588401493/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=7322022001588401493' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7322022001588401493'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7322022001588401493'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/01/g.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4998885506181173760</id><published>2010-01-20T15:23:00.002+01:00</published><updated>2010-01-22T09:27:29.871+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);font-family:lucida grande;" &gt;Mina&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las velas garabatean el dibujo en sombra de la llama en la pared, una y otra vez, como si el amanecer pensara sus colores y rápidamente lo olvidara. Al soplar, el fuego se resiste, duda entre apagarse o resucitar, igual que en la pintura; cada vez que se abandona el cuadro, éste se sueña terminado. Cuando se hace la oscuridad sólo queda el silencio silbando en el oído y el reflejo de la luz en la retina; ninguno de los dos quieren morirse. El suicidio necesita de esa misma luz. Nadie se suicida en una mina; allí se muere de asfixia o inanición; nada se apaga en lo negro.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4998885506181173760?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4998885506181173760/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4998885506181173760' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4998885506181173760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4998885506181173760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/01/mina-las-velas-garabatean-el-dibujo-en.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-431600495042601180</id><published>2010-01-20T15:12:00.003+01:00</published><updated>2010-01-22T09:28:55.612+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);font-family:lucida grande;" &gt;Si atraviesas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si atraviesas la callejuela de las monjas y llegas donde las paredes blancas se visten de humedad, y si cuando oigas la sirena del puerto corres hacia el borne, te darás cuenta del tiempo que ha pasado, del vértigo de los años, de lo cómodo que fue para ti decir adiós desde aquel barco. Si no has llegado a las monjas y están las paredes resecas, si no oyes la sirena del puerto ni corres al borne, será que sopla la tramontana y ahí da igual si soy recuerdo, sueño, atardecer del verano. Pronto cambiará el viento, y los sueños, y los recuerdos, y será otoño, mañana, y yo nunca.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-431600495042601180?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/431600495042601180/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=431600495042601180' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/431600495042601180'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/431600495042601180'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2010/01/si-atraviesas.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-2999841836003387012</id><published>2009-02-07T09:26:00.002+01:00</published><updated>2009-02-07T09:51:11.961+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 9"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 9"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:/DOCUME%7E1/NELLYM%7E1/CONFIG%7E1/Temp/msoclip1/01/clip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:donotoptimizeforbrowser/&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} h1 	{mso-style-next:Normal; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	page-break-after:avoid; 	mso-outline-level:1; 	font-size:16.0pt; 	mso-bidi-font-size:12.0pt; 	font-family:Arial; 	mso-font-kerning:0pt;} h2 	{mso-style-next:Normal; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	page-break-after:avoid; 	mso-outline-level:2; 	font-size:10.0pt; 	mso-bidi-font-size:12.0pt; 	font-family:Arial;} p.MsoBodyText, li.MsoBodyText, div.MsoBodyText 	{margin-top:0cm; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:6.0pt; 	margin-left:0cm; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} p.MsoBodyTextIndent, li.MsoBodyTextIndent, div.MsoBodyTextIndent 	{margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	text-align:justify; 	text-indent:35.4pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} p.MsoBodyTextIndent2, li.MsoBodyTextIndent2, div.MsoBodyTextIndent2 	{margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	text-indent:35.4pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} p.MsoBodyTextIndent3, li.MsoBodyTextIndent3, div.MsoBodyTextIndent3 	{margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	text-align:justify; 	text-indent:35.4pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	border:none; 	mso-border-alt:solid windowtext .5pt; 	padding:0cm; 	mso-padding-alt:1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt; 	font-size:10.0pt; 	mso-bidi-font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt;&lt;/style&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;“Una Propuesta..."&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;«&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El porvenir» es el estado desordenado de lo posible, mezclado con todos los grados de lo probable. (&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;1924-1925&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;. Z, X&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;, 461&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;.)&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: times new roman; text-align: center;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: times new roman; text-align: center;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;Paul Valéry&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:85%;"  &gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;Intentaba escribir con la distancia acostumbrada, ya saben, con menos pasión que una conversación acodada de café, la presentación que pusiera epílogo a esta sencilla actividad que ha sido “Una Propuesta...”, y que todos vosotros –los que habéis impartido una clase magistral y escuchado con atención y ensimismamiento la de los demás-, habéis convertido en una amable cita en el calendario de actividades de esta Escuela -que dicho sea de paso con el material humano que aquí se em&lt;i&gt;plaza&lt;/i&gt; cada año, no es difícil. Desconozco la razón de esta fecundidad pero no hay semilla que caiga distraídamente entre estas paredes que no fructifique a pesar de los inconvenientes que encuentre en su camino.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;“Una Propuesta...” ha sido una semilla compartida por todos y por tanto un merecido premio al esfuerzo de cuantos quisisteis jugar a contar cosas, a decirlas en voz alta, a creer en lo que pensabais, a soñaros distintos, y a descubrirnos al resto, a los asombrados, lo que sólo guardabais para vuestros alumnos y allegados... Gracias por vuestra generosidad, muchas gracias.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" face="times new roman" style="text-indent: 35.4pt; font-family: times new roman; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;De Finales&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;y acabamientos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me proponía escribir un texto final y puede que sólo sea capaz de conjurar un final sin texto, en cualquier caso, allá voy.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;Escribo estas frases un día de mucho viento. Viento que hace rodar la regadera, algún tiesto vacío y ese libro olvidado en la silla que ahora en el suelo la corriente abofetea de izquierda a derecha como las plumas de un pájaro abatido o los peces muertos entre olas. La única diferencia es que al pájaro o al pez nunca llegaremos a verles desaparecer del todo, los mantendremos latentes en ese estado intermedio en el que ingenuamente su cuerpo, pensamos, aún les promete una oportunidad cuando quitemos nuestros ojos de encima, mientras que al libro, este aire a carrillos llenos le va arrancando las hojas a mechones hasta no quedar ninguna, haciéndolo desaparecer por completo. Una manera de llegar al final poco común pero, a fin de cuentas, un final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ningún libro acaba cuando se termina de leer. Los finales no existen; cuando acabas de leer un libro, cuando éste llega a la última palabra, lo cerramos en acto reflejo ayudando al escritor a poner fin a la historia que a partir de ese momento se anudará a nuestra vida indefinidamente. Si no hacemos por acabar el libro, y por cerrarlo también, los personajes y sus conflictos saltarán a nuestra vida cotidiana y ya no distinguiremos las respuestas de las preguntas, lo que nos duele de a quienes herimos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;De finales sabemos todos pues desde esa perspectiva podemos visualizar el principio y tantear el camino, con su multitud de errores e insospechados aciertos. No en vano el final no se produce siempre al final, sino que capitula, ondula y frecuenta cada gesto que hacemos para testar la validez de nuestros actos y, por qué no, la posibilidad de seguir existiendo. Todo principio busca un final -menos en Beckett. Y en cierta forma, todo texto que se inicia va en busca de su propio final. No tiene que conservar una estructura determinada y puede incluso finalizar en el mismo punto que se inició, pero el texto avanza irremediablemente hacia un final –hacia esas últimas palabras que acompañan el desenlace de la historia y que muchas veces por precipitación parece más un ringorrango que un verdadero final, con el permiso de Amos Oz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me había propuesto escribir un final alegre y tintineante, lleno de destellos de humor y banderines de agradecimientos, en el cual, valiéndome de los recuerdos que se agolpan en mi cabeza pusiera orden a los años trascurridos desde mi llegada a esta Escuela; una suerte de horquilla del tiempo con cambio de siglo incluido, que me permitiría reconstruir parcialmente un pedacito de la historia profesional más hermosa que haya podido vivir. Pero rápidamente he desistido, considerando que el sesgo de mi mirada estaba más próxima al delirio melancólico que a la celebración de un adiós entre amigos, por lo que de ningún modo debía de convertir este texto en un látigo que azotase su paciencia (la de ustedes).&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;De repente me siento atenazado, no encuentro el tono para comenzar, por más que busco entre los principios que merecían una historia con un final a su mismo nivel. Todo lo que tengo no merece el tiempo ocupado en leer esta página. Y les aseguro que estas palabras que leen no se han escrito una vez, fueron las finales antes de repasar el texto que, como en un ejercicio de contorsionismo moviendo palabras y tachando frases he agrupado bisbiseándolas. A la vista del inminente final que a cada paso se me atragantaba, había optado por copiar una despedida brillante de un escritor &lt;i&gt;de verdad&lt;/i&gt;, incluso de un académico, un poco al estilo del personaje &lt;i&gt;escritor-espía-voyeur&lt;/i&gt; de Vila-Matas... Pero tampoco he querido hacerlo. Ni tengo la serenidad para ir en busca del párrafo perfecto en algún novelón de amor romántico, ese que extractado quedaría mono, incluso me daría un perfil de escritor de fugaces adioses inteligente. Un perfil tan lejos del mío propio que arrancaría carcajadas en el momento en que pretendiera acongojar los corazones... pero ahora que me doy cuenta, estas frases se parecen mucho al estilo del personaje citado de Vila-Matas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;Me proponía que este final –el que alcance como rotundo colofón de estas páginas- abriese un abismo acolchado tras su lectura que dejase al lector suspendido en algo parecido a un mullido cielo azul, una sensación de ingravidez como la que he sentido tantas veces al mirar al cielo de Menorca, tumbado en sus playas, o el de cualquier cielo azul, azul, donde uno se aleja flotando de todos los problemas arrebatado por el vértigo de la inmensa nada de color, dejándonos tragar, y mareándonos hasta el punto que si deseamos regresar, volver a sentir el cuerpo, deberemos de rebozarnos en arena para reconquistar primero nuestra propia piel. Pero de nuevo se ha frustrado. No conseguía el efecto deseado con palabras. Lo he intentado –en el suelo de la habitación están los papeles de los cientos de ensayos que no negarán mi esfuerzo, esos que no han llegado a satisfacerme aunque fui capaz de conjurar las palabras a base de acuarelas, simulando el tono, y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pensando que mi cerebro traduciría el color por un jardín de conceptos y bellas adjetivaciones así como le funciona, pensaba yo, la cabeza a los pintores.&lt;b&gt; &lt;/b&gt;Todo ha sido en vano. No consigo despegar de estas pocas frases, y empiezo a sentir como si el abismo me tragara verdaderamente, y el mullido colchón que yo creía &lt;i&gt;ver&lt;/i&gt;, sólo lo soñara, tan azul como el cielo, eso sí, con la excusa de no ver el pozo en el que me encuentro, o simplemente es que estoy con la nariz pegada a la tierra y de ahí ese olor a mohosa humedad que llevo respirando tanto tiempo... un tufo lapidario que me espanta.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;Me proponía no defraudar a quien leyese estas apuradas líneas, pero alejándome un poco de la arrogancia del que se sabe leído, he caído en la cuenta tarde, cómo no, de que el lector no siempre quiere acompañarte en el viaje emprendido. Lo que sí hace el lector es donar tiempo, cedértelo para saber si tú, el que propone un conflicto, eres capaz de llenarlo con mayor destreza y sabiduría que lo haría él mismo con sólo mirar por la ventana. La perspectiva para satisfacer esa generosa cesión se me aparece imposible, y desisto de proponer una aventura histórica por los entramados de un cuadro; muchos otros, que tan bien conozco y con los que he trabajado en esta Escuela, tienen el poder de montar fabulosos bastidores conceptuales en la urdimbre de las obras de arte y exponerlo tan sencillamente como se abren las lamas de una persiana, procurándonos una mirada nueva, hasta el punto de que soy yo quien prefiere donar mi tiempo, porque tan pobre y deshilachado capital temporal me es devuelto siempre con generosa desmesura en forma de un elegante traje que, harto de comprobarlo, no hubo vez que no me viniese grande.&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me proponía que el final fuera deslumbrante inyectándole la carga necesaria de anécdotas para darle empaque (la mayoría agrandadas por la distancia –ya se sabe que la memoria funciona al contrario que la vista), y tampoco he sabido vencer mi timidez. Lo que de verdad estoy buscando es establecer un principio, uno sólido, o al menos válido desde el que proyectar mis anhelos con distancia suficiente, y así dar con un final distinto a los finales de los libros que he leído, casi todos finales que acaban con una mirada en rededor, una elevación mística, una brisa seca que se abandona como un perfume antes de girar la última página, etc.&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este perseguido final pretendía atajar cualquier propósito aciago que forzadamente me asaltase durante su redacción. Y súbitamente lo tenía. El final perfecto con el que sueña cualquier escritor para dar inicio a su relato ¡Lo tenía! El final que hace olvidar una historia, el final de finales que irradia el brillo del éxito, lo tenía y lo estaba viendo, tan grande y luminoso como el “Toro Farnese”, incluso tenía que reprimirme para no desarrollar la cantidad de posibilidades que se abrían delante de los ojos, no fuera que un extraordinario final se trasformara en un apoteósico comienzo... Lloraba de excitación, jamás he estado tan cerca de la belleza, y era tan hermoso, tan real, bastaba encontrar esa imagen que graba la escena a fuego en la memoria cuando, por culpa de aquella maldita mariposa de vidrio amarillo de Murano que empujada por un libro mal colocado, resbaló del mueble, y cayó dentro del &lt;i&gt;Vase Savoy&lt;/i&gt; de Aalto, en inesperada y sonora explosión de color, se me borró el fantástico final que me sobrecogía y con el que ingenuamente &lt;i&gt;narciseé&lt;/i&gt; antes de atraparlo... Ahora tenía humo de nadas y un puzzle de vidrio de 3000 euros... Con furia decidí que para esta &lt;i&gt;presentación&lt;/i&gt; no deseaba tampoco un final confitado de diseño. Pisé alguna esquirla invisible, sangré un poco y sentí que expiaba la incapacidad para dar comienzo a este final que se me resistía a cada coma. Me hice un improvisado vendaje para detener la hemorragia y algo me dijo que esta presentación se me escapaba como la sangre de mi herida y que ningún vendaje valdría para detenerla ni para ocultar a los ojos de sus futuros lectores las enormes deficiencias que se levantaban ante mí como &lt;i&gt;ochomiles&lt;/i&gt; heroicos.&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He escuchado en ocasiones a presentadores (de libros o escritores), decir que “los finales no se conocen”. Y puede que tengan razón, que los finales sean ignotos, y muy pocos se atrevan a vaticinarlos, aunque es cierto, como me comentaba un conocido novelista, que los finales “son un castigo”. Carezco de la sabiduría para elegir entre construir la historia del revés o precipitarme lentamente hacía un final por exclusión. Lo que no pienso discutir con nadie es cómo se llega al final, y ni una palabra con los agoreros que identifican final y muerte, pues muchos sofocos me cuesta a diario olvidarme de dicha idea como para traerla a colación socorridamente a estas páginas finales.&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pudiera ser que los finales se acorralasen, da igual si aparecen antes de ponerse a escribir o si se trasmutan en otra cosa camino de la desembocadura de la historia... Los finales se encañonan, y enfilan el último tramo hacía su destino sin consultar su conveniencia al escritor, a pesar de que éste ponga diques salvando un momento único o sacralice una imagen simbólica que lo catapulte al limbo de los finales de autor para el resto de la eternidad; el final expulsa lentamente lo que le sobra restando tallos a la historia, conduciendo a los personajes a un estrecho canal en cuya abertura última distinguimos una luz sin color que atravesaremos solos, por la que no cabe ni un acento de la historia que acabamos de dejar finalizar, burlando a la muerte y cogiendo fuerzas para dar un salto a otro libro, o pasear en silencio.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Me proponía que este final fuera escrito, y a la vez notaba la feroz resistencia de no sustituir el maldito texto por un dibujo ¡Cuánto mejor si pudiera cambiarlo por un dibujo! Y no porque dibujando piense que puedo traducir mejor mis emociones, sino porque el dibujo, ¡me ahorraría tanto trabajo! Pues, como todos saben: un dibujo no es final de nada. ¡Ya está!, solucionado. Decido hacer un dibujo y doy por terminado este ridículo y a cada paso, malogrado texto. No cabía fallar, estaba todo preparado hasta que, de repente, recordé como un navajazo las palabras de Gustave Flaubert sobre las ilustraciones en los libros: “Mientras yo viva nunca ilustrarán mis libros, porque: hasta la más bella descripción literaria es devorada por el dibujo más pobre”. Me desinflo... Que poco duran las estratagemas con las que intento auxiliarme. Definitivamente no habrá dibujo, me digo, y agujereado como un cráter por la rabia parto en busca de otro final ahora que el iracundo de la &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: times new roman;"&gt;Bovary&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt; me cierra otra puerta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;Me proponía no dejarme arrastrar por el nihilismo alimentado de la desesperanza posmoderna que he comprobado produce tanto placer como rascar un picor eterno, y he abierto los ojos para ver si era posible un final a la medida de los hechos, fundamentado en la energía trasmitida con esta acción educativa que ha sido a los largo de seis años “Una Propuesta...”. Pero cierro los ojos con fuerza porque no soporto la idea de poner punto y final a esta aventura, y sigo buscando, lentamente, puesto que, cuánto más se prolongue mi búsqueda más tiempo tengo para que se me pasen las bocanadas de coraje que me asemejan a un besugo en las redes de un pesquero.&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me proponía, ahora sí, llegar a un final... el que fuese. Y para ello comenzaría por despojarme de prejuicios esperando que al final de este párrafo se descubriese por eliminación dicho final, el superviviente supongo, que yo desconocía por completo. Dicho esto me dejé caer por el tobogán con la única exigencia de no detenerme a modo de una suerte de eutanasia literaria: No quería un memorándum, y por supuesto tampoco una seca despedida; se acabó ir en busca de un adiós epatante como las nubes de los catecismos; quería alejarme de cualquier clase de final arborescente, ese tipo de final que ramificado al extremo nos anuncia que vendrán secuelas hasta acabar confundiendo la trama con el garabatear de la pluma y su entretenido cosquilleo entre los dedos; aparté mi vista de los finales floridos y de los demasiado minimalistas; me he negado a caer en la desdicha de un final lacrimoso, incluso del vengativo, tan de moda en la literatura articulista y para el que me faltan razones o un dedo para señalar como si fuera una recortada; me sacudí, como un perro se sacude el agua, finales que contaban cómo los perros se sacuden el agua, por parecerme que pueden acaban salpicando las páginas de una biblioteca entera; Por supuesto no admití finales que oliesen a final como carne podrida, esos que desde la página dos ya sabes cómo acabarán; di por sabido que habría finales innecesarios de los que no tendría que preocuparme por no tener que ver con lo que contaba..., aunque no he sido capaz de saber que es lo que quería contar, o es que se me acabó al principio pues desde el principio sólo me preocupaba el final; escabullí los finales paroxísticos a los que soy tan propenso; retiré los finales que acababa de puntillas y también los embellecidos artificialmente; no di una oportunidad a los que tenían intención de sobresalir del texto que le precedía; Acabé de inmediato con los finales que tenían un solo protagonista y un solo escenario; Invalidé aquellos finales –y no eran pocos-, que perseguían una intención moralizante y por si no eran bastantes, también sacudí los que jugando a fabularse en la cabeza de un alfiler pretendían de epitafio una moraleja; se fueron perdiendo los finales felices –ya lo siento-, y no porque no me gusten, sino porque me ponía triste pensar que abandonaba sin cuidado una llama de esperanza rodeada de tanto papel y tinta en estas páginas, y no me fié de que en un descuido el libro se prendiera con fuego &lt;i&gt;borgiano&lt;/i&gt;; no contemplé la posibilidad de finales concretos que tuviesen su raíz en el pasado; ni los obsesivos que dejan un rastro geométrico; tampoco los festivos ni en los que se huye a otro lugar, a otro paisaje; arrugué los finales en los que el protagonista –de haberlo-, se aleja dando la espalda a no se sabe qué; guardé en el fondo de un cajón, junto a la frustración y la pereza, los finales que otros escribirían, los sugeridos, los que había escuchado, y los que todos darían por bueno; taché los finales que pudieran recordar a finales épicos para no confundir al lector –ni a mí mismo; no quería muertos, ya he dicho, ni cadáveres, ni orquestas desafinadas e inquietantes; no supe abandonar hasta los estertores de esta cadena de negaciones los finales en technicolor llenos de adjetivaciones gratuitas como la paga de los domingos; até piedras y tiré al río los finales cargados de violencia verbal y los que como una caja fuerte custodian un secreto; me deshice de los finales que sugieren que todo ha sido un sueño y de aquellos que dejan un resquicio a la reconciliación –los primeros por ñoños, los segundos por crueles; huí de los demasiado cortos, es obvio, los telegramáticos y de los finales para iniciados; no perseguí a los finales de urgencia; ni siquiera miré los finales apuntados en mi cuaderno de finales, pues estos me suenan a voces búlgaras y he dejado de entender; nada de caóticos ni manchados de nostalgia que son la peor compañía para navegar, y que a poco que te confías, encallan sin aviso. Aligerando, aligerando, me libré de los finales improvisados o los extremadamente sesudos que siempre me recordaron a la palabra &lt;i&gt;Casaca,&lt;/i&gt;&lt;i&gt;Mmnnnn mmnnn&lt;/i&gt;..., &lt;i&gt;Mnnn&lt;/i&gt;...,&lt;i&gt; Mnnnnmmm&lt;/i&gt;... y no quería vestir de ese modo final alguno; no tuve en cuenta los finales a bayoneta y cuchillo como los que durante años me habían defendido, para eso no merecía la pena haber comenzado; no me costó despedirme de los finales que mi cabeza dictaba incansablemente, una y otra vez, una y otra vez, y para ello adormecí mi pensamiento tarareando una melodía...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;&lt;span style=""&gt;Y este no me pareció un mal final... Una melodía. Una música cualquiera, como esas que nos acompañan, ora silbando, ora cantando, pero tan inocuas que del mismo modo que llegaron se van, y para nuestro asombro, no vuelven a nosotros nunca más, se borran por entero. Hasta que un día, donada por azar, de nuevo la recuperamos aunque sólo nos sirva para olvidarnos de la amargura, sonreír un rato, o mojarnos los labios con la lengua para seguir silbando, para que otros nos escuchen, para salir de nuestro cuerpo, convertirnos en silbo, ser libres... sólo aire.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-2999841836003387012?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/2999841836003387012/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=2999841836003387012' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2999841836003387012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2999841836003387012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2009/02/normal-0-21-una-propuesta.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-6607349215153468749</id><published>2009-02-07T09:23:00.003+01:00</published><updated>2009-02-07T09:25:38.751+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255);font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;XIX.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;" &gt;Palideced verdes&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;" &gt;el blanco frío&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;" &gt;ya toca las cumbres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-6607349215153468749?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/6607349215153468749/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=6607349215153468749' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6607349215153468749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6607349215153468749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2009/02/xix.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3221408668660150376</id><published>2008-09-06T17:43:00.003+02:00</published><updated>2008-09-20T02:30:33.449+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Valle de Nara.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Los ladrillos eran tan rojos que la casa parecía brotar de una herida en el monte. La casa era grande, tan grande como diez árboles. En tiempos cupo de todo: Un caballo, seis vacas, cinco perros, siete terneros, once cabritos, palomas, conejos, corderos, cuatro niñitos, el pastor y su mujer. Pero todo aquello es historia. La miseria se había instalado en aquellos montes. La cancela del cobertizo siempre estaba abierta pues nada tenía que guardar, y la puerta chirriaba como un cerdo en matanza. Pero esta vez no había cerdos; acababan de sacrificar al último y para tener de nuevo hacía falta cambiarlos por cabras; aunque esta vez el trueque sería otro. “Dos hijos por un burro y un buey”, dijo aquel hombre, iluminado por un relámpago mientras la madre asentía con mirada ausente. Decía que a las cuatro bocas no tenía qué darles de comer, y que apenas ayudaban en la temporada de cosecha, tan escuálidos y faltos de fuerza, y que se asustaban al ver desnucar a los conejos o tronchar el cuello a las palomas. Y que el burro no le daría tanto sacrificio; y que si algún animal se ponía enfermo, lo mataba y sanseacabó. Decía que su marido nunca estaba en la casa y que ella no descansaba, que le dolían las manos de tanta tierra y agua, y que sus huesos se le movían como piedras en saco. El trato se cerró en la puerta del cobertizo, no hubo manos ni papeles aquella tarde lluviosa. Sus hijos la escucharon hundiendo sus cabecitas en el pecho lejos de la lumbre, envueltos en húmedas y malolientes pieles. A la mañana siguiente el hombre se acercaría para llevarse del ovillo que formaban a dos de los pequeños, pero esa misma mañana, la madre sacó del cajón un gran cuchillo de matarife, el mismo con el que su marido terminó con aquel otro pastor, y dicen que persiguió a los niños por la casa como si una gata se lanzase de uñas a por cuatro jilgueros en una habitación sin ventanas. No falló; acabó con todos. No hubo gritos; qué gritos caben oírse cuando se cava un túnel en el miedo con la garganta en carne viva. Ella, se ahorcó en el bosque, y las bestias se la comieron poco a poco: primero los pies, luego el resto. Del marido no se sabe nada, unos dicen que vaga loco por la montaña, otros cuentan que le han visto jugando cerca de la charca, junto al Valle de Nara, con cuatro maderitas pulidas que hace sonar entre sus dedos... Los ladrillos siguen tan rojos, y aunque los montes y el valle hoy son otros, mi padre siempre lamenta entre lágrimas no haber tenido otro buey, otro burro más, aquel día: “Era todo lo que tenía... Eran malos tiempos para todos”.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3221408668660150376?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3221408668660150376/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3221408668660150376' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3221408668660150376'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3221408668660150376'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2008/09/valle-de-nara.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5367317742556125295</id><published>2008-09-04T10:58:00.001+02:00</published><updated>2008-09-06T09:50:19.484+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;La...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Estaba entusiasmada y sonriente; feliz. No le importaba la nieve, los charcos, ni aquel frío que congelaba el aliento. Saltaba y brincaba como una potrilla recién nacida; tan desnuda como ella. En su lengua trabada una canción irreconocible macerada por los temblores. De su boca un nombre, y cada vez que lo pronunciaba, se detenía y lloraba. Ayer conocí el principio de la historia. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5367317742556125295?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5367317742556125295/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5367317742556125295' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5367317742556125295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5367317742556125295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2008/09/la.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4383172244823034468</id><published>2008-09-04T10:44:00.001+02:00</published><updated>2008-09-04T10:58:00.983+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Saluda&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Saluda al soldado que te ha liberado, saluda al alférez que lo alentó, saluda al Teniente que odiaba al Capitán amigo del Mayor que brindó con el Coronel, saluda al General de Brigada de atusado bigote que acompaña al Teniente General, saluda al General del Ejército y a su sonrisa de sastre. Saluda ahora que te estás muriendo, no vayan a pensar que eras descortés y lo tenías merecido. Saluda y aguanta..., que están mirando. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4383172244823034468?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4383172244823034468/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4383172244823034468' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4383172244823034468'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4383172244823034468'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2008/09/saluda-saluda-al-soldado-que-te-ha.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8192247136238580943</id><published>2008-06-11T23:11:00.005+02:00</published><updated>2008-06-23T22:34:19.393+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Levante&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Dejaba las manos dentro del agua porque decía sentir el frescor del mar y sus corrientes. Y esta segunda afirmación era muy cierta: podía sentir la corriente marina y descubrir en qué lugar de esta infinidad azul se pescarían los más sabrosos peces, y como vimos después, también los más asombrosos. Aquella mañana introdujo su mano en las aguas algo turbias del rompiente junto al puerto, abrió mucho los ojos y la boca, dando con ella simpáticos bocados al aire, luego, silbó como dejando escapar el aire de sus labios sin demasiadas ganas, y acto seguido predijo: "-hacia Levante". Nos sonreímos cómplices por lo inusual de la situación aunque no dudamos en zarpar con el barco en la dirección propuesta, sacudiéndonos la ansiedad que desde el principio nos auguraba el éxito del pronóstico. Pero, al poco de comenzar la prometedora jornada de pesca, algo se torció. Sin darnos cuenta, las nubes se cerraron sobre nuestras cabezas, y las aguas se oscurecieron de un color casi negro, batiéndose irrealmente y provocando el pánico entre los cinco amigos que íbamos en aquel barcucho. No dio tiempo a pensar nada más. Una montaña de agua nos barrió sin compasión de la cubierta en la que absortos por la grandeza del suceso permanecíamos paralizados; el agua nos abrazó y hundió con fuerza envueltos en espuma y miedo. La barca desapareció y todos nosotros, perecimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, pensarán ustedes, cómo es posible que yo les esté contando esta historia si, como aquellos amigos, acabé perdido para siempre en las frías aguas de este inusitado mar. Es sencillo -aunque no me atreva a explicarles cuál es el fundamento científico que me permite hablarles después de muerto-, aunque la razón quizá sea, la indignación y la sospecha de que toda aquella tragedia fue premeditada; un asesinato perpetrado sin piedad por aquel misterioso individuo que metía la mano en el agua en busca de las corrientes. Mientras nos hundíamos y el aire me iba hinchando el pecho por temor a perderlo y no quedara ni una gota de oxígeno, pude ver como aquel maldito ser se internaba en las profundidades, tranquilo, desenvolviéndose con seguridad bajo el batir de las olas, cuando, con estupefacción admiré su extraña transformación: sus piernas juntas iban formando una larga y gruesa cola de pez acabada en una hermosa y escobada media luna; su cuerpo se curvaba perdiendo los brazos y naciéndole de la espalda una cordillera de espinas y dos aletas puntiagudas, como las que debajo de su pecho empezaban a brotarle; su rostro, ahora sí, me era tan familiar que di un trago a la salada agua del mar asombrado por el parecido con el individuo siniestro que antes fue un hombre, eso parecía, y después fue un pez, o en eso se transformó. Bajo el mar la turbidez cesó y el Sol alumbraba tímido el fondo marino que nos tragaba, poco a poco, hasta irisarlo todo y llegar a sentir su calor. La última vez que miré a mi alrededor creí ver a mis cuatro amigos nadando velozmente junto al indescriptible Ser camino de la superficie. Y no me equivoqué. Lo que les ruego a ustedes, si me permiten que acabe aquí mi relato, se aproxima la noche, es que no me exijan que les cuente a que debo mis agallas, esta enorme cola de colores, y el deseo de permanecer flotado eternamente solo en estas aguas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8192247136238580943?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8192247136238580943/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8192247136238580943' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8192247136238580943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8192247136238580943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2008/06/levante-dejaba-las-manos-dentro-del.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8088492905823276886</id><published>2008-04-10T10:38:00.003+02:00</published><updated>2008-06-11T23:11:11.487+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-family:times new roman;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Eutanasia.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La lluvia amenaza el valle que a mi llegada abracé como cuna de musgo y ramas. Hoy me miro las manos, me fijo en los dedos rotos de esfuerzo y me toco el rostro intentando reconocer algún rasgo físico de aquel que fui. Me sueño, y aunque no me reconozco, mis ojos siguen llorándote recordando la tarde en que adornabas lo mucho que me amabas, como una perfecta actriz de teatro, cuando gritabas al amor con palabras que arrancaban, pretendías, la poca vida que me quedaba. Muero, y ni siquiera ahora te quiero, pero mátame antes que aparezca el odio, que hoy si muero, muero de viejo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8088492905823276886?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8088492905823276886/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8088492905823276886' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8088492905823276886'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8088492905823276886'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2008/04/eutanasia.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3499639909218449914</id><published>2008-04-10T10:30:00.003+02:00</published><updated>2008-04-10T10:35:49.750+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-family:times new roman;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Si antes de que salga...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Si antes de que salga la luna has cerrado los ojos no verás entre las copas de los árboles a los chillones murciélagos, a los aviones por sus luces, a los veloces satélites, ni las nubes iluminadas por la espalda... cosas sin importancia, me decías. Si antes de que salga el Sol no has despertado te perderás el olor del rocío, la humedad del suelo retemblando de frío, el agua sonar en el río como ropa limpia que se dobla y a lo lejos las campanas que recuerdan que hoy comienza un día, imposible de repetir mañana. Si no despiertas ni esta noche, ni luego, ni pasados tres días, será que has decidido acompañarme en este oscuro y sordo viaje; pero si no es así, si regresas a la vida, recuerda y no olvides el cariño, los besos, y el sexo de las tardes envuelto en el jersey dentro de la cartera colgada tras la puerta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3499639909218449914?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3499639909218449914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3499639909218449914' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3499639909218449914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3499639909218449914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2008/04/si-antes-de-que-salga.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3292505815016868496</id><published>2007-12-16T23:02:00.000+01:00</published><updated>2007-12-16T23:25:24.337+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;De un sueño.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Con el aire que entra por mi ventana me he fabricado un torbellino que arranca el papel de las paredes y la alfombra hace flotar como la de Aladino, y me he subido en ella, dejándome mecer por los terribles vientos, aguantando el daño con el que me golpean los libros, esquivando la lámpara que quema, y el armario abierto al infinito. Cómo me hubiera gustado naufragar encima de mi cama y ahogarme en el sueño, de no ser porque encima de esas cajas, en lo más alto junto al techo, he visto de nuevo tu fotografía, y tu recuerdo borra el aire, me seca la boca, pega las tripas y acaba con todo intento de vencer a mi mediocre fantasía.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3292505815016868496?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3292505815016868496/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3292505815016868496' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3292505815016868496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3292505815016868496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/12/de-un-sueo.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3611816340899849914</id><published>2007-09-15T01:49:00.000+02:00</published><updated>2007-09-16T11:55:30.585+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;"Parapoema".&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trato de recordar, los amaneceres al frescor del trigo en verano, los mediodías enfundados en la zamarra mientras podaba los árboles en otoño, las tardes de grisura azulada frente a la montaña nevada en invierno, y las noches deseando que se detuviera el mundo en primavera para disfrutar de cada segundo que pasabas a mi lado imaginando que el Sol nunca saldría. Permanecimos tanto tiempo juntos que sólo quedó de los días tu rostro y de tu rostro su piel en verano, sus ojos en otoño, en invierno su nariz , y su boca en primavera. Tanto es así, que ahora que ya no estás aquí el tiempo ha desaparecido; trato de recordar, sí, pero es que no te olvido. Ya ves, intenté nacer para poema y me he quedado en hojarasca.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3611816340899849914?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3611816340899849914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3611816340899849914' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3611816340899849914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3611816340899849914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/09/trato-de-recordar.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-1494012114219492706</id><published>2007-09-08T19:44:00.000+02:00</published><updated>2007-09-08T19:54:26.548+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Epitafio.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;He intentado ser toda mi vida un escritor importante al que siempre reconociesen por el estilo, ese secreto de los grandes maestros en el que cada cuadro es distinto y siempre el mismo; pensaba hasta hoy. Pero pasados los años, dolorida la espalda, piernas y manos, aturullada la cabeza de pensar en lo que perdí y atisbar el fracaso de lo que apenas elegí, clausurada mi etapa de vendedor de mangueras de riego, de guía turístico, y de insignificante escritor independiente, ya no me quedan fuerzas para luchar por nada. Y lo que es peor, estaba intentando escribir mi epitafio y componer una esquela brillante que iluminase quién fui, para que los amigos llorasen tan grave pérdida al leerla, cuando me he dado cuenta que los amigos a los que pretendía conmover me abandonaron hace años, y que al resto, los que aguantaron, los dejé por un mal verso derramado sobre un vino cualquiera y un halago rápido. Suplico entonces, a quien encuentre estas líneas, que la lápida sea blanca, sin palabras ni números que delaten mi nombre ni el día de mi muerte; que me entierren aunque sólo creí de niño; que me recen plañideras y curas tras pagarles con lo poco que tenga; que sea un día soleado -ni de invierno ni de verano (de eso ya me ocuparé yo)-, y que al fondo, en lontananza, alguien pronuncie mi nombre a los cuatro vientos, hacia las montañas... Miedo es lo único que tengo en común con el mundo, miedo de saberme acabado en cuanto ponga punto y final a este párrafo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-1494012114219492706?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/1494012114219492706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=1494012114219492706' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1494012114219492706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1494012114219492706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/09/epitafio.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5617983054814483310</id><published>2007-08-07T12:25:00.000+02:00</published><updated>2007-09-07T12:55:54.808+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);font-size:85%;" &gt;&lt;strong&gt;El tren.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Vacía quedó la estación el día que el tren hizo su última parada. Se apagaron los semáforos, los faroles del andén, las luces del vestíbulo y el cartel con el nombre del pueblo; todas a la vez, como en un belén. La tarde se echaba negra y tormentosa pero de aquella antigua estación nadie se movía. El guardavías acercándose desde la garita calándose bien su gorra, se estiró del traje azul oscuro, compuso la eterna forma con la que parecía adueñarse del espacio e hizo sonar con rabia el silbato, moviendo su mano con la banderita de arriba, a abajo. Algunos niños agradecieron aquel simulacro, y agarrados por sus chaquetillas hicieron un risueño trencito que gusaneó entre los padres y curiosos que aún quedaban en el furtivo andén. Los más jóvenes sonrieron, pero los viejos, con la mirada perdida enseñaban sus dientes entre lágrimas como el guardavías que, con la cabeza agachada, dejó caer su silbato para taparse con las manos la cara. De repente, aproximándose en la lejanía, el viento arrastraba el sonido de aquel poderoso pitido del tren de las nueve, furioso, el primero después de cien años que ya no se detendría, resonando su eco en las paredes de la estación, rebotando en nuestros pechos, a la vez que su deslumbrante faro nos enfocaba y arrojaba las sombras sobre la loma del castillo más allá del final de las vías. Nunca antes habíamos escuchado tan claramente el latigar de los raíles y el vaivén de las catenarias zumbando en la penumbra y el silencio de la noche. Mientras se acercaba el convoy con su ojo de luz, veloz, haciendo sonar su interminable alarido del adiós, algunos se levantaron de sus asientos y otros ni se movieron, como si esperasen un trueno que abriera el cielo. Pero en el instante que aquel relámpago nos zarandeó a su paso, una nube de hojas, polvo, pena y ruido nos cubrió por completo entre fogonazos de irrealidad. Apenas supimos lo que había pasado cuando vimos que el tren se alejaba zigzagueando como un hilo de oro hasta perderse en la lejanía. Fue entonces cuando comprendimos lo que sienten los muertos, los que ya no están, los que nadie espera, los invisibles a los que ya nunca recogerá ningún tren.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5617983054814483310?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5617983054814483310/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5617983054814483310' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5617983054814483310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5617983054814483310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/08/el-tren.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5383594131419585778</id><published>2007-06-22T18:27:00.000+02:00</published><updated>2007-06-22T18:47:26.668+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Suena el móvil.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El pequeño de los hermanos no dejaba de mirar por la mirilla. Suena un móvil. El mayor retorcía el pañuelo húmedo. La hermana bajaba la persiana. Suena un móvil. El recién nacido dormía junto a la cama de los padres. La sabanita caída, la mesilla volcada, suena un móvil, el edredón tapando a la madre boca abajo en la alfombra, despeinada, con los brazos abiertos, en su puño una corbata, ensangrentado su cuello, su espalda y el suelo. Suena un móvil. El pequeño da la alarma, suena el timbre, llama un vecino, el mayor tira el pañuelo, la hermana salta desde la silla, suena un móvil, la sangre de la madre en charco frente al baño, la del padre absorbida por el mantel. Suena el timbre, golpean la puerta, suena el móvil, se oye hablar a dos vecinos, el pequeño tiembla bajo la mesa, suena el timbre, el mayor mira a su padre, la hermana mete en una bolsa el cuchillo, suena un móvil, las botellas, las llaves, la cartera, un tenedor, y el móvil que su padre llevaba en la chaqueta. Suena el timbre, suena el móvil en la bolsa, el pequeño llora, el mayor mira a su padre, la hermana esconde la bolsa en la ducha, suena el timbre, suena el móvil, golpean la puerta, suena el timbre, la hermana se abraza a la madre, el recién nacido despierta, el pequeño llora, suena el móvil, suena el timbre, el vecino grita, golpea la puerta, el pequeño grita, el mayor se levanta coge al bebé en brazos, suena el móvil, la puerta, el timbre, las voces de los vecinos, el llanto del bebé, el pequeño bajo la mesa, suena el móvil, el mayor abre la puerta, manchado de sangre abraza al bebé que llora como el pequeño, como la hermana, abrazada a la madre, los vecinos se callan, se calla el móvil se calla el pequeño, la hermana y el bebé. El mayor mira al bebé sonríe y le da el chupete delicadamente para que pueda dormir. Silencio. Mucho silencio. Suena el móvil.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5383594131419585778?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5383594131419585778/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5383594131419585778' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5383594131419585778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5383594131419585778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/06/suena-el-mvil.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-7233105815306537963</id><published>2007-06-22T18:12:00.000+02:00</published><updated>2007-06-22T18:27:14.625+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Esta historia.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta historia se cuenta en cada una de las casas que se encuentran en las montañas al otro lado del pinar, pero siempre que se acaba de contar, el pinar se quema y quienes la han oído van hacia las llamas creyendo que las pueden apagar. Ninguno de los que acuden regresa jamás, ninguno, a pesar de que el pinar arde y se apaga, minutos después de comenzar. Algunos pastores de la zona relatan con temblores, como si vieran pasar a los fantasmas de los muertos en su funeral, que ninguno se detiene ante la descomunal llama y que todos van tranquilos hacia el fuego con las mangueras apagadas, algunos desnudos, sin agua, nada, incluso se sabe de algunos niños también. Los más escépticos, culpan a los molinos de viento que serpentean la montaña y al ruido que enloquece a las personas, y a las vacas y a las moscas, que dan vueltas en círculo a los troncos hasta morir agotadas. Esta versión no es la más rentable para el pueblo, por lo que todos aquellos que niegan la existencia de las llamas están internados en el hospital del pueblo sin recibir visitas, sin calefacción ni luz eléctrica, pues para iluminarse se les administran velas y antorchas, y se les deja mirar por una minúscula ventana. Sólo se les permite regresar a sus casas cuando un tribunal comprueba que ya ven las llamas; pero aquí dentro no se escuchan los molinos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-7233105815306537963?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/7233105815306537963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=7233105815306537963' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7233105815306537963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7233105815306537963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/06/esta-historia.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-2643816916653332591</id><published>2007-06-11T00:54:00.000+02:00</published><updated>2007-06-11T01:06:50.091+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Jinetas.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Parecía que los días le dolían por la profundidad de sus ojos y a cada momento ella le preguntaba: -¿Te encuentras bien?-, a lo que él siempre respondía: -¡Claro, mi amor!- Cuando al atardecer hundía su cabeza entre las manos ocultando su rostro y exhalando un suspirado lamento, ella siempre le preguntaba: -¿Te encuentras bien?, a lo que él siempre respondía: -¡Por supuesto, mi amor!- Los años no les distrajeron, a una y a otro, de sus preguntas y respuestas, y así continuaron hasta aquella mañana en la que ella le golpeó con fuerza la cabeza, él la empujó contra el fuego, ella le atravesó el estómago con el hierro, él le clavó la botella en la cara, ella le acuchilló el cuello, él le partió el brazo, ella le sacó un ojo, él patinaba en sangre, ella se murió antes, él llegó a abrir la puerta de casa... y poco más; los dos acabaron en el pasillo amontonados. Que muerte la de estos dos jóvenes desconocidos en el barrio, sin profesión ni amigos, sin hijos y sin familia, que todo el mundo ha olvidado porque nadie los identificó nunca con personas. Aún hoy en la comunidad de vecinos la historia se recuerda como un mal sueño que nunca dejó huella. –“Ahora que lo dice, sí que recuerdo algo que me contó mi Madre”-, me responde el vecino del segundo -“contaba que aquello había sido como una pelea de nutrias, como si se hubieran terminado dos jinetas a mordiscos”... “Dos jinetas a mordiscos”, resonaba en mi cabeza, “dos jinetas a mordiscos”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-2643816916653332591?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/2643816916653332591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=2643816916653332591' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2643816916653332591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2643816916653332591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/06/jinetas.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5710280243085443612</id><published>2007-06-11T00:45:00.000+02:00</published><updated>2007-10-23T18:38:04.220+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Del miedo (III).&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tenía la mirada más fría de cuantas jóvenes vinieron a la fiesta; y los labios más hermosos de cuantos había visto hasta la fecha. Tenía manos de largos dedos, casi trasparentes, y delgadas muñecas que no soportaban el peso de las pulseras. Su cuello, fino y delicado, era como una columna donde reposaba ese óvalo de adusto gesto e infinita melena; qué fuerte apretaba los dientes cuando reía, y qué figura ofrecía sentada al borde de aquel rompeolas. Cualquiera que pasara a su lado sentía algo especial, eso que se siente cuando nuestro cuerpo pasa del calor al frío en el mar. El mismo escalofrío placentero que debió de sentir cuando su novio se acercó a ella y con un brusco empujón la arrojó al agua negra y rugiente de la noche desapareciendo para siempre. Desde entonces no me baño, ni siquiera me mojo los tobillos en aquellas aguas, pues no es la primera vez que escucho a desconocidos contar que sumergidos entre las rocas, una radiante figura de mujer envuelta en cabellos dorados les cegaba, mientras aleteaba con sus manos alejándose tras una estela de triste fulgor. Los relatos difieren en los detalles menos relevantes, pero todos concuerdan en que en el momento de aparecer aquella figura, es como si el Sol estuviera bajo las aguas mientras el desértico calor que despide te confunde haciéndote respirar en las profundidades, arrancándote la vida sin dolor, para volver a la consciencia en el instante en el que como una bombilla el Sol se apaga, la oscuridad te apresa, el miedo te revienta y el frío, al fin, te paraliza.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5710280243085443612?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5710280243085443612/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5710280243085443612' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5710280243085443612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5710280243085443612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/06/del-miedo-iii.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3095083367358858211</id><published>2007-06-11T00:39:00.000+02:00</published><updated>2007-06-11T00:45:39.454+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Del miedo (II).&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pisaba cantando la nieve y el barro mientras subía a aquella casucha en lo alto del monte; contenta reía y reía, hasta veros rompiendo los huesos de aquella cabrilla. Balaba la pobre en rojo teñida, manchada de tierra, de sangre, y de piedras; reíais, reíais, con cada pedrada, en cada patada, a cada balada. La tarde rompió a lagrimas en mis ojos, y mis gritos os ahuyentaron como &lt;em&gt;quías &lt;/em&gt;de pastor, corristeis en silencio sin esperaros y sin saber si era perro, lobo, o halcón. El susto y el miedo os condujo ciegos hasta el cortado; uno, intentó atravesar de un salto aquel precipicio, el otro le siguió llenando el vacío, y sólo el último se salvó al tropezar antes de huir por el fatal acantilado. Fue entonces cuando enmudecí, tapé con ramas a la cabrilla, te recogí del suelo, y nos fuimos a casa de la mano cruzando una única vez nuestras miradas para sellar el secreto.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3095083367358858211?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3095083367358858211/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3095083367358858211' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3095083367358858211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3095083367358858211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/06/del-miedo-ii.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3811866984140660506</id><published>2007-06-11T00:32:00.000+02:00</published><updated>2007-06-11T00:39:11.218+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Recuerda.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Recuerda Cartero; no olvides mis cartas ahora que voy al cielo, pues de ellas depende el amor por el que yo muero.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3811866984140660506?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3811866984140660506/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3811866984140660506' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3811866984140660506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3811866984140660506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/06/recuerda.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-397739232621269342</id><published>2007-05-20T17:12:00.000+02:00</published><updated>2007-05-20T17:16:19.563+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;noche (II)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Siento el miedo de la noche oscura en la llanura, frente a mi ventana &lt;span style="color:#000000;"&gt;negra&lt;/span&gt; de sombra y huérfana de luna.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-397739232621269342?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/397739232621269342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=397739232621269342' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/397739232621269342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/397739232621269342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/05/noche-ii-siento-el-miedo-de-la-noche.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-869495947415687452</id><published>2007-05-20T17:04:00.000+02:00</published><updated>2007-05-20T17:11:57.110+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Juan.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Salió en busca de algunas maderas para la chimenea. El frió había sorprendido a la comarca y los hogares húmedos y vetustos que se calentaban con lo que tenían a mano, algunos con papel y cortezas, otros con tacos de leña del final del invierno. La madre de Juan con algunos trapos y petróleo. Pero el frió había comenzado pronto y la noche auguraba un duro temporal por lo que Juan se internó en el bosque cercano y recolectó las ramas grandes y gruesas, junto con monte bajo y algo de hojarasca, que seca chascaba al fuego y hacía reír a su hermano Javier. De vuelta a casa en lo alto del bosquecillo se detuvo a contemplar el atardecer que iluminaba nevada la aldea. En el centro una casilla parpadeaba en sus ventanas un tímido resplandor de templado hogar; era la casa de Juan. De repente el bosque se lleno de luciérnagas en su baile celeste y rodearon a Juan sin que éste se moviera ni siquiera las advirtiera: una, la más brillante, se posó en su frente; dos cervatillos se aproximaron por su espalda, y los pájaros trinaron en bajo, silbando flojo, para no despertar a los árboles. Juan miró alrededor y creyó estar volando, no sentía su peso ni el crujir del suelo, creyó en la felicidad, soltó las ramas, abrió sus manos, e intentó acariciar aquellos diminutos ángeles que se desvanecían. Juan estiró sus brazos en cruz levantó la mirada a la nada y su rostro se llenó con una sonrisa plácida y algo asustada, en el instante en que los ojos se llenaban de lágrimas, los cervatillos huían, y los pájaros aleteaban lentos y tristes, casi borrosos. Tumbado en el suelo, boca arriba, mirando al cielo, veía a la vez a su hermano, a su madre junto al fuego, la ventana, la casa, la aldea, la nieve, la luna, la copa de los árboles, y la cara de aquel cazador al que veía mover la boca pero no escuchaba. El silencio le dio miedo; después, oscureció.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-869495947415687452?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/869495947415687452/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=869495947415687452' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/869495947415687452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/869495947415687452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/05/juan.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4761160117099202306</id><published>2007-05-20T16:47:00.000+02:00</published><updated>2007-05-20T16:56:33.075+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;El llanto.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El llanto del niño durmió a la madre cansada de velarlo durante la noche junto al fogón de la cocina, mientras calentaba la leche al fuego donde apoyó la cabeza, y prendió. Casi no se dio cuenta hasta que su rostro ardió entre gritos de auxilio y dolor, inflamando la campana, el mantel, las cortinas y la bata mientras el niño se calmaba deslumbrado por la luz. La noticia del diario decía: “Madre e hijo calcinados mientras dormían”, la policía dijo: “-Hubo mucha suerte en el hecho de que los gritos de la mujer alertaran a los vecinos, eso ha salvado muchas vidas-&lt;/span&gt;”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4761160117099202306?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4761160117099202306/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4761160117099202306' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4761160117099202306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4761160117099202306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/05/el-llanto.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-942095238799689240</id><published>2007-05-12T16:11:00.000+02:00</published><updated>2007-05-12T16:15:48.244+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Niña.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Acude al pantano a mirarte en el agua tibia y serena tu rostro de princesa herida, ahora que la luna sale a decirte niña, que el amor que nos diste a los dos, nos mató, y ojalá nuestra sangre te manche el vestido que limpio lo planchas para ver al infante que juega al balón, antes de ir a misa, a rezar por los dos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-942095238799689240?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/942095238799689240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=942095238799689240' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/942095238799689240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/942095238799689240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/05/nia.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-7310884436346800709</id><published>2007-05-12T15:33:00.000+02:00</published><updated>2007-05-12T16:11:03.259+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;El violín.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Me dijo “Te amo” con aquellas siete notas de violín. Las oí tan claras, tan perfectas que de haber utilizado palabras no la hubiese entendido mejor. Sonaron a que todos los demás amores son incompletos; sonaron a que eran para mí. Estas notas sonaron como las gotas de lluvia al juntarse en un cristal, sonaron tan próximas que noté su calor en el oído a la vez que se me enfriaba el cuello. Aquellas notas eran éstas y todas las notas que quieren sonar a “Te amo”. Pero si las silbo me recuerdan una carga de infantería, si las canturreo suenan tiernas, bobas, idiotas, alegres, ñoñas. Mis notas, las que yo puedo crear, no son las mismas, suenan parecidas a las que recuerdo en mi cabeza pero no las oigo igual fuera de mí. Suenan, si esto es sonido, a otra cosa que parece que quiero musicar, pero no suenan a nada que se pueda completar. Aquellas notas son un fragmento sublime, único, invertebrado, solitario y, cuando yo muera, se habrán perdido y olvidado. He oído, en ocasiones, alguna de esas notas en lugares inverosímiles: en el frenazo de un autobus, en el trinar de algunos gorriones, casi siempre los de la mañana, en el despertar de un sueño, o en el pasar de las hojas de un libro. Pero ¿por qué aquel violín me dijo “Te amo”? ¿Por qué no sonaba sólo a música? Así las cosas ¿cómo, la música, haría sonar “Un ladrillo rojo de arcilla blanca, roto”? Yo estoy seguro de que ella me dijo “Te amo” con aquellas siete notas de violín, y hoy, ahora, las vuelvo a escuchar limpias, vivas, sonando a unos centímetros de mí. Falleció hace veinte años. A nadie escuché, desde entonces, tocar el violín, y bien sé que con otros instrumentos es de necios esperar a escuchar algo que decir.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-7310884436346800709?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/7310884436346800709/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=7310884436346800709' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7310884436346800709'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7310884436346800709'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/05/el-violn.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8227559257053232842</id><published>2007-05-12T15:19:00.000+02:00</published><updated>2007-05-12T15:33:20.132+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Ella.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Oí el paso de unos tacones en el patio que se perdían por la carretera que bajaba al río.&lt;br /&gt;Escuché a la lechuza avisar que la noche más oscura del año había llegado.&lt;br /&gt;Sentí como el viento feroz azotaba castaños y chopos con la intención de doblar sus espinazos hasta partirlos.&lt;br /&gt;Me sequé las gotas de lluvia que comenzaron a caer fuertemente sobre mí.&lt;br /&gt;Los relámpagos iluminaron los pasos de aquella mujer; regresaba despacio, terrorífica.&lt;br /&gt;Me coloqué frente a ella, bajo la lluvia, el viento, los rayos, y lo negro.&lt;br /&gt;Me miró a los ojos y sin detenerse atravesó mi cuerpo con una sonrisa en el rostro.&lt;br /&gt;Pude saborear sus labios, la humedad de su piel, el pararse de mi sangre, y el quebrase de mi fe.&lt;br /&gt;No me volví, supe que no había nadie detrás; como de espaldas al universo.&lt;br /&gt;Voló la lechuza y cesaron los rayos, la lluvia y el viento.&lt;br /&gt;Muchos otros de por aquí pueden contaros esta misma historia, pero ya quedamos muy pocos, sólo aquellos que hemos abandonado la idea de vernos reflejados hasta en las gotas de agua: Dicen que, si te fijas bien, si aproximas la mirada al convexo líquido, al fondo la ves llamarte.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8227559257053232842?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8227559257053232842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8227559257053232842' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8227559257053232842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8227559257053232842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/05/ella.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8223908675586631745</id><published>2007-04-28T12:53:00.000+02:00</published><updated>2007-04-29T00:18:56.098+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Junto a la hoguera.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El sol, en lo más alto del invierno, calentaba la techumbre de chapa y cartón como un fogón a punto de expirar su última llama. Los chiquillos se abrazaban en falsa pelea para darse el calorcito que a la casa le faltaba, mientras la madre suplicaba por la ventana que llegase antes la noche que el truhán de su marido. En la salita-comedor-dormitorio-cocina, nadie pide comida para que la respuesta no les pegue las tripas y seque la boca, mientras la madre confirma, que aquello que se tambalea como sombra en el horizonte es el padre de las criaturas. Azuza el fuego con prisa para que hierva el caldo y la maravilla del hirviente rojo paraliza iluminados los rostros de los pequeños, dorando la piel de la madre como si un tizón hubiese escapado de la hoguera, en el instante que la puerta se abre de una patada y aquella mole de carne y voz quebrada ciega el ocaso y espanta a garrotazos la inocencia. La noche hace tiempo que está bien entrada cuando la madre amoratada arropa a los niños junto a la estufa con tres mantitas sucias y vencidas, mientras la grande raída y oscura tapa el cuerpo del padre para que los niños no sueñen con el hacha clavada en su pecho . La noche es fría, más fría que la mañana, pero hay silencio, aunque la muerte sea el olor de la calma.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8223908675586631745?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8223908675586631745/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8223908675586631745' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8223908675586631745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8223908675586631745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/junto-al-hoguera.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-6974284228367011912</id><published>2007-04-28T12:46:00.000+02:00</published><updated>2007-04-29T00:04:19.001+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Si vas a construirte una casa recuerda:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Si no la calienta tu miedo, es muy grande.&lt;br /&gt;Si la calienta tu soberbia, es muy pequeña.&lt;br /&gt;Si la calienta tu engreimiento, debes de ampliar la pista de tenis, y pensar en un helipuerto.&lt;br /&gt;Si no la calentáis entre dos, que no siga creciendo.&lt;br /&gt;Si no la calentáis entre tres, se te olvido lo primordial: ponerle techo.&lt;br /&gt;Si se calienta sola ¿cómo sabes que existes?&lt;br /&gt;Si no la calienta tu alegría, baja los techos y oriéntala bien.&lt;br /&gt;Si no se calienta con caricias lo hará con escalofríos.&lt;br /&gt;Si se calentó en tu ausencia, huye y no vuelvas.&lt;br /&gt;Si la calienta tu vergüenza arderá tu cara pero no la hoguera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si se calienta y quema, deja que prenda.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-6974284228367011912?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/6974284228367011912/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=6974284228367011912' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6974284228367011912'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6974284228367011912'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/si-vas-construirte-una-casa-recuerda-si.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-9074966933446846611</id><published>2007-04-28T12:42:00.000+02:00</published><updated>2007-04-29T00:24:38.699+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Tardes de domingo.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Trataba de no llenarme hasta arriba los bolsillos con chucherías para no llamar la atención de la cajera que no quitaba ojo a mi amigo despojada de vergüenza, como siempre que se cruzaban en la calle en la tienda o en la escalera de su casa. La táctica era sencilla: cada uno a lo suyo, para mí los chicles para él la chica.&lt;br /&gt;A mí, la costumbre me hace elegir la izquierda, así que por ese flanco iniciaba mi personal paseo por la tienda. Mi amigo mientras, dejándose querer, ocultaba mis ansias y mi torpeza por coger todo lo que podía, pues no era yo un consumado ladronzuelo ni me atrevía a compararme con la habilidad de mi amigo en chocolates, pipas y pestiños de miel. Su destreza iba mucho más allá de los dulces fresones, los ositos de goma y las pastillas de burra, llegaba al éxtasis cuando consumaba la conquista de la jovencita de turno, que engatusada con esa mezcla de teatro, danza y palabra, le confesaba que tenía novio, pero que lo dejaría todo por irse con él; ilusas. Era en ese instante cuando su henchido ego taponaba las heridas que la culpa le había dejado por su último abandono. Nada cambiaba, salvo que en el barrio no todas las dependientas eran chicas y, poco a poco nos íbamos quedando sin tiendas y, por lo tanto, sin las tardes de los domingos y sin aquel sabor de aventura, besos y azúcar.&lt;br /&gt;Los años pasaron para los dos con distinta suerte. Yo abandoné aquel juego el día que un comerciante me atizó con un palo en las manos, mientras mi amigo, absorto, toqueteaba a su hija en la trastienda. Mi mente, concentrada en forrarse los bolsillos de la cazadora con toda clase de caramelos, había descuidado el oído y apenas me quedaba miedo para gritar “¡Corre!”, pero sin proponérmelo tuve suerte. Mi amigo vivió el paso a la edad adulta con algo más de premura, puesto que los golpes fueron acompañados de la impredecible audacia creativa de aquel hombre que lo desnudó y paseó por todo el barrio hasta llegar al portal de nuestra casa. Nunca se recuperó de tan desproporcionada humillación, puede incluso que fuese una penitencia que él mismo aceptó por el dolor que siempre pareció acompañarle tras el efímero triunfo por haber desorientado el rumbo de tantas jovencitas. Yo, poco después, cambié de barrio, él siguió en el mismo, en la misma casa, en el mismo sitio.&lt;br /&gt;Hoy no sé casi nada de mi amigo, pero de no ser por aquellos años y sus hermosos y épicos domingos nada tendría que contar hoy a mis cincuenta y seis años, pues todas las aventuras que he vivido, todos los besos que he dado, me parecen soñados. Sólo los que están bañados de azúcar se me quedaron grabados, eso, y darme cuenta en su día como la vida te ultraja y desnuda la primera vez que has amado.&lt;br /&gt;Veo, desde la acera de enfrente, las ventanas de la casa de mi amigo y acude a mi boca la saliva edulcorada como instantes antes de que aquel comerciante nos atrapara. Sube la persiana, mira a través de la ventana, se asoma, y mientras se echa la niebla en este otoño déspota, me observa ciñéndose la bata. ¿Qué tendrá el azúcar que igual que pega los dedos te pega a la infancia?&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-9074966933446846611?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/9074966933446846611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=9074966933446846611' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/9074966933446846611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/9074966933446846611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/tardes-de-domingo.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-6200583595187701354</id><published>2007-04-28T12:08:00.000+02:00</published><updated>2007-04-28T12:11:17.943+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;(II)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si pudiera, y puedo,&lt;br /&gt;maldecir cada minuto de este día.&lt;br /&gt;Si pudiera, y puedo,&lt;br /&gt;acabar con el retemblar de mis tripas, mis dientes, y mis dedos.&lt;br /&gt;Si pudiera, y puedo,&lt;br /&gt;cortar a cuchillo la violenta reacción de mis nervios.&lt;br /&gt;Si pudiera, y puedo,&lt;br /&gt;pedir perdón por arrancar a este joven de su sueño.&lt;br /&gt;Si pudiera, y puedo,&lt;br /&gt;empezar de nuevo, y devolverle al sueño,&lt;br /&gt;actuar sereno, y detener mis tripas, mis dientes, y mis dedos.&lt;br /&gt;Y amar al día que comienza.&lt;br /&gt;Si pudiera y no puedo.&lt;br /&gt;Si pudiera, y no puedo,&lt;br /&gt;traerle a la vida&lt;br /&gt;y no verle muerto,&lt;br /&gt;Si pudiera,si pudiera y no puedo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-6200583595187701354?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/6200583595187701354/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=6200583595187701354' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6200583595187701354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6200583595187701354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/ii-si-pudiera-y-puedo-maldecir-cada.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-6439903193646388842</id><published>2007-04-21T05:09:00.000+02:00</published><updated>2007-04-22T10:53:38.243+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Color: dorado memoria.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¿Por qué no? He decidido contestar todas las cartas de aquella joven novia que tuve cuando tenía catorce años. Petra no era una chica corriente. Su pelo, su infinita melena, sus ojos grandes, claros y verdes, su cuerpo de mujer con apenas quince años, y su facilidad para comunicar lo que los demás sólo podíamos sentir; y no siempre. Al menos yo nunca llegué a sentir como ella, ni siquiera sabía que existieran las chicas como Petra. En el equipo de fútbol nunca había chicas y las que había eran muy parecidas a nosotros. Chucherías, fútbol, escondite, risas, y el banco del parque hasta las dos de la mañana en verano o el portal de la casa de Juan hasta las diez en invierno. Petra nunca se quedaba con nosotros, jamás se la veía con ningún chico del barrio. Sus padres la llevaban al colegio en el coche todas las mañanas y por las tardes un autocar la traía hasta la puerta del supermercado. Allí empecé a esperarla una tarde lluviosa de marzo y no dejé de hacerlo hasta dos años después.&lt;br /&gt;La conocí en una batalla. Una batalla entre los del barrio de arriba y los del descampado. En esa batalla me hirieron, o algo parecido, un cristal golpeó mi cara en el pómulo cerca del ojo izquierdo, cerca de la nariz, cerca de la oreja y cerca de la boca, vamos, en el centro de la cara; y sin posibilidad de disimularlo. Mucha sangre, muchos gritos, un pañuelo, y su rostro tranquilizador que me acompañó hasta casa donde mi padre despertó sobresaltado de la siesta para trasladarme al hospital.&lt;br /&gt;Ninguna niña era como ella, ninguna se le parecía: se hacía su ropa, tocaba el piano, dibujaba y leía libros de sus padres que ninguno de nosotros sabíamos siquiera cómo se abrían. Yo, desde la terrible batalla, tampoco fui como los demás. La herida dejó su huella aunque no hoyó mi autoestima, más bien la estimuló, y afianzó un carácter hasta la fecha muy infantil y dependiente de los amigos y mi madre.&lt;br /&gt;Petra me escribió una carta, la primera que ninguna mujer me escribía, la primera carta que yo recibía, la primera carta que decía algo dirigido sólo a mí, a mi persona; la primera carta que había recibido algún miembro de mi familia, y que no era un crisma o un recordatorio; la primera que no era del color de las cartas; la primera que exigía de mi decisión para existir fuera de aquel sobre; la primera que tenía mi nombre y apellidos completos, y mi dirección, y una cosa que se llamaba código postal; La primera carta con palabras secretas para que yo las leyera; la primera carta, carta; la primera. La única. Nunca contesté ninguna de sus cartas, nunca. Tampoco ella me recriminó que no lo hiciese, ni se le ocurrió preguntar por ellas. Nuestras conversaciones eran sencillas, nuestros paseos los mismos: de lunes a viernes por el parque; el sábado por la lonja y la avenida; Los domingos casi nunca nos veíamos. Tardé en darme cuenta de sus intenciones. Lo hice cuando me beso rápido en los labios un día nada más bajar del autobús.&lt;br /&gt;El día siguiente fue idéntico pero sin beso, para dos días después volver a besarnos. No pensaba en otra cosa. Los besos envenenan; ni me acordaba del fútbol, ni de los amigos, ni de los sábados en casa de “Tote”, ni de mis padres, ni de cenar. Sólo existía Petra y los besos de Petra, puesto que Petra sin los besos se transformaba de golpe en uno de esos enemigos del descampado con los que me lanzaba tablas de parquet. Fue entonces, recuerdo, cuando en el colegio las mujeres se me aparecieron de la noche a la mañana, llegue a pensar que las mujeres no estudiaban en el mismo colegio que yo, y es que para los chicos como yo, las mujeres eran invisibles dentro del cole.&lt;br /&gt;El beso de Petra las había alumbrado a todas y convertido en el mejor descubrimiento desde la bicicleta. Ya no era necesario correr en el patio en persecuciones sin sentido envueltas en carcajadas y zancadillas, ahora nacían las carreras de exhibición con las que las chicas recordaban tu nombre aunque no fueras a su clase. Yo no era un atleta –no lo he sido jamás-, pero mi amigo Coro dominaba el medio fondo y había sido campeón en muchas carreras. El mejor compañero de Coro en el patio era yo. Él me enseñó como debía de respirar para no perder las energías y me entrara flato, “-Respirar es media carrera, saber hacerlo la otra media-” Y no había ninguna duda de sus palabras. Una semana después de la aparición de las chicas en mi vida, ya aguantaba veinte vueltas al patio y podía subir las escaleras hasta la clase sin cansarme, aunque sudara por los dos.&lt;br /&gt;Se acercaba la fecha de la media maratón del barrio, una de las citas anuales obligadas en el barrio y evento de categoría junto con los Carnavales y la Cabalgata de Reyes, y Coro me animó para que me apuntara; lo hice, la corrí, y llegué de los últimos. Fue inolvidable. Todos los vecinos del barrio apostados entre los coches aparcados en las aceras, en terrazas y ventanas, veían pasar a los corredores. Al pasar por delante de mi casa Petra gritó nerviosa como nunca: “-¡Adelante Claudio!-”, “-¡Vamos amor!-”. Pude ver con absoluta claridad como los vecinos buscaban entre el público el origen de aquella joven vocecilla, entre ellos mis padres que, desde nuestro pequeño balconcillo, que ellos llamaban terraza, perdieron cualquier interés en mí soberbia carrera para, sonriendo, localizar a Petra como “la chica guapa y delgada” delante del portal. Mis amigos, debido a un extraño resorte juvenil que vale tanto para vencer la vergüenza como para conquistar por la fuerza un banco en el parque, gritaron al unísono, y con ligero toque afeminado: “-¡Amor!-, -¡Corre, corre!-” “-¡Claudio tío bueno!-” “-¡Te quiero!-, -¡Guapo!-”. Detenido el tiempo, que no mi cabeza, pude escuchar también, en mi frenética carrera, las carcajadas de los vecinos ante las continuas bromas de mis amigos, pero de la mente no se me borraba la voz de Petra y su amorosa entrega. El amor era eso, y nada más que eso. Ya no cabía mas felicidad. Era el mejor corredor, iba rapidísimo, me había olvidado de respirar porque mis pies se deslizaban como por una cinta transportadora. Hasta que mi pie derecho tropezó con mi pie izquierdo y caí al suelo. Caí en el momento que giraba la calle que daba nombre al descampado. No me dolió la caída, ni el raspón en las rodillas, ni las risotadas de “los del descampado” que veían a un enemigo vencido, arrodillado junto a la valla donde ellos estaban: “-¡Torpe!-, -¡idiota!-, -¡bobo!-, -¡Pies planos!-, -¡Payo, pollo!-”. Pero nada de lo que pudieran decirme me dolía, ni cosas más fuertes que, calientes y en su territorio, los tanos del descampado sentían que me tenían que decir. Me puse en pie y andando llegué a la meta escuchando solamente en mi cabeza -!Vamos amor!-, que me repetía en los tonos más inimaginables.&lt;br /&gt;Coro, ganó otra vez. Paseamos la copa en el colegio delante de las niñas de octavo, delante del profesor de gimnasia, delante de todos, mientras, él y yo, dábamos vueltas al patio en nuestra particular preparación postmaratón. Fue entonces cuando le conté a Coro lo de Petra, y lo que me sucedió cuando pasé delante de casa, y que estaba seguro de que ella era mi amor eterno. Coro se detuvo en seco, bajó la copa a la altura de la cintura y mirándome con ojos rabiosos, muy profundamente, se alejó. No volvió a entrenarse conmigo, ni tampoco a hablarme. Petra se me acercó angelical y Coro pasó a la historia. En verdad que lo hizo: gano dos campeonatos de Europa de 1500 metros, luego tres maratones muy importantes, Londres, París, y Madrid, aunque Nueva York se le resistió siempre, a cambio allí conoció a la que ahora es su mujer.&lt;br /&gt;Todo esto lo he sabido por Antonio, el broker, que de vez en cuando me manda un correo de novedades con la vida de todos los compañeros del colegio. No conozco a nadie como él. Se las arregló para recopilar todas nuestras direcciones y puntualmente nos hace partícipes de su esquiza memoria. Nunca abandonó a ninguno de sus compañeros de colegio.&lt;br /&gt;Era muy delgado, demasiado para su edad, los compañeros le llamaban desnutrido pero él no se enfadaba; cuanta ternura. Los malos gestos aparecieron cuando la clase de quinto B inició una campaña de acoso al tirillas de Antonio. Fue entonces cuando toda la clase, todos nosotros, nos unimos para defender a Antonio de cualquier agresión; primero fueron insultos que contestábamos con indiferencia, luego pasaron a los empujones al ir al baño o se quedaba solo en el patio, y antes de que todo acabara mal asumimos el riesgo: directamente los puños. No fallan. Expulsaron tres días al Lechero, Juan, Javier, el Míguel, Carlos, Raúl, Alfonso y Petra. En la lista no estaba yo, gajes del destino, mi abuela se había puesto enferma ese mismo día, y tuve que faltar. Petra me confesó que había ocupado mi lugar; su madurez me apabulló y arrinconó la mojigatería que mi abuelo se había obstinado en borrar. Comprendí en un segundo lo que llevaba explicándome durante años...&lt;br /&gt;Al día siguiente estábamos, Antonio y yo, andando como reyes por el medio del patio para sorpresa de todos los que en ese momento estaban en el patio, hasta el mismísimo Coro dejó de entrenar ese día, esto último no lo recuerdo, pero tengo claro en mi mente el ancho pasillo y lo grande del patio cuando el tirillas y yo andábamos de una esquina a otra, sin prisas, bajo la atenta mirada de todos, incluidos los profesores. Claro, que esto hubiese sido distinto de no encontrarse al otro lado de la valla, en la calle, el Lechero, Juan, Pedro Luis, Javier, el Míguel, Carlos –siempre fumando-, Raúl, Alfonso, y la bellísima Petra. Debido a la protección y seguridad que Antonio disfrutó hasta el último día, al acabar el Colegio juró que jamás nos olvidaría, “estuviéramos donde estuviéramos” –decía-, “fuésemos quienes fuésemos”.&lt;br /&gt;Nunca se casó, su homosexualidad nos la confesó en un correo memorable, y todo su tiempo libre lo dedica a crear unos mapas vitales, “biogramas”, de todos los compañeros de curso. Éramos veintidós de los que sólo quedamos diecinueve: Navarro tuvo un accidente de moto dos años después de acabado el colegio y Salvador se enredó en una cuerda cuando intentaba saltar por la ventana de la cocina desde la casa de su vecino hasta la suya, tenía veinte años; Carmen no superó una leucemia el año pasado. No todos fuimos a su entierro, pero cuando una desgracia de estas ha sucedido la sentimos como si hubiéramos perdido a un hermano.&lt;br /&gt;Apenas recordaba a mis compañeros cuando acabé el colegio, han sido las nostálgicas y detalladas cartas de Antonio las que me han refrescado el recuerdo de todos ellos. En ocasiones he intentado no abrir las cartas que manda en papel verjurado y ocre, pero me es imposible. Con los años he necesitado conocer datos o sucesos de mis antiguos compañeros para recomponer las historias de alguno de ellos, como el día que llamé al Registro Civil haciéndome pasar por otra persona para averiguar la identidad del marido de una compañera. La fortuna, pero también la desgracia, quiso que mi llamada la atendiese Laura, una de mis mejores amigas en octavo curso, que trabajaba de funcionaria en aquellas oficinas. Laura me informó secretamente del nombre y apellidos del marido de Raquel. También me insinuó el nombre de nuestro compañero, Andrés, casado con una chica del grupo C, jefa en una comisaría.&lt;br /&gt;Le comenté a Antonio mis averiguaciones y sin su aprobación continué con el divertimento. Quería conocer el alcance de la red que habíamos creado, esa que el propio Antonio había alimentado. Por razones que desconocía Antonio no quería que usara de sus conocimientos para “jugar” como él lo llamaba y, ciertamente, yo deseaba “jugar”. Aproveché las vacaciones de verano para trazar una subred entre algunos de nosotros; un inocente juego, pensaba. El juego fue cuajando entre los compañeros, por supuesto sin contar con Antonio, ni con Estanis, que nos adoctrinaba todos los días con su filosofía para que desistiéramos de nuestra búsqueda. Multiplicamos el esfuerzo y en pocos días lo sabíamos todo de nuestro hombre. Enlazamos el collage biográfico y sentimos la fuerza de nuestra unión, a la vez que su tiranía.&lt;br /&gt;Aquel hombre no era especial, su vida carecía de acontecimientos reseñables, salvo multas impagadas y una baja por enfermedad hacía tres años. Una vida entre vidas. Aunque nada volvió a ser igual desde ese instante. Garbiñe discutió con Estanis, y éste se lo contó a Raquel. Raquel enfurecida me escribió pidiéndome toda la información sobre su marido y un -“no te atrevas a querer saber nada de mí, ni de mi familia, ni de nadie más; Imbecil”-. El juego había terminado de forma abrupta. Tenía razón.&lt;br /&gt;Siempre habíamos conocido de nuestros compañeros una sucinta biografía que Antonio elaboraba escrupulosamente sin datos escabrosos ni cuestiones que ahondaran cruelmente en las dificultades propias de nuestras circunstancias: enfermedades, cambios de trabajo, mejoras profesionales, bodas, nacimientos, comuniones, tristemente entierros, o algún encuentro de confraternización, eran la norma de sus pesquisas sobre nosotros, pero en ninguna caso los datos proporcionaban morbo o generaban angustia. Era una amable historia que tendría su final el día que, alguno de nosotros, o el mismo Antonio muriese, pues siempre reiteraba su compromiso de continuar con su particular agradecimiento “hasta el final”.&lt;br /&gt;Estoy seguro que detrás de esa búsqueda febril por nuestro presente se escondían datos invisibles para los receptores, que Antonio atesoraba y protegía sin inmiscuirse en nuestras vidas. Yo había traicionado la noble herramienta de memoria que él se afanaba en mantener siempre reluciente. Estuvimos cinco meses en crisis. Nada de cartas ni correos electrónicos. La confianza se había perdido, yo la había mancillado, y todos habíamos sentido lo poderosos que éramos con el pasado de nuestros compañeros. Me aterrorizaba.&lt;br /&gt;Eduardo ocultó la perdida de su empleo, casado y con cinco hijos, los meses que siguieron a su despido fueron fatales. Llegamos tarde; una depresión le ahorcó en el garaje de su finca. Su funeral motivó nuestro reencuentro. Nadie me culpó abiertamente. Era como si los ángeles de la guarda nos hubieran abandonado. Estanis habló por el resto y nos convenció con su idea de inutilizar la memoria de Antonio para todo aquello que fuese hostigador, policial, o gratuito, y nos convenció para que blindáramos nuestro futuro de cualquier hecho que no fuese libremente elegido, es decir: “todo lo que Antonio nos envía es Pasado” -dijo con su radiofónica voz. No en vano, él era la voz de los informativos de la cadena estatal. Antonio prosiguió su trabajo. La normalidad regresó al grupo.Coincidimos en la boda de Julia y en la presentación del libro del hijo de Luis. La próxima cita la tendremos en septiembre en la galería de Eugenio, la exposición será extraordinaria. Antonio ha inventado un programa que produce un dibujo de nuestra vida. Él introduce todos nuestros datos, sus datos, y el programa genera una imagen en tres dimensiones parecida a un paisaje rocoso lleno de colores. He visto el mío y es bellísimo mucho más bello que lo que ha sido mi vida. Los paisajes de Antonio ocupan tres metros y eso que sólo tenemos treinta y cuatro años. No se venden. Los regala. Es su forma de decirnos lo que somos y también, por qué no, si pudiera decodificar cada color o pequeño brote con los hechos que lo han propiciado, sabría leer la historia oculta de todos los demás, y también la mía. Pero el Arte hace que el retratado sea ya por siempre quien nos dice el pintor que es: la autonomía de la obra de Arte es de una arrogancia insoportable y eso de que su presencia someta a los hombres y les muestre lo que de ellos quedará, nunca he podido superarlo. Puede que no vaya esta vez, para no verme tentado ni comparado con los demás. Tengo suficiente con las cartas, pero en realidad, siento una enorme curiosidad en observar el conjunto. Me dijo Antonio que el programa era muy preciso, que los “retratos” de las mujeres eran más caóticos que los de los hombres, y que tenían campos de color continuado en mayor proporción que los varones. Me aseguró que es un fallo de ajuste, pero viendo las pruebas, creo que no es descabellado el resultado. Petra estará en la sala, merece tener la obra más hermosa. Imagino un papel inmenso de tres por cinco metros de color dorado y suaves líneas verdes junto a círculos plateados... y cartas, cientos de cartas, toda una vida por decir, que oculta acabará en el fondo de un cajón o en la hoguera una mañana.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-6439903193646388842?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/6439903193646388842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=6439903193646388842' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6439903193646388842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6439903193646388842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/color-dorado-memoria.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-192508232294213180</id><published>2007-04-21T04:50:00.000+02:00</published><updated>2007-04-21T05:09:04.558+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Una noche.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¿Cuántas veces dices que me hablaste de él?&lt;br /&gt;¿Y cuántas te dije que no lo quería saber?... ¿Cuántas?... ¡Mírame!.&lt;br /&gt;¿Cuántos días te peinabas en el ascensor, o en el cristal del autobús, o al entrar en el portal?&lt;br /&gt;¿Cómo decías que se llamaba?... ¿Cómo?&lt;br /&gt;Pero ¿aquel no era el de Inmaculada?&lt;br /&gt;¡Y tú... con él!... ¡Ese...!&lt;br /&gt;¿Y ella? ¿Y sus hijos?&lt;br /&gt;¿El amor?&lt;br /&gt;¿Qué coño hablas tú del amor?&lt;br /&gt;¡Qué nunca aprendí nada! ¿Qué...? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¡Te quise! ¡Te quiero! ¿Eso no significa nada?&lt;br /&gt;¡Ah, No!... ¿Nada?&lt;br /&gt;¡Nada...! No significa nada... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¿Nada?... nada... ¡Dios!... nada...&lt;br /&gt;... espera, para, espera... quieta... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No despiertes a Pablo... espera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Todavía tengo... lágrimas, miedo...,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;y la navaja.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-192508232294213180?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/192508232294213180/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=192508232294213180' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/192508232294213180'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/192508232294213180'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/una-noche.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-1906556079483740168</id><published>2007-04-21T04:32:00.000+02:00</published><updated>2007-04-21T04:50:51.622+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Nerea.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“-¡Tráeme las tijeras y el hilo, y dos agujas que están encima del tocador!... ¡No pierdas el tiempo leyendo esas revistas para niñas estúpidas y ponte a leer lo que te ha mandado la maestra!... ¡Y antes de venir pasa por el baño y coge del costurero el dedal y la bobina de color azul!... ¡Y no tardes, que enseguida vendrá tu padre y nos pondremos a cenar los tres!-”; calló durante unos instantes y de nuevo, elevando el tono de su voz dijo:  “-¡Si no estás ocupada riega las plantas del jardín y coloca bien las macetas de la entrada que el gato ha vuelto a tirar la arena!... ¡Y llena de agua la regadera para que no se la lleve el viento!-", cuando con voz más baja repitió: "-Para que no se la lleve... que no se la lleve-”, antes de abrirse la puerta y saludar a su marido. Desde la tumbona con un inocente gesto sonrió al estropeado pero amable rostro del hombre, acariciándole la mejilla e invitándole, antes de sentarse a la mesa, a que se diera un prolongado baño caliente. Cuando el hombre se perdió por el pasillo la mujer se levantó, sacó de detrás del cojín que tenía a su espalda la fotografía de su única hija, muerta hacía ocho años, para colgarla en la pared junto a la ventana, y sin lágrimas en los ojos dirigirse a la cocina a preparar la cena. Mientras, su marido, cabizbajo y en la habitación del fondo de la casa, susurraba: "-Te he traído esta revista, era la última, pero me han dicho que saldrá otra la semana que viene, como aquellas que...-”, “-¡Vienes!-”, gritó la mujer, “-¡Voy, sí! ¡Ya voy!-”, respondió el hombre desde la habitación, dejando la revista encima de un montón.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-1906556079483740168?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/1906556079483740168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=1906556079483740168' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1906556079483740168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1906556079483740168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/nerea.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4451850348167771354</id><published>2007-04-21T04:26:00.000+02:00</published><updated>2007-04-21T04:32:11.088+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;La niña.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De la casa de enfrente cuelgan sábanas rosas y otras verdes, sus ladrillos a soga y tizón rojos y cremas forman el dibujo de un marco Rococó, los herrajes, las ventanas, hasta las persianas de hierro son. Salvo las manitas de la niña que asoman en el balcón -el cuarto-, jugando con el aire, todo lo demás, el resto, es vulgar, sucio y gastado.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4451850348167771354?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4451850348167771354/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4451850348167771354' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4451850348167771354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4451850348167771354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/la-nia.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-2105328846553140147</id><published>2007-04-14T01:29:00.000+02:00</published><updated>2007-04-14T01:35:22.913+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;A debate.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Abandonado a su suerte, una madrugada de marzo, junto a la caseta del guarda entre la montaña y el valle, lloró la pérdida del camino, traicionado -pensaba él- por su olfato: –“¡A los perros les traiciona el olfato!”-, dijo la &lt;strong&gt;musaraña&lt;/strong&gt; abrigada por las hojas caídas del otoño; –“¡A los perros les traiciona el amor!”-, replicó jocoso el &lt;strong&gt;caballo&lt;/strong&gt; mirando de soslayo entre los maderos de la finca; –“¡A los perros siempre les traicionó el hambre!”- contestó el &lt;strong&gt;zorrillo&lt;/strong&gt; mientras husmeaba en un agujero del suelo; –“¡A los perros les traiciona el juego!”- susurró la voz de la &lt;strong&gt;ardilla&lt;/strong&gt; detrás del árbol, -“¡El juego, y la fiesta, eso les traiciona!”- gritó otra &lt;strong&gt;ardilla&lt;/strong&gt; desde la copa; –“¡A los perros les traiciona su pereza!”- musicaba con sus patas traseras la &lt;strong&gt;cigarra&lt;/strong&gt;; –“¡A los perros les traiciona su coquetería!”- cantaba el &lt;strong&gt;ruiseñor&lt;/strong&gt; anunciando, ya de paso, la mañana sobre la rama apoyada en el río; –“¡A los perros les traiciona su memoria!”- dicen que dijo el &lt;strong&gt;pececillo&lt;/strong&gt; cuando saltó en el agua; –“¡A los perros les traicionan las prisas!”- parece que apuntó aquella &lt;strong&gt;liebre&lt;/strong&gt; que escapaba del cazador; –“¡A los perros les traiciona su nervio!”- escuchó intranquilo el &lt;strong&gt;gorrión&lt;/strong&gt; decir al &lt;strong&gt;Halcón&lt;/strong&gt; mientras éste le rondaba desde lo alto del plomizo cielo; -“¡A los perros les traicionan los hombres!- balaban a lo lejos las &lt;strong&gt;ovejas&lt;/strong&gt; encerradas en el matadero; -“¡A los perros les traicionan otros perros!- ladró el &lt;strong&gt;perro&lt;/strong&gt; del alcalde; –“¡A los perros sólo les traiciona el ser perros!”- dijo por último el &lt;strong&gt;muchacho&lt;/strong&gt;: -¡A quién se le ocurre seguir los pasos de los hombres!”-.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-2105328846553140147?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/2105328846553140147/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=2105328846553140147' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2105328846553140147'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2105328846553140147'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/debate.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4945754481640542561</id><published>2007-04-14T00:23:00.000+02:00</published><updated>2007-04-14T01:01:11.255+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;De profundis.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Los libros de la estantería me susurran su nombre, una maldición que no me deja descansar desde hace semanas, o meses... estoy seguro que años si pudiera recordar mi adolescencia. No me abandona y tampoco me permite compartir su repicar con la memoria de otros... Nada recuerdo de aquel que pintaba en azules, ni el que tuvo un accidente... ni del estúpido que hablaba siempre... ni mujeres; mujeres... ninguna. Pero su nombre, una y otra vez, una y otra vez, persiguiéndome sin descanso. ¿Fui yo quien arroje a la hoguera todos sus libros? Debió de ser así... creo. Ya casi no recuerdo, no recuerdo nada, eso me preocupa pero no me alarma. Bueno me alarma pero no me detiene. No me detiene aunque no sé hacía donde tengo que dirigirme. Camino sin saber hacía dónde... como el destino... creo. Observo los escaparates, sonrío a las amables personas que me saludan aunque yo no recuerdo sus nombres. No recuerdo sus nombres pero me llaman artista -“¡Artista!”- ha gritado alguno desde la otra acera... Imbecil. Responder al teléfono ya no lo hago, no conozco quién llama; no confío en nadie. Paseo sin saber cómo encuentro de nuevo mi casa, mi habitación. Se lo debo todo a mi perro. El único. Mi perro... se llama... da igual... una mañana ya no me acordaré y le llamaré... cómo le llamaré... ¡Bah!... ¿Cómo le habré llamado hoy? ¿Cómo te he llamado hoy? ¿Cómo te llamabas?... Mi hija me trae la comida. Ella dice que estoy bien para mis años... no sé tampoco mis años. Mi hija no viene siempre... o yo no la veo. ¿Cómo te he llamado hoy?... Mi hija se parece a su madre. Mi hija fue hija única... Otra vez ese nombre, otra vez ese dichoso nombre. Tanto tiempo en la cabeza me habrá hecho daño. Me duele pensar en su nombre pero fue grande, el más grande de entre todos los pintores. Sabía qué era la Pintura. No recuerdo mis cuadros... pero los suyos los tengo grabados en la cabeza... Los míos casi los he... yo pinté hasta los... treinta y... cuarenta y... dos... Era bueno, muy bueno, yo era el mejor, el más diestro, el mejor... Era bueno; bueno y sensible, dice mi hija. El mejor. Bueno, muy bueno... Él era peor pintor, peor persona, peor en todo, y dibujaba muy mal... Dibujaba... mal; hacía dibujos vulgares. He tenido todos sus libros... Los que me regaló, sí, eso es, sí, los regalados fueron los primeros que quemé... Ven aquí ¿Cómo te he llamado hoy?... Asistí a todas sus exposiciones, allí donde se celebraran. He viajado mucho, he ido a América y a Asia... y... a... Ahora ya no pinto. Ya pinté lo mejor que tenía que pintar. Nadie lo ha superado. No conozco a nadie que pueda pintar mejor... Sólo yo podía pintar mejor que yo... pero no quise. No quiero comer más... Hoy no saldré a la calle... más. Hoy, mi hija, me ha dicho que ha muerto... que el nombre a muerto... Se ha confundido en la fecha de su muerte. Mi hija dice que murió hace treinta años: -“igual que mamá”–. Casi no recuerdo nada pero la palabra “muerto” y “treinta años”, y “mi mujer”, no se me olvidan; su nombre tampoco... aunque no lo recuerdo. ¡Muerto! ¡Treinta años... muerto! Alguien tan grande. El más grande que hemos tenido nunca. No puede ser; Imposible... Hace treinta años. ¡Dios! Lleva treinta años muerto... empiezo a recordar..., ¡Dios! Empiezo a recordar. Hace treinta años, en su taller, después de su exposición en el Museo, la grandiosa retrospectiva junto a Zurbarán, él, heredero de la tradición... él era más grande que Zurbarán... En su taller, mientras sus hijos jugaban en el piso superior, le asesté cien puñaladas con el cuchillo empastado de rascar su paleta. Cien puñaladas... ya recuerdo. Treinta años, mi hija, su hija... ya recuerdo. Recuerdo lo que pasó, recuerdo su casa y a mi mujer con él. Recuerdo mi odio, sus voces, sus cuadros... Recuerdo que ella lloraba... recuerdo sus cuadros... y que él lloraba... no, el no lloraba... y yo también lloraba, yo sí lloraba. No recuerdo ni una sola de las puñaladas... serían veinte... o una... y el asco... el asco y el miedo... y el miedo y sus cuadros. Después nada. De nuevo ese nombre en mi cabeza, ahí está, lloviendo pintura... desgastando pinceles, arañando los lienzos, pintando, siempre pintando... Que hermosos eran sus cuadros ¡Hermosos! ¡Únicos! Yo era bueno, era el mejor, todo el mundo lo decía... Si pudiera recordar los años de colegio... y después... Pinté hasta... los cincuenta... y cinco. Era el mejor. Que lástima que no recuerde mi nombre... ni el suyo... ¿y mi hija no viene hoy? Alguna vez mi hija me lo ha dicho... me llamo... empieza por T... o por S: ¿Cómo me llamo... chucho... cómo me llamo... dime?... Mierda... da igual. Otra vez el nombre ¡Ese maldito nombre! ¡Ese nombre completamente vacío para mí!  &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4945754481640542561?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4945754481640542561/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4945754481640542561' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4945754481640542561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4945754481640542561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/de-profundis.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-9161512693262919620</id><published>2007-04-13T22:57:00.000+02:00</published><updated>2007-04-14T00:23:09.777+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Luis&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aquella mañana el Padre de Luis decidió que el cumpleaños fuese distinto a todos los demás. Entre los regalos no faltaron la nueva cadena de oro, las sábanas bordadas con hilo de plata por una costurera inglesa, una opípara merienda en el templete del jardín, junto al laberinto y el caballo español, incluyendo el avioncito de metal –regalo de la hermana de diez años- y los primeros cuadernos de números que Luis no debería de tardar en rellenar, gracias a las enseñanzas de su tío Franz; su precocidad no tenía con quien compararse en toda la región. Su Padre reservó una enorme pared de la casa sólo para Luis. En ella, bajo las hermosas letras del nombre de su hijo en deslumbrantes letras de oro, escribió tres palabras, una por cada uno de los años que había cumplido hasta la fecha. Pero antes de pronunciarlas recordó que las palabras debían de resumir la existencia de Luis en ese año, así, poco a poco, la lista de palabras iría componiendo un “significativo retrato –dijo levantando la copa- elaborado por todas aquellas personas que lo amaban”.&lt;br /&gt;Dado que el Padre de Luis había estado ausente por negocios en El Salvador, cedió el honor de inaugurar tan determinante lista a su mujer, no sin maldecirse por su involuntario alejamiento con extravagante humor. La madre de Luis, describiendo con la vista un dibujo ciego entre las molduras del techo, dictó con una media sonrisa la primera palabra: “Vida”. El hijo mayor, artista de profesión, caligrafió con suma delicadeza en la pared la palabra que el Padre escuchó con los ojos cerrados, paladeando histriónicamente cada letra como si de un vino se tratara. Los aplausos de los invitados avergonzaron a la madre que agachando la cabeza ocultó la risueña boca con su pálida y enjoyada mano. Una lágrima saltó a su mejilla para algarabía de los más de cien asistentes. Manos en alto, el padre de Luis pidió silencio subido en una silla. Todos callaron. Se anunciaba la segunda palabra.&lt;br /&gt;Para sorpresa de unos pocos el padre de Luis dijo: “Puesto que el segundo año en la vida de mi hijo lo pasé en El Salvador, ultimando los negocios que me habían conducido allí, quien deberá de pronunciar la siguiente palabra es, sin duda, la persona que más tiempo pasó con mi retoño y que, por supuesto, dio buena muestra de su cariño, y amor, por mi hijo”... expectantes, todos los presentes desgranaban incrédulos la frase que acababan de escuchar sin comprenderla en su totalidad y sin encontrar la fisonomía que se ajustaba a dicha definición, aunque, no sólo yo pensábamos lo mismo sin atrevernos a imaginar que pudiera referirse a aquella persona que a cada segundo se iba haciendo más y más real. Sin duda, quien mejor había conocido a Luis aquel año tuvo que ser la mujer que le cuidaba, la enfermera de la clínica en la que estuvo ingresado seis semanas en coma, y diez meses recuperándose, posteriormente. Nunca supimos lo sucedido, o nunca lo supimos de su propia boca. Se especuló con una caída por las escaleras, se habló de una extraña enfermedad, un virus desconocido llegaron a decir, pero la verdad es que jamás supimos la razón de su gravísima enfermedad.&lt;br /&gt;Aquella mujer a la que se refería el padre de Luis se encontraba en el salón, muy próxima a los ventanales, tras los cuales, la lluviosa tarde, amorataba el paisaje. Tapada por las cabezas de otros invitados apenas se la veía. Delatada por la directa y profunda mirada del padre, la enfermera, asustada y temblorosa como si hubiera escuchado una inesperada condena, frunciéndose una amplia chaqueta alrededor de su prominente barriga de siete meses, vestida con un -impropio para la fecha, pensé-, traje verde claro a juego con un rancio pañuelo que parecía anudar su cabello a su desaparecida cintura, no podía siquiera levantar su cabeza del suelo, y mucho menos soportar la mirada de toda la concurrencia. Los invitados la miraban asombrados, y todos, sin excepción, intentaban ver en ella una enfermera, una doctora, una virgen compasiva que salvó a Luis de una muerte segura, un ángel salvador que les inspirase la misma ternura que debió de aspirar de sus dedos el enfermo infante, pero ninguno de los que allí se encontraba podía apartar sus ojos del abultamiento y la lividez de su piel, manchando así cualquier intento de consagración de aquella joven. Sólo los chisporroteantes pedazos de leña ardiendo en la chimenea se oían de un extremo a otro del salón; fuego decorativo aquella tarde de mayo, pero útil, al fin y al cabo, puesto que el frío en la mirada de aquella desencajada mujer se contagió a todos los presentes.&lt;br /&gt;El padre de Luis respiró tan profundamente que pareció hacerlo por cada uno de nosotros. La madre de Luis ahogó su llanto tras los apretados labios, cruzando la mirada con la enfermera, suplicando oxígeno una, condescendencia la otra. Cuando la quietud y el silencio nos habían convertido en estatuas de sal a la espera de una simple palabra que desentrañara el enigma para resucitarnos, una docena de jovenzuelos, amigos de mi hermana que jugaban en el porche al pilla-pilla, irrumpieron a la carrera en el salón sin advertir nuestra pose. Cada uno de ellos correteaba y chillaba entre los invitados evitando chaquetas, bolsos, mesas de copas llenas, sillas, alfombras, cortinas y, por supuesto, no ser tocados por el primo de Luis. Por alguna razón los niños se fueron calmando y bajando su voz, a la vez que miraban a la embarazada mujer temblar estrangulando su vestido con las dos manos debajo de su pecho. Aire, quería aire, suplicaba su perdón o su inmediata muerte, y se hubiera arrancado la piel de haberla encontrado. Cuando ya nada ni nadie se movía en el fantástico salón, la mujer descerrajó entre dientes como un quejido la palabra “cruel”, e inmediatamente echó a correr por el pasillo. Al verla, los niños se espantaron como gorriones y reanudaron su frenéticos correcalles, riendo y gritando todos a la vez: “Cruel, cruel”, -y otros-“crujir”, “croar”, “cruda” atravesando en su vuelo un bosque de piernas y brazos de invitados que se agitaban como peleles atacados por una ensoñación al borde del abismo. Mientras salían al porche, los alborotados niños se confundían con copas rotas, el portazo de la mujer en su huida, y los lloros de Luis en la cunita junto a su madre. El padre de Luis balbuceó su venganza con ojos de insomne extendiendo lentamente la mano hacía su hijo pintor. Tardó unos segundos en entender el mandato del padre, pero en unos segundos con un gris parduzco, y ciertos titubeos, acabaría de escribir la palabra “Cruel”, en la lista de la pared. Los invitados procuraron, unos con otros, acompañar con conversaciones intrascendentes y animosas la caligráfica escena, sin aludir, claro está, a lo vivido, para arrinconar el silencio, conociendo instantáneamente su papel en este inusitado y tragicómico vodevil.&lt;br /&gt;El padre de Luis sujetó del brazo a su desorientada mujer, instándola a sentarse en un sillón y, ahora sí, seguro de sus gestos y confiando el infortunio a su excelente educación, repartió sonrisas entre los asistentes antes de susurrarle a su hijo algo breve al oído, alejándose de la pared, pensativo, abriendo su pitillera camino de ningún lugar, solo.&lt;br /&gt;Cuarenta años después “La casona de lo alto” como se la conocía en la comarca, se había convertido en un enorme cobertizo. La hermosa verja de forja arrodillada a los pies de su muro cuarteado, ventanas desgajadas, ningún cristal, malas hierbas y zarzas. Las puertas de madera del Brasil que el abuelo de Luis mando fabricar como regalo de boda para su hijo, se apilaban carbonizadas en el centro del salón; las paredes de las habitaciones despojadas de sus exquisitas telas, recuerdo de un boyante pasado textil de la abuela de Luis, parecían haberse convertido en gigantescas colinas de piedras recorridas por heridas de hierro y humo con techos a cielo abierto; a cada paso el terror del olvido en los jirones de moqueta, molduras tronchadas, y polvo en costra. Toda la casa era irreconocible y sin embargo era la misma. Desde los hornos de pan de la cocina la perspectiva era única: El prado descendiendo entre pinos y eucaliptos y de fondo el mar siempre en calma, como todos hemos imaginado alguna vez una idílica entrada al paraíso. En el pueblo nadie recuerda que sucedió, exactamente. Una de las ancianas pretendió indicarme una humilde casa de pueblo donde podía buscar a la viuda del hermano de Luis, el pintor. No quise saberlo; no quería estar tan cerca, me repugnaba la historia que contó sobre la desgracia de aquella familia, pero la anciana no parecía mentir. No lo hizo. En el salón de la Casona acompañado rítmicamente por el eco de mis pisadas topé de frente con la pared que acabó con los sueños en letras doradas aquella tarde. Luis cumplió diecisiete años y en la pared, el pretendido “significativo retrato” confiado a las palabras, se había truncado nada más nacer.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-9161512693262919620?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/9161512693262919620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=9161512693262919620' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/9161512693262919620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/9161512693262919620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/04/luis-aquella-maana-el-padre-de-luis.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5956223320079353922</id><published>2007-03-24T18:13:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:14:52.809+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Siempre&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Siempre que tengo que decir una palabra bonita, digo siempre Luzcarina. Pero siempre que me pides una fea palabra siempre digo, siempre, Luzcarina.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5956223320079353922?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5956223320079353922/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5956223320079353922' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5956223320079353922'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5956223320079353922'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/siempre-siempre-que-tengo-que-decir-una.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5651037533694727608</id><published>2007-03-24T18:12:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:13:37.802+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Secas están.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Secas están las hojas secas del seco invierno esta primavera, y secos los ojos y las venas secas del seco odio de que están llenas.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5651037533694727608?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5651037533694727608/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5651037533694727608' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5651037533694727608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5651037533694727608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/secas-estn.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-1340867809926828806</id><published>2007-03-24T18:05:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:12:31.454+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Papá sonríe.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá mira con ojos ahogados en brillos de lágrimas. Papá relaja la mirada en las nubes de tormenta. Mamá quiere decir algo que no escucho. Papá le sujeta el cuello muy fuerte para que no se caiga. Mamá agarra las manos de Papá y da patadas al parquet como si deseara correr atravesando el suelo. Papá la mira hasta que ella se detiene. Mamá se desploma. Papá me mira. Papa viene hacia mí. Papá sonríe. Papá siempre sonríe.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-1340867809926828806?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/1340867809926828806/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=1340867809926828806' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1340867809926828806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1340867809926828806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/pap-sonre.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-3898008769174961433</id><published>2007-03-24T17:57:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:05:32.135+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;(para una copla)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Acaríciame cuando lo necesites; insúltame cuando te odies; abandóname cuando más me quieras; pero nunca le beses cuando me ames... Nunca&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-3898008769174961433?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/3898008769174961433/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=3898008769174961433' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3898008769174961433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/3898008769174961433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/para-una-copla-acarciame-cuando-lo.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8054139549475636049</id><published>2007-03-24T17:40:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:16:27.076+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Una decisión.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De los dos caminos que tenía frente a sí, debía de escoger uno y desechar otro. Pronto pensó que dejar uno de ellos le obligaba a recorrer el elegido, y que recorrer el elegido le privaba de conocer el abandonado. La opción no era fácil. Los dos caminos eran iguales: llanos, luminosos, idénticos en anchura, perfectamente floridos, e increíblemente arbolados. Las opciones no eran muchas: izquierda, o derecha. A su espalda, el punto de donde había partido aún era visible. Se apresuró a no imaginar ninguno de los dos caminos, para no entorpecer la elección. Pero ya lo había hecho. Ya sabía que la derecha era su lado natural, el que siempre elegiría sin que mediara una elección como la que en esos momentos le incomodaba. Reprimiendo el torrente de imágenes que producía la visión de aquellos caminos, el de la izquierda siempre atraía las escenas más conmovedoras, las menos habituales, incluso algunas visiones por las que hubiera en otro tiempo caminado hasta reventar. El de la derecha le ofrecía unas perspectivas menos atractivas pero también las que mejor conocía, las que le arropaban en sus decisiones. La Izquierda era el mañana, todo y nada; lo prometedor. La derecha el pasado perpetuo travestido de presente: la ropa que vestía, la piel que le rozaba, el corazón que alguna vez oía latir, y la boca enjugada en aquellas poco más de cien palabras, ya fueran para responder, o preguntar.&lt;br /&gt;Con la mirada perdida en unas insignificantes hierbas que no supo nombrar proseguía su silente digresión. Se fijó, como nunca había hecho, en que aquellas hiervas ignotas tenían las flores giradas hacía él y eran de un blanco deslumbrante, incluso a la sombra de las encinas; bellísimas -dijo su rostro. Se fijó, también, que a la derecha crecía una hierba verde y muy fina que al poco de su nacimiento se arrastraba y cruzaba temerariamente el camino. Se fijó, extrañamente, en que el Sol –él que nunca lo miraba, ni sabía sus ciclos, ni sus inclinaciones, ni su calor; sólo guiñar los ojos y arrugar el gesto cuando con la mano se tapaba de sus rayos- durante el rato que había estado allí detenido, aparecía entre los árboles de la derecha. Aquella información era la primera vez que la tenía y nada en su interior le permitía elaborar ninguna enseñanza con ella. Agachó la cabeza, se pasó la mano por la nuca, y se escurrió el pelo sin fuerza para secarse el sudor. Y ya que la mano estaba en lo alto de su cabeza pensó que al bajarla con impulsó quizá este violento gesto tirase de su cuerpo y así resolvería el dilema. Lo hizo seis, siete, hasta nueve veces, pero cuando, ciertamente, el impulso de su brazo derecho le obligaba a dar un paso en esa dirección rápidamente lo corregía con un paso hacía atrás, e intentaba lo mismo con su brazo izquierdo, contrarrestando el efecto y colocándose de nuevo en el punto de partida. Braceó al aire sin sentido durante los diez minutos siguientes, para finalizar con un exhausto grito, celebrando la liberación de aquel estúpido juego. Ahora le pesaba la cabeza y casi no sentía los brazos por los golpes que habían acompañado al infructuoso intento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De repente escuchó a los pájaros y quiso entender en su canto sabios consejos para romper su quietud. Los oyó lejos, al fondo del camino. Poco a poco fue descubriendo a los que tenía cerca y los vio volar de un árbol a otro, advirtiendo que la mayoría tenían plumajes pardos, oscuros, casi negros, y que apenas se aproximaban al suelo a comer insectos. También, que cuando alzaba los brazos todos se espantaban y que no distinguían entre caminos porque le pareció que en el aire no hay caminos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sonrió por primera vez desde la mañana. La contemplación de los pájaros se alargó durante un buen rato sin que su cabeza registrase proceso mental que tuviera por objeto a los pájaros, ni a nadie. Sólo pareció despertar cuando el sofocante calor de un Sol en lo más alto, le empujó hacia atrás y su pie derecho apoyó sobre una rama seca rompiéndola y haciéndola sonar como el día aquel cuando crepitó su clavícula. Asustado -una punzada en la frente-, moviendo el pie izquierdo con misma suerte, un escalofrío de la cabeza a los pies escuchó a sus zapatos resbalar en la arena, y a su espalda golpear al caer entre la jara reseca. Tenía la sensación de que la tierra quería tragárselo, y que empezaba a comérselo por la cabeza. Le faltaba aire. Le entró miedo, pánico, y empezó a temblar en el suelo abierto de brazos y piernas empolvando el cielo que tenía por horizonte. Al momento se detuvo. Observó como se despejaba de su vista el polvo que le ahogaba, a la vez que escuchaba desde muy lejos una voz, una voz femenina como los trinos enmudecidos de los pájaros que se alejaban y se perdían en lo más alto del cielo azulado: ni pardos, ni oscuros; todos negros. Pudo sentir como el Sol ya no le calentaba, o al menos no tanto como el líquido que se derramaba por su cara. En un instante recordó algunas palabras en boca de su padre, reconoció las hierbas que su madre plantaba en el jardín, las carcajadas de su hermana, y el camino que llevaba al mar. Pero de la pistola de su mano izquierda y la carta de su mano derecha no sabía nada, ni importaba ya.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8054139549475636049?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8054139549475636049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8054139549475636049' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8054139549475636049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8054139549475636049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/una-decisin.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-6880250468772704954</id><published>2007-03-24T17:33:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:16:05.353+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;(I)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;-“Enviaré este paquete a la oficina del alcalde”- decía mientras su voz traicionaba a su secreto.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-6880250468772704954?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/6880250468772704954/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=6880250468772704954' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6880250468772704954'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/6880250468772704954'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/i-enviar-este-paquete-la-oficina-del.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-2945182742908670574</id><published>2007-03-24T17:28:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:15:39.293+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Como los pájaros.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Deprisa. Piérdete entre los pinares. Duerme bajo el tejo en la explanada. Huye del halcón cuando ronde en círculos. Desconfía de los agujeros en la tierra, pues todos son acogedores para las ánimas, y no olvides, al amanecer, sacudirte el rocío, ocultar tu sombra, y aspirar profundamente la mañana; con cuidado, sin asustar a las briznas de hierba, y bailando al aire que gobierne. Si cumples lo aquí dicho llegarás al día siguiente y con algo de suerte, al siguiente... Despierta...&lt;br /&gt;Con todo lo que tenía para contarte sobre insectos, roedores y plantas... tuviste que golpearte contra el cristal de mi ventana; Ni el agua a cuentagotas al calor de mis manos en cuna de dedos trenzadas, ni colocarte la cabecita mirando al alba, te devolverán la vida, la alegría, ni nada. Hundo la cabeza entre mis rodillas, aunque no soy culpable de tu pérdida. He sido testigo de la mayor de las injusticias. En promesa por tu muerte esta ventana será tapiada. Ya sólo me queda la puerta de esta prisión mundana donde por fin comprendo, gracias a ti, vencejo, estos once años de vagar entre pabellones, galerías, duchas y camas. Lo hermético de este mundo... Lástima; nunca supe que el castigo era convertirme en llaga.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-2945182742908670574?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/2945182742908670574/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=2945182742908670574' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2945182742908670574'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2945182742908670574'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/como-los-pjaros.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-2440814632567861350</id><published>2007-03-16T20:28:00.001+01:00</published><updated>2008-09-04T11:20:40.170+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Algunos sonidos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;-La mano de un adulto abofeteando la cara de un recién nacido.&lt;br /&gt;-La angustia de alguien ahogándose con un pedazo de carne atravesada en la traquea.&lt;br /&gt;-Los gritos bajo el mar de alguien que no consigue emerger.&lt;br /&gt;-Los bufidos de quien busca aire entre el humo de un incendio.&lt;br /&gt;-Los intentos por escapar de un ataúd bajo tierra.&lt;br /&gt;-las voces de auxilio de los mineros atrapados en una galería derrumbada.&lt;br /&gt;-El gélido hilo de voz de quien pretende no desmayarse.&lt;br /&gt;-La piel quemándose en el fuego.&lt;br /&gt;-El chirriar de los dientes durante una embolia.&lt;br /&gt;-El golpe seco del aliento en un ataque al corazón.&lt;br /&gt;-Cortar la carne con un cuchillo.&lt;br /&gt;-Romper un hueso.&lt;br /&gt;-Desprender una uña.&lt;br /&gt;-La respiración asistida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Por lo general, y afortunadamente, jamás hemos tenido contacto con ninguno de los sonidos reseñados - nos espanta sólo intuir su proximidad. Y los casos en que los sonidos nos son familiares, escalofrían. Pero todos, y la infinita lista de los que faltan, son el mismo: la vida ha roto negociaciones con la muerte.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-2440814632567861350?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/2440814632567861350/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=2440814632567861350' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2440814632567861350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2440814632567861350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/algunos-sonidos.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-5304190987571046989</id><published>2007-03-16T19:50:00.000+01:00</published><updated>2007-03-16T20:27:57.843+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Saldos.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Biografía a disposición de nuestros clientes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;“(&lt;span style="font-size:78%;"&gt;B&lt;span &gt;reves apuntes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;) Nací en 2010. A la edad de diez años escribía poemas para mis hermanos. Cuando cumplí los doce, súbitamente, abandoné la escritura por la lectura. A los quince lo había leído todo. Uno antes de los veinte decía tener diecisiete. Hasta los treinta viví con un hombre, y tuve cuatro hijos. Antes de los cuarenta había vivido con seis más, pero se me agotaron las ganas de vivir. Hoy, con cuarenta y tres, prenderé fuego a mi casa, después de matar a mis hijos de diez, doce, quince, y diecisiete años, junto con los dos perros.”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Condiciones contractuales:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Gran despliegue informativo en diarios nacionales y extranjeros. Portada en prensa regional. Protagonista durante dos semanas en noticiarios, manifestaciones contra la abolición del subsidio familiar, y polémicas declaraciones entre instituciones de acogida y centros de salud mental. Reseñado en libros de ensayo, y diversas tesis doctorales. Nombrado por políticos y analistas en Consejo de Ministros, y ponencias. Tipificado, desde entonces, como el caso “---(&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;escriba aquí su nombre&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;)---“ Estudiado en institutos, universidades, y colectivos para la erradicación de la violencia. Apariciones en algunas videocreaciones, y usado con asiduidad por dos artistas de renombre. Texto con fotografía en anuarios del año 2053. En Internet 140.837 entradas. Publicación póstuma de los poemas de juventud con dibujos de la autora -tres reediciones-. Rodaje de dos películas y un corto basados en la historia de la mujer y ecos del primer matrimonio; una de corte más psicoanalítico con director y actores ingleses, y otra realizada por un director español y protagonizada por la estrella emergente del momento. Varios premios. Monumento en calle céntrica de su ciudad natal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Pólizas de seguros por cumplimiento íntegro de los objetivos del contrato, facturación anticipada por aval bancario o depósitos de garantía, corren todos por cuenta del cliente. Suspensión temporal o definitiva por la cesión a terceros o intercambio de identidad sujetos a la legalidad vigente y código de sustitución vital europeo. Protección confidencial de datos del contratante. Inhumación de cuerpos incluidos. Tránsitos de personalidad penados por las leyes internacionales. Borrado de recuerdos, y plus de inteligencia a partir de los veinte años. Descuentos desde los seis años. La empresa no se responsabiliza de accidentes, imponderables, abusos, violaciones, tráfico de órganos o asesinatos los primeros quince años. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt; Firma del titular ------------------------- &lt;/p&gt;&lt;p&gt;------------------- Autorización y fecha &lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-5304190987571046989?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/5304190987571046989/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=5304190987571046989' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5304190987571046989'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/5304190987571046989'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/saldos.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-1594918658873237237</id><published>2007-03-16T19:37:00.000+01:00</published><updated>2007-03-16T19:48:10.583+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Era una sombra...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Era una sombra tan densa que bien podría vestirse en un funeral.&lt;br /&gt;Era un vestido tan denso que bien podría ensombrecer un funeral.&lt;br /&gt;Era una sombra tan bien vestida que podría ensombrecer un funeral.&lt;br /&gt;Era un funeral tan denso que bien podría vestir a las sombras.&lt;br /&gt;Era tan denso que bien podría vestirse un funeral de sombras.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-1594918658873237237?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/1594918658873237237/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=1594918658873237237' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1594918658873237237'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1594918658873237237'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/era-una-sombra.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-9165155552423582213</id><published>2007-03-16T19:31:00.000+01:00</published><updated>2007-03-16T19:37:19.037+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Colores.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Los días grises y azules ya se han ido, pero aún quedan los amarillos y turquesas, los rosas, verdes, y blancos de cal, los de tus ojos marrones y los de tu voz al jadear.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-9165155552423582213?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/9165155552423582213/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=9165155552423582213' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/9165155552423582213'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/9165155552423582213'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/colores.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8882575139481645594</id><published>2007-03-10T01:21:00.000+01:00</published><updated>2007-03-10T01:42:23.952+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;El perro.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Desde el mismo día de su nacimiento aquel perro se había comportado como todos los perros que comen alimentos cocinados específicamente para su perfecta y equilibrada dieta, elaborado por un atento cocinero que se ocupa de sus cinco tomas diarias y su limpieza, además de su quincenal visita al peluquero, y las revisiones del veterinario, que acude inmediatamente cuando gimotea por un postre poco azucarado. Fantástico especimen que paseaba por la orilla de la playa y jamás por las aceras, en pose más equina que canina, y que, además, se apareaba con perritas asépticas que conocían la posición receptora más efectiva y rápida, siempre bajo la atenta mirada de unos dueños que intercambiaban sus tarjetas de visita, y cuyos rostros reflejaban la codicia ante el plan urdido para con los futuros cachorros. Todo era normal en la vida de aquel cursi animal.&lt;br /&gt;Hasta aquella mañana de Febrero en que el albañil golpeó la cañería, la cañería se rompió, y el agua caliente salió despedida en descomunal chorro hirviente directamente a los ojos de aquel perro, éste corrió escaldado, aullando de dolor como nunca se le había oído, golpeándose con los muebles, resbalando en cada esquina, chocando con todas las puertas, hasta que pudo salir de la casa donde, descompuestas sus formas a base de dar vueltas y giros retorciéndose entre espeluznantes chillos casi humanos, logró cruzar el jardín y a toda velocidad huir hacia la carretera que bordeaba el chalet, donde un frenazo y un golpe seco cortó la carrera y acallaron sus quejas. Hoy pasa el tiempo en casa sobre su capazo almohadillado de plumas, o en la sala de rehabilitación para recuperar la movilidad de una de sus patas traseras –sin pezuña-, en los brazos de la hija del dueño, auxiliado por las curas constantes de un enfermero. “Afortunadamente, -dijo el veterinario que le operó- los ojos, y por tanto la vista no han sufrido ningún daño, todo ello gracias a las lentillas de color; de no haber sido por ellas hubiéramos tenido que sacrificarle”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8882575139481645594?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8882575139481645594/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8882575139481645594' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8882575139481645594'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8882575139481645594'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/el-perro.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-2227385130305025957</id><published>2007-03-10T01:20:00.000+01:00</published><updated>2007-03-10T01:21:46.295+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Mamá.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Llueve con tanta fuerza, que la ventisca esconde la casa de al lado, la del parque de abajo y el tejado justo encima de mi cabeza. Cuando llueve con tanta fuerza el agua, orgullosa como torrente embravecido se acompasa con las voces de los niños y el picar del pedrisco en el alfeizar. Un día como este, cuenta la historia, que en la casa de la colina, la mujer del relojero agarró con una soga por el cuello a su marido y le clavo las tijeras treinta y seis veces en la cara, y una en el corazón. Dicen, también, que el hombre aún tuvo fuerzas, con el rostro borrado por la rabia de su esposa, y el resto de vida que le quedaba, para levantarse del sillón, quitarse la soga, dirigirse a la puerta de casa, abrirla de una patada, y gritar endemoniado por el dolor en el instante justo que un trueno ensordecedor bramó asustando a todo el pueblo. Cuentan que calló de bruces delante de la puerta de casa mientras el agua de la lluvia lo desangraba. Descalza, la mujer descendió lentamente caminando bajo la tormenta con aquella mirada inolvidable. Sangró tanto el desdichado que el agua se tiñó de carmín fluyendo por todas las calles desde la colina y acompañando a la mujer hasta el río. La lluvia era feroz. Cuando la mujer se internó en la espesura de los árboles del río, la tormenta cesó. La búsqueda duró varios días, sus ropas se encontraron flotando junto a la orilla pero jamás se encontró su cuerpo. Nunca en el pueblo comprendimos lo sucedido. Hoy mi hija dijo haber visto, durante la tormenta, que el agua que caía en riada por las calles tenía color rojo, como de sangre. Yo le he dicho que es por culpa del matadero que hay en lo alto de la colina, y que cuando hay matanza y coincide con lluvia, las calles tienen siempre ese color. Como sentía algo de frió fui a echar un pedazo de leña a la chimenea, al otro lado de la sala, mientras mi hija en la ventana, con voz serena, aunque algo contrariada me dijo: -“¡Mamá!, ¡Va descalza! ¡Esa mujer va descalza!, y... Mamá... esa mujer,... esa mujer, se parece a ti”&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-2227385130305025957?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/2227385130305025957/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=2227385130305025957' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2227385130305025957'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/2227385130305025957'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/mam.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4089496519546750799</id><published>2007-03-10T00:58:00.000+01:00</published><updated>2007-03-10T01:00:22.892+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Fuego.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De repente se levantó tanto humo que obligó a taparnos la boca, la nariz, los ojos; A huir. Nos detuvimos agazapándonos entre nuestros brazos buscando una bocanada de aire donde la hubiese; pero no lo había. Caíamos, chocábamos entre nosotros, unos escupían con dolor y asco el humo negro que nos inundaba la garganta, otros se desgañitaban agitando los brazos desesperadamente, algunos se golpeaban el pecho agachados y lloraban y gritaban y sacudían las piernas y las manos, antes de darse la vuelta súbitamente boca abajo y retemblar hasta detenerse. Los cuerpos caídos se pisaban sin gemir, duros como leños, tensados como cuerdas corríamos sobre ellos como por los travesaños de un puente; resbalábamos y apoyándonos en la humareda siempre encontrábamos un bulto para ponernos de pie. Los gritos eran terroríficos, el pánico nos convertía en pulgas embotadas. El humo tiene voz propia; susurra, sisea, silva, y quema justo en el instante en que el silencio de la asfixia permite saber de donde viene el fuego. Es un segundo. Lo ves. Quieres atravesarlo, saltarlo, la muerte no mata tanto como su visión, la vida nunca estuvo tan viva, la carne te crece la piel se te rompe, no sientes nada, vas hacia él y...&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4089496519546750799?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4089496519546750799/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4089496519546750799' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4089496519546750799'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4089496519546750799'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/fuego.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4684311182242518945</id><published>2007-03-10T00:56:00.000+01:00</published><updated>2007-03-10T00:58:00.455+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;libres.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ves, aquella espuma en el horizonte sobre el mar, lo ves ahora cerca de las rocas, entre las islas, junto al barco, cerca del cielo, acá y allá. Pues dicen algunos, que son los niños que se han ahogado al nadar, al alejarse de la orilla, o querer bucear; otros, a los que yo creo, faltaría más, dicen que esa espumita la producen los bracitos de los niños salpicándose su felicidad, libres al fin, por no regresar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4684311182242518945?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4684311182242518945/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4684311182242518945' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4684311182242518945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4684311182242518945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/libres.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-8898783712544700948</id><published>2007-03-10T00:22:00.000+01:00</published><updated>2007-03-10T00:56:18.053+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Aire de ceremonia.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aire de ceremonia. A través de las cortinas se oye discutir a las tres hermanas. Ella, la mayor, le dice a la mediana que no sea tonta, que dónde va; que si se cree que todos estamos siempre para lo que quiera; que cómo lo va a dejar; que si después de trece años no lo iba a intentar; que todo es mentira; que no lo creyese; que nunca la engañaría; cómo la podía engañar; que sí, que se amaron antes de conocerla a ella, muchos años atrás, y luego, nunca más; que le pregunte a él, que él se lo dirá. La mediana llora y grita sin cesar. La pequeña se quema los dedos al fumar, muerde el cigarro y mira nerviosa aquí y allá, fuera, al otro lado del ventanal. La mediana chilla descontrolada, algo rompe: un cristal. Y cae al suelo rompiendo algo más que de golpe grave asusta a la pequeña en el ventanal. A la mayor, ya no se la escucha. La mediana grita su nombre, un Dios y otro Dios, maullado, largo y gemido. La pequeña descorre el visillo y se tapa la boca, tira el cigarro e intenta saltar por el roto cristal del ancho ventanal. Ya no se oye a nadie, ni a la mayor, ni a la mediana, ni a la pequeña; sólo veo el ventanal y el visillo moverse por el aire de adelante a atrás; y las campanas de la iglesia; y a la Madre de las tres que levanta la voz queriendo encontrar a la mayor, y a la pequeña, y a la mediana. Se hace tarde, su boda va a empezar. Fuera, en el jardín, todo sigue igual: Los invitados ríen a carcajadas rodeando el coche de honor, y un perro ladra tras la verja sin correa ni dueño ni tranquilidad; veo al hijo de la mayor que pregunta a su padre dónde está mamá; y a la pequeña que corre levantándose el vestido para no tropezar; y al novio que da vuelta sobre vuelta saludando en la escalinata desde donde sonriendo ve el altar y la madre que se desmaya junto a la casa donde a la mayor no se la escuchará más; y la mediana entre sollozos y su blanco inmaculado, desordenadamente ensangrentado, sale por la puerta con la mirada perdida y algo entre las manos; y al novio temblando, y a los amigos boquiabiertos, y a los niños señalando, y el órgano de la Iglesia que comienza a tocar la marcha nupcial, y a la mayor... a la mayor, ya no se la verá jamás, mientras la pequeña huye para escapar de la verdad. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-8898783712544700948?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/8898783712544700948/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=8898783712544700948' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8898783712544700948'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/8898783712544700948'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/03/aire-de-ceremonia.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-1279899704032714636</id><published>2007-02-18T12:19:00.000+01:00</published><updated>2007-02-18T12:36:51.072+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Roble.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La pérdida de un caballo, de tú caballo, no es comparable a la muerte de ningún ser humano; es peor. El dolor, insoportable. Tras la inconsolable ausencia, tu cuerpo vuelve a ser el mismo. Las piernas se cierran, escuchas tus pisadas, el peso de su presencia ha desaparecido y de nuevo regresas a la misérrima realidad. Porque cuando se monta a caballo no se es de este mundo; se es Rey, ángel o Dios. Quien todavía no ha montado en caballo no sabe que todos los caballos son alados. Aquella mañana el aire era tibio, la luz suficiente, y la lluvia había respetado la noche. La tierra, blanda pero firme, era perfecta para pasear hasta el río. Los perros de los cazadores ladraban cerca del valle, mientras mis padres descansaban de la fiesta del día anterior. Cabalgamos junto a los viñedos hasta finalizar el camino, adentrándonos en la larga senda que acababa en el puente romano destruido por el tiempo y el olvido hace muchos siglos. “Roble”, así se llamaba, se detuvo en un cortado frente a los montes altos, donde se divisaba la gran montaña y el dibujo del río, abajo, entre los árboles, que un día ocupo este valle. Luego de respirar en aquel balcón, quisimos refrescarnos en sus aguas sin abandonar la senda, cruzándonos con otros animales que iban a beber como nosotros. En la otra orilla el cervatillo levanto su cabeza, nos miró fijamente, retrocedió unos pasos, y se adentró veloz en el bosque sin importarle el crepitar de sus pezuñas entre la maleza humedecida. También los pájaros sacudieron sus alas con más fuerza que de costumbre, alejándose del pequeño claro donde estábamos. Incluso una ardilla me golpeó la espalda impulsándose más allá de la rama que rozaba con mi cabeza. Roble, y yo, nos quedamos solos en el silencio acompasado del agua entre las piedras. Cuando se abren mucho los ojos se escucha mejor pero no se ve nada; muy cerrados o muy abiertos la ceguera es la misma. De repente, Roble se giró bruscamente y comenzó a galopar entre los árboles quebrando cuantas ramas se encontraba, hiriéndose con cortes tan profundos que mis piernas se mojaron de un líquido cálido, cosquilleante, a la vez que se teñían del rojo furioso de su descontrolado cabalgar. Aterrorizado, me caía. La silla no me sujetaba, me aferré al cuello, a sus crines, al lomo, a las destensadas bridas, a las ramas, a las hojas, al aire, nada lo detenía, cada vez más y más rápido cuanto más aumentaba la espesura del bosque. No reconocía nada, ni sabía que hacer, sólo el pánico atenazaba mis piernas a la montura, y ésta a Roble. Lloraba desconsolado, gritaba palabras de un diccionario imposible, y me sangraban las manos del ir y venir del cuero entre mis dedos, hasta que abandonamos el bosque y entre la plomiza luz y las lágrimas de mis ojos pude reconocer la balconada en la que Roble se detuvo a tomar aire. Nos acercamos tan rápido que sin pensar me solté y arrastré por el suelo, cayendo a un penacho rocoso aterrazado bajo la balconada, desde el que pude ver, antes de perder el conocimiento, como se rompían las alas de aquel hermoso caballo que giraba decompuesto cayendo al vacío. No escuché su muerte; sólo brillo. No recuerdo nada más. Aquel caballo que mi padre me regaló en la fiesta de mi décimo cumpleaños no estaba loco como le oí decir a mi tío, ni tumorado cerebral como justificaba el veterinario, aquel era un caballo alado... que un día, como todos los caballos, de un salto... se precipitan a la realidad... y nosotros con ellos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-1279899704032714636?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/1279899704032714636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=1279899704032714636' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1279899704032714636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/1279899704032714636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/02/roble.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-4604113493271225161</id><published>2007-02-18T12:16:00.000+01:00</published><updated>2007-02-18T12:19:18.058+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;El Maestro.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tocaba el cuadro con dedos temblorosos. El perfume del óleo le asqueaba tanto como lo pintado. No lloraba ni parecía querer hacerlo. Miraba fijamente un punto infinito en el color verde, de frente, de cerca, pegando la nariz a un pegotito de pintura que sobresalía en la lisura de la tela. Su tripa hinchada de años removió los colores allí donde la tripa del modelo terminaba de secarse. Sus piernas tan firmes como siempre le empujaban más y más contra el lienzo. Ninguna palabra, ningún sonido, ningún murmullo, nada. De repente un fogonazo sacudió su eco en los cristales, y el brazo derecho se alzó desperezado, como vivo, mientras el resto del cuerpo permanecía allí quieto, de pie, en la misma posición. Su mano izquierda temblorosa volvía a tocar el cuadro, su nariz se manchó de verde, su rostro también, su tripa se aplanó sobre la tripa húmeda recién pintada, sus piernas hacían crepitar a la madera, cuando su mano derecha se abrió violentamente dejando caer una pequeña pistola, en el momento que de su boca encharcada salió un silbido fino ahogado entre gárgaras. Se separó del cuadro como si éste le hubiese empujado hacia atrás y mientras caía -me contó el joven asustado que posaba-, parecía que quien caía era la propia pintura. Tumbado en el suelo permaneció varias horas hasta que el joven pudo reaccionar. En el Maestro, el rojo de la sangre y su cuerpo embadurnado por los colores habían creado su mejor obra hasta la fecha. Sólo durante aquella noche en el velatorio, pudo contemplarse tan extraordinario homenaje a la pintura; pasaron los artistas de la ciudad y muchos curiosos, y nadie dudó, por lo que he podido saber, que aquella fuese su mejor obra, como tampoco nadie preguntó nunca quién era el muerto.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-4604113493271225161?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/4604113493271225161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=4604113493271225161' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4604113493271225161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/4604113493271225161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/02/el-maestro.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-7135725581790462558</id><published>2007-02-18T11:53:00.000+01:00</published><updated>2007-02-18T11:57:06.505+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;De niño.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando cayó del tejado observó la patada marcada en la cabeza sucia de la muñeca. La sostuvo en brazos, acurrucada en su pecho, se fijó en los agujeros faltos de mechones de cabello, en el párpado que se abría hueco, y en un sólo ojo azul dentro del cual descubrió la luz del Sol atardeciendo. Sujetó la muñeca muerta en posición de ofrenda preparando la patada final. Un bracito se descolgó del cuerpo justo antes del salvaje derechazo. Cuando de nuevo cayó del tejado contempló la patada marcada en la tripa de la muñeca. La sostuvo en brazos acurrucada en su pecho fijándose en el ombligo dibujado, en su sexo huérfano de extremidades, en la sonrisa de su boca y en su párpado cerrado. Sujetó la muñeca muerta en posición de ofrenda preparando la gran patada final, otra vez. Una voz le gritó -¡A cenar!-, justo antes del torpe zurdazo. Girando en el aire le golpeó en el pecho y se le enganchó en los botones de la camisa, se asustó, las manos no acertaron, exhaló una muda vocal, tropezó, y arrancó con su pulgar el canesú deshilachado que cubrió la cabeza de la muñeca al caer al suelo, junto al pozo. Se sacudió aquel invisible roce como si una gigantesca mancha de barro seco cubriese su camisa, corrió a la casa y jadeó hasta el anochecer. Cuando se despedía de sus abuelos, desde la ventanilla del coche, quiso mirar hacia el pozo pero no se atrevió. Su Madre le sostuvo en brazos acurrucado en su pecho besándole el sucio pelo, cuando un bracito se descolgó del cuerpo mientras sus ojos entreabiertos ascendían por el sueño. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-7135725581790462558?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/7135725581790462558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=7135725581790462558' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7135725581790462558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/7135725581790462558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/02/de-nio.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-117058623024855371</id><published>2007-02-04T11:42:00.000+01:00</published><updated>2007-02-04T21:13:11.326+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Ultramar.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Los cuentos que tienen de protagonista la Mar siempre requieren de una experiencia marinera previa de la que yo carezco. Esa sería la razón de porqué mis cuentos siempre tienen que ver con las orillas, los puertos, los puentes sobre las aguas, o las arenas de las playas. A veces lo más hermoso se da en estos escenarios, tanto como generalmente los finales más emocionantes requieren del azul infinito del océano y su impía monstruosidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Obligado por mi confesada carencia, me veo obligado a centrarme en el caso de aquel joven, que impulsado por sus sueños de aventura y heroicidad, cada mañana se acercaba al puerto esperando un barco que le quisiera enrolar en su tripulación con destino a ultramar. Aquel era el lugar donde él pensaba que se debía de encontrar la justificación del universo y por ende del ser humano; y de todo lo que en la tierra existía. Su convicción superaba en mucho a los intentos por persuadirle que el padre ponía en práctica a diario. No había mañana, tarde o noche, en la que el padre no relatara un sinfín de tragedias sucedidas en el mar, para que su hijo desistiese en sus intenciones. Pero ni la pérdida de sus abuelos en temporales recientes le hicieron cambiar de idea. Allí, en el puerto, casi un niño, abordaba a cada uno de los barcos que se amarraba a puerto y les contaba sus sueños a la tripulación. Nadie parecía dar importancia a lo que decía y más de un marinero irrumpía en carcajadas antes de despacharle regalándole alguna captura o golpeándole en el hombro admirando su valentía. La colección de objetos que recogía en cada visita a los barcos hubiese bastado para hacer un gran museo de las maravillas del mar: fauces de tiburones, aletas y espinas de especies extintas, arpones, anzuelos, cebos, etc. Pero cada día que pasaba su sueño se le iba haciendo más y más grande, y más y más necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían transcurrido seis meses y apenas comía; se pasaba el día en el puerto. Incluso, dejó de hablar con los marineros para solamente circunscribir sus explicaciones a los patrones y capitanes de los navíos. Pero ellos tampoco fueron más condescendientes que sus subordinados; más bien, todo lo contrario. El joven desesperaba ante las adversidades como si su empresa tuviese fecha de caducidad. Fue entonces, una noche sin luna, cuando se encontró con la solución que buscaba. Tal era su obsesión que se lanzó al mar sobre una pobre barquilla que agonizaba en el embarcadero desde hacía tiempo; podrida y humedecida, encharcada por las últimas lluvias, su dueño la había dado por perdida el invierno anterior, abandonándola en las proximidades del puerto de recreo. Aquel pecio inservible, ese montón de maderas ahuecadas, le parecieron al joven suficiente Carabela para emprender su viaje. Dos viejos remos y una mochila con comida eran todo su equipaje. La noche fría, y la poca visibilidad en aquella oscuridad, no le debieron de parecer demasiados obstáculos para zarpar. Cuando ya no alcanzaban las tenues luces del puerto para verlo alejarse, me las arreglaba para imaginarlo remando y remando, con tanta furia que el pútrido barquillo avanzó por las aguas como nunca lo había hecho, tan veloz que se diría que iba remolcado a lomos de una ballena. La noche se hizo a cada segundo más inhóspita y el silencio lo inundó todo antes de perder de vista al joven, al pecio, y la esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al amanecer el rumor se había corrido por el pueblo y todos se acercaron al puerto para comprobar que la hazaña era cierta; que aquel joven había cogido la vieja barca del muelle, y se había hecho a la mar. Las rocas del rompeolas, el muelle, las orillas de las playas cercanas, los paseos, y el pequeño puente que comunicaba la ría estaban atestadas de curiosos y vecinos que se agolpaban para ser los primeros en contar lo que viesen sus ojos cuando la bruma de la mañana despejara. Cuando esto sucedió y la neblina de la entrada al puerto hubo levantado, todos pudieron observar con estupor, a la mísera embarcación flotando semihundida con los remos en cruz, y una mochila. Ni siquiera el padre del joven pronunció palabra porque sabía, conociendo a su hijo, que había seguido su camino a nado, poniendo en práctica la máxima que le repitió durante años: “hijo, a veces un sueño, merece la vida”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca apareció el joven, ni su cuerpo, ni nada que el mar trajese de vuelta, un jirón de camisa, un zapato... nada. Pero se cuenta que su padre ha vuelto a sonreír, que es muy feliz, y que tiene pensado viajar lejos, muy lejos, para reunirse con su hijo, dicen. Y en el pueblo todos somos muy escépticos, pero si el que lo cuenta es el cartero no encontramos ninguna razón para dudar. Por si acaso, ya estamos preparando un bando, y un monumento con su estatua, y con ayuda del padre hemos borrado la fecha de la muerte en la lápida del cementerio, y hemos reparado la barcucha para amarrarla a puerto de nuevo por si a alguno de nuestros hijos, en el futuro...&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-117058623024855371?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/117058623024855371/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=117058623024855371' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058623024855371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058623024855371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/02/ultramar.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-117058571263235832</id><published>2007-02-04T11:35:00.000+01:00</published><updated>2007-02-04T11:41:52.633+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Cuéntame un cuento...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuéntame un cuento donde no haya días nublados, donde los árboles no hablen ni se giren a mi paso, donde los animales se comporten como tales, y en el que mi abuela no sea una bruja y mi madre quiera matarme. Cuéntame un cuento en el que yo no tenga que volar sobre el mar ni caerme por una montaña, ni buscar el oro en el río, ni la copa de agua, ni el saquito de semillas, ni el trocito de tarta, ni una rata venga para comerme hasta el borde de mi falda. Cuéntame un cuento donde no haya piratas, castillos, ni fantasmas. Cuéntame un cuento donde no haya un dragón que escupa fuego, una bomba que estalle, ni un sombrero en una cabeza cortada. Ni me cuentes Papá el cuento aquel de la niña que se llamaba Ana, a la que le cambió la vida de huérfana a princesa por besar una rana. No me cuentes un cuento que empiece por Érase, ni que acabe terminado con la F de Fin. No me cuentes un cuento de un fuego que anda, de una cuerda que se anuda ni de una habichuela mágica. No me gustan los soldados ni de plomo, ni de barro, ni me gustan las familias que saltan por las ventanas. No me gustan las sombras, ni la luz que deslumbra, ni me gusta que la luz se apague ni que permanezca encendida. No quiero que un Rey aparezca, ni una prole de ciervos que ríen, o una manada de leones que lloran. No me cuentes aquellos que tu madre te contaba. Cuéntame un cuento en el que no llame el viento a la puerta, ni la lluvia lo inunde todo, ni que exista una cueva con lobos donde resguardarnos del diluvio, del huracán, del miedo y los rayos. No me cuentes que estás cansado, que ya no te sabes ninguno, que no te quedan historias ni ánimo en los bolsillos. Cuéntame un cuento donde no se encuentren respuestas, donde no haya pistas, donde jamás haya muertos, donde nunca pase nada, donde no se acabe en moraleja. Cuéntame esta noche un cuento que no haya escuchado nunca, que me suene a primera vez. Cuéntamelo en chino, en ruso o en polaco; Y cántamelo, para que nunca se me olvide.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-117058571263235832?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/117058571263235832/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=117058571263235832' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058571263235832'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058571263235832'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/02/cuntame-un-cuento.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-117058529547357014</id><published>2007-02-04T11:20:00.000+01:00</published><updated>2007-02-04T11:34:55.496+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Un día de playa&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Con sus gafillas de buceo permaneció en el agua todas las horas del día que van de la mañana a la tarde. Cuando el Sol se ocultaba detrás de los agostados chaparrales la madre le invitó a salir para secarse y emprender el regreso a casa. El pequeño no oponía ninguna resistencia para salir del agua, pero en ningún instante pareció hacer ademán de acercarse a la orilla. Como quiera que la madre había recogido casi todos los bártulos y se disponía a cambiar el bañador por otra prenda más cómoda, el Sol había perdido toda su fuerza, y en la playa sólo a lo lejos quedaban unos jóvenes con intención de acampar toda la noche, la madre volvió a insistir en que el chiquillo saliera del mar para volver a casa. El niño se había quitado las gafitas de buceo que cambiaban de posición con cada ola que llegaba a la orilla. La madre se agachó a recogerlas y volvió a recordar al niño que saliera, esta vez, -“¡Inmediatamente del agua!”-. Su tono se endureció de repente como se endurece el tono de los adultos cuando desesperan ante la obscena exhibición de libertad de los niños. Aunque elevó la voz, el niño permanecía dentro del mar con el cuerpo hundido hasta la nariz, dejando fuera del agua únicamente los ojos y el resto su cabecita con el pelo brillante y húmedo. La madre hizo gestos que denotaban el nerviosismo al que había llegando por la tardanza en obedecer del pequeño, pero éste permanecía en el mismo lugar y en la misma posición que hacía muchos minutos. La madre no pudo reprimir su enfado y tiró al suelo las gafas y el bolso que colgaba de su hombro derecho. Vestida se arrancó los zapatos con furia y metió los pies en el mar amagando ir a la caza del pequeño, pero nada perturbaba la mirada por encima de las aguas del niño. Ya le llegaba a la madre el agua por las rodillas cuando al remangarse el vestido para no mojarlo pudo observar más de cerca aquellos ojos que la miraban fijamente -cayó en la cuenta-, muchos minutos atrás. Su mirada se clavó en los ojos del niño y por un momento el agua la notó congelada antes incluso de que un escalofrió la recorriera todo el cuerpo y la dejara espantada y sin aliento. Los ojos del niño apenas se movían, pero estaban abiertos de manera sobrenatural. Grandes y mirando fijamente a la madre, hacían que el niño tuviera un gesto aterrador, las aguas se habían detenido, la marea cesado, y el oleaje reducido a un lento ir y venir sin fuerza, ni espuma, transformando el mar en una perezosa manta verdosa. Temblorosa y muda, la madre alargó su mano petrificada y blanquecina en dirección a donde se encontraban aquellos enormes ojos, pues, ahora ya, eran los ojos lo único que ella veía, a pesar de que su hijo se encontraba todavía alejado lo suficiente para no poder tocarlo. De repente, aquella cabeza sumergida de la que sólo se veían unos ojos de carbón hirviendo, se movió a una endiablada velocidad zigzagueando hacía la madre. Un grito terrible salió de la garganta de la mujer que echándose hacía atrás tropezó, cayó, y empapó todo el vestido, mientras intentaba infructuosamente levantarse para seguir retrocediendo entre grotescos chapoteos. Los jóvenes, cuando vieron y escucharon como la mujer se arrastraba torpemente entre gritos hacia la orilla acudieron corriendo en su ayuda. Al llegar, los sollozos de la mujer no la permitían pronunciar ni una palabra hasta que uno de los jóvenes al mirar al mar observó la cabecita de lo que parecía un niño sumergido hasta la nariz y unos ojos grandes como sin párpados que le miraban fijamente. Todos permanecían absortos ante lo que no comprendían mientras aquellos ojos les inquietaban más de lo debido. Uno de ellos intentó entrar en el mar pero cuando ponía los pies cerca de la orilla, se le hundían como en si fueran arenas movedizas. Otro, lanzó con intención de dar y asustar a aquella criatura, una piedra que encontró en la playa, pero en el momento que la piedra iba a impactar en la cabecita del niño las aguas se elevaron para atraparla y volver a calmarse ante la atónita mirada de todos ellos, y el estupor de la madre que no podía separar las manos de su boca con gesto de perplejidad. Un nuevo zig-zag alejó a aquellos ojos de la orilla, y otro zig-zag más, le llevó donde sólo se percibía un bulto que en pocos segundos, desapareció bajo las aguas, para siempre. La madre no pudo gritar y el dolor la sumió en un largo desmayo. A día de hoy el cuerpo del niño no ha sido encontrado, ni tampoco se ha registrado ningún episodio de estas características en la costa norte ni en ninguna otra de la isla y dicen, los que han investigado este fenómeno, que en ninguna del mundo entero. Nadie en la población pesquera próxima a la playa donde sucedieron los hechos recuerda nada igual, pero se cuenta que desde ese día la pesca ha descendido bruscamente, y que sus redes aparecen frecuentemente agujereadas; y también, comentan las mujeres del pueblo, el Sol siempre que se esconde por el pequeño chaparral de la playa torna de irisaciones desconocidas la superficie del mar que parece dividirse en dos grandes cuevas oscuras y profundas... algunos ya han bautizado a ese fenómeno como el atardecer del Diablo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-117058529547357014?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/117058529547357014/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=117058529547357014' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058529547357014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058529547357014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/02/un-da-de-playa-con-sus-gafillas-de.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-117058403025715635</id><published>2007-02-04T11:13:00.000+01:00</published><updated>2007-02-04T11:20:22.416+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Árbol &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A veces escruto los ojos de los otros a la espera de que su reacción sea la mía y temblar de susto o de alegría si se dan cuenta de quién soy, o simplemente si les irrito y me empujan, me escupen o me insultan; pero nada. Desde hace quince años el cosquilleo de los insectos es lo más parecido a las caricias mientras el viento, si sopla fuerte, mece las hojas de mis ramas intentando arrancarme la tristeza para que sepa vivir como árbol de pradera ¿Es qué nadie se da cuenta de que donde yo quiero estar es andando por la carretera?. Nada de preámbulos, nada de historias. Y olvidarme de estas piedras, de estas lunas, de la soledad entera; de estos pájaros que llenan de piares mi sesera; de las máquinas de cosechar y de las sombras de las nubes cuando en sus adioses reflejan otros continentes al pasar. Para al fin girarme, y dar la espalda a la encina que me abandonó cuando más la amaba... ¡Cuánto la quiero! Grito ahora que los dientes de la sierra se me clavan en el ombligo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-117058403025715635?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/117058403025715635/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=117058403025715635' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058403025715635'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/117058403025715635'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/02/rbol-veces-escruto-los-ojos-de-los.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116819383983749788</id><published>2007-01-07T19:10:00.000+01:00</published><updated>2007-01-07T19:17:19.840+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Mensaje&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A un improvisado puerto en el que tres pútridos barcuchos destartalados atracaban a diario, fue a parar una botella que golpeó, arrastrada por el oleaje, el casco del primero de éstos. Su pescador recogió la botella y sacó un limpio papel algo mojado que llevaba escrito el mensaje que ahora os leo: “&lt;em&gt;¡A quien la encuentre! Estoy atrapado en una isla de cualquier lugar. Llegué tras el naufragio de mi vida sentimental y no paro de recordar el amor que hoy me tiene aquí atado, más que nunca, a mi recuerdo. No pido ayuda. No espero que nadie me encuentre, sólo deseaba tu lectura; y si mi caso es el tuyo, no huyas, pues existe peor solución que&lt;/em&gt; [...ilegible...] &lt;em&gt;Sé qué sucederá conmigo, poco me importa. (Valerio)&lt;/em&gt;” El pescador introdujo delicadamente el papel en la botella, la tapó con el corcho, y la escondió bajo las hojas de la palmera que cubrían su encharcada barquita, después miró a su derecha y le preguntó al segundo pescador: “Antonio, ¿Saldrás hoy a pescar?” Y éste respondió, ocultando la cara tras sus manos “... más tarde... No confío en las aguas... parecen revueltas”. Por encima de Antonio asomaba el tercer pescador, leyendo las olas, taciturno, acunado en su perdedor pecio, a quien también preguntó: “Valerio, ¿Saldrás hoy a pescar?” Pero éste no respondió. Mirando en el horizonte el oscurecido cielo soltó el cabo que lo mantenía amarrado al ínfimo islote y se adentró en el mar.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116819383983749788?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116819383983749788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116819383983749788' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116819383983749788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116819383983749788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/01/mensaje-un-improvisado-puerto-en-el.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116810409541722801</id><published>2007-01-06T18:21:00.000+01:00</published><updated>2007-01-07T09:26:20.916+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;El bautizo.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Hoy he tocado las sábanas de mi abuela. Ocultas en el armario desde los años treinta estaban húmedas como yo las recordaba cuando dormía en su cama rozando con mis dedos su camisón blanco a espaldas de mi abuelo y protegida la cabeza por la almohada, y el cuerpo por una áspera manta. ¿Cuántas veces me han salvado aquellas sábanas, la espalda de mi abuelo y el camisón blanco de mi abuela, de perecer ahogado en la Mar, o quemado por una tribu en Madagascar? Cuántas veces me duermo con esas historias para abrir los ojos asustado en las habitaciones oscuras del que sueña, y corro en busca de la deslumbrante penumbra a las habitaciones que nos salvan. Pero hoy al tocar las sábanas sólo estaban mojadas, resfriadas por el verdín que pudre las paredes empapadas de lágrimas. Al extenderla, sacudiéndola cariñosamente al aire, la luz de la ventana se volvió a colar por los doce deshilachados agujeros de bala: cuatro para mi abuelo, seis para ella y estos dos que mi Padre bautizó con un “¡Ojalá a ti no te duelan!”.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116810409541722801?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116810409541722801/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116810409541722801' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116810409541722801'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116810409541722801'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2007/01/el-bautizo.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116748953692086513</id><published>2006-12-30T15:28:00.000+01:00</published><updated>2007-02-04T21:07:48.566+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;La bolsa.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;-“¡Abre la bolsa!, ¡Corre!, ¡Que no lo vean!”, – un primaveral vientecillo levantó los papeles del suelo. La pandilla, desde la otra acera, se reunía en torno a su jefa. Inmóviles. Las voces del anciano se ahogaban en sangre. De la más joven de las niñas se escapó un grito delicado. Pronto las mayores la callaron; un empujón detuvo la escena. El anciano se agarró el pecho con las uñas. El chico abrió su mano y dejó caer la bolsa. Un coche de policía atravesó el patio. El anciano alargó su mano hacia la bolsa negra de cuero sin alcanzarla; el policía llamó por radio a una ambulancia; de la boca del anciano caía sangre oscura como el pasado más lejano, y se confundía con la sombra de la bolsa. Las niñas se asustaron, y se pusieron todas al unísono las manos en los ojos cuando el anciano se arqueó boca arriba, desgarrando con su último suspiro el eco metálico y vítreo de aquel desangelado patio de colegio. Las más fuertes de entre todas las alumnas se quedaron mudas mirando sin pestañear, y así siguieron semanas después. El joven de la bolsa cambió de colegio, el padre, militar, llegó al instante como si siempre hubiera estado allí. El anciano era el director, su mujer no asistió al entierro, ni tampoco ningún padre. La sangre dibujó tétricamente las venas del cuarteado cemento. Era bonito. El colegio no cerró sus puertas. El tiempo transcurrió, yo crecí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy cumplo veinte años; sucedió cuando tenía diez. En la bolsa escondimos las fotografías que encontramos en el baño después de otra de sus clases de recuperación. No me reconocí entre ellas; éramos cientos. Los disparos que atravesaron el patio, cabeza, cuello, y corazón, aunque no se oyeron, descarnaron nuestra ultrajada infancia.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116748953692086513?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116748953692086513/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116748953692086513' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748953692086513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748953692086513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/la-bolsa.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116748890633418144</id><published>2006-12-30T15:18:00.000+01:00</published><updated>2006-12-30T15:28:26.346+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Oye.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“&lt;em&gt;Cuando la mañana caldea el trigo y colorea de fino oro sus semillas, por la tarde se pudre el tilo y el agua corre por las laderas&lt;/em&gt;”, -contaba el joven aldeano en aquellas tierras del interior.&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“&lt;em&gt;Si el Sol se oscurece en violetas antes de hacerlo en naranjas y azules, la noche se vuelve pestilente; el Lobo no perdona ovejas, comete el loco sus locuras, y se esconden las mujeres&lt;/em&gt;”, –decía serio el hombre de la montaña.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“&lt;em&gt;Todas las nubes pueden clasificarse en dos grupos: Aquellas que arrastran las almas al purgatorio, sobrevuelan pesadas y compactas el cielo al aterdecer, para ir a ocultarse al centro de la tierra. Cuando las almas descubren su fatal destino, rompen a llorar en infinitas tormentas. Poderosos rayos y ensordecedores truenos evitan que les oigamos decirnos los porqués de sus condenas. El segundo grupo lo forman todas las otras clases de nubes, en especial, las de madrugada, muy finas, blancas, casi transparentes; se hinchan de nuestros deseos y promesas, lástima que las deshaga el viento a poco que sople. Lástima que no duren nada... pero hay tantas&lt;/em&gt;”, –escuché a una mujer susurrarle a un gato que miraba a un lagarto que observaba mi bastón mientras yo me cubría con el paraguas en espera de ver descargar a las nubes de su desgracia.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116748890633418144?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116748890633418144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116748890633418144' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748890633418144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748890633418144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/oye.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116748819573555519</id><published>2006-12-30T15:08:00.000+01:00</published><updated>2006-12-30T15:16:35.736+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;La vela.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La vela apoyada en el alfeizar la tumbó el viento sobre la cortina de la habitación de la anciana. La cortina se hinchó de fuego. Prendida a jirones cayó sobre las sábanas de la inocente, en sus ropas dobladas, y a los pies de la cama. El aire resoplaba enfurecido por la calma de la anciana que entre torbellinos infernales de luz, calor, y carbonilla, buscaba una salida sin miedo; pausada. El fuego creyó perderla y no chamuscarla, pero puerta y ventana se aliaron con las circunstancias, sellando la estancia a la ayuda de su nieta, tan hermosa, que llegaba desde la terraza. Gritos y gritos de la niña que a nadie despiertan en un bosque como éste donde ni el Sol se asoma. La niña calla, y de la abuela, ni palabra. Muerta. Contrariamente a lo que se suponía, la casa, tizón de maderas humeantes, hoy en día rodeada de una fronda insuperable, sigue escondiendo rescoldos y pavesas encendidas, según cuentan, del amor de la niña por su abuela, y del amor de su abuela por la vida. Ayer hizo quince, del día que encendí la vela, de mi octavo cumpleaños, en el alfeizar de la terraza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116748819573555519?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116748819573555519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116748819573555519' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748819573555519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748819573555519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/la-vela.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116748725550437863</id><published>2006-12-30T15:00:00.000+01:00</published><updated>2007-01-07T19:01:16.443+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Once segundos.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Caminar hasta la puerta: Dos segundos. Detenerse frente al espejo: Un segundo. Abrir pestillos: Dos segundos. Subir hasta el tejado: Tres segundos. Mirar al cielo: Un segundo. Mirar al suelo desde el tejado: Dos segundos... Saltar al vacío.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116748725550437863?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116748725550437863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116748725550437863' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748725550437863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116748725550437863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/once-segundos.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116662672023709487</id><published>2006-12-20T15:58:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T16:55:45.353+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/251/3792/1600/315421/musse-delacroix.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/251/3792/200/363804/musse-delacroix.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.literartura.blogspot.com/"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN-LEFT: 241pt; TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN-LEFT: 241pt; TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN-LEFT: 241pt; TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(51,51,255)"&gt;Una Propuesta...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold"&gt;Clases de teatro&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hay básicamente tres clases de teatro:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;1ª) Comedia: “¡Qué viene el lobo!”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2ª) Tragicomedia: “¡Que ha venido el lobo!”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;3ª) Tragedia: “¡Que me ha mordido el lobo!”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¡Dios mío, si el bachillerato fuera así!&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Pedro Casariego Córdoba (1955-1993)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Cuaderno Azul.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Presentación:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;París, abril de 1855; el diario de Eugene Delacroix&lt;a title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; tiene arrancadas las hojas de todo ese mes. Discúlpenme por parecerme este hecho tan importante, sin duda, lo sé, es un asunto menor; no es el primer caso ni será el último. En alguna ocasión todos hemos arrancado páginas de nuestros diarios, incluso días consecutivos, y por qué no, a veces hemos arrancado hojas de los libros, de los cuadernos de clase, del periódico, de la guía de teléfonos, de los árboles, y de diarios y dietarios que no eran el nuestro –existen muchas formas de llevar un diario. Algunos, y son mayoría, jamás han tenido la tentación de escribir un diario, o algo parecido; ni siquiera lo han llegado a pensar. Este texto, quiero aclarar, no pretende su recomendación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Muchas veces los que escribimos diarios, los que nos retorcemos en el Yo, hemos deseado quemarlo, y lo haríamos con agrado sino fuera porque indirectamente cumplimos el deseo de Kafka, con lo que esa coincidencia tiene de enmascaramiento y degradación para con nuestra valiente decisión. Que en los diarios de Delacroix estén arrancadas las páginas de ese mes de abril perturba por el impulso de aniquilar la huella de lo escrito en un salvífico arrepentimiento que libera al pintor de una inefable condena; no bastó el tachón, no fue suficiente la goma, sólo su desaparición. Sorprende que un pintor tan pródigo en opiniones y reflexiones críticas a su diario sufriese este pudor irrefrenable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;En el apunte siguiente, 2 de mayo de 1855, habla en este tono de la sociedad y de las conversaciones a las que asiste: &lt;i&gt;“J´etais pétrifié de tant d´inutilité et d´insipidité”&lt;/i&gt;. Fuera lo que fuese lo que había en las hojas arrancadas, aquí queda un rescoldo de su ánimo. Pero también pudo deberse aquella inusitada acción a que hubiera sentido la necesidad de sustituir las palabras por la obra pictórica, tal y como nos ejemplificaba Rilke&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:';"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; que decía Cezanne: &lt;i&gt;“Creo que lo mejor es el trabajo”, “todos los días hago progresos, aunque lentamente”&lt;/i&gt;, o el magnífico&lt;i&gt;: “le contestaré con cuadros”&lt;/i&gt; Y así ahorrarse el dolor de tener que tropezar algún día con frases como las que Kafka&lt;a title="" href="#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:';"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; escribe en su diario justo el mes de abril de sesenta años después: &lt;i&gt;“27-IV-1915:&lt;/i&gt; [...] &lt;i&gt;Incapaz de convivir con seres humanos, de hablarles. Completo abismamiento en mí mismo, pensar en mí. Apático, distraído, angustiado. No tengo nada que comunicar, nunca, a nadie.”&lt;/i&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Borges escribió en su breve &lt;i&gt;narración&lt;/i&gt; El Libro de Arena&lt;a title="" href="#_ftn4" name="_ftnref4"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:';"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; que &lt;i&gt;”el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque”&lt;/i&gt;, y se me ocurre que Delacroix pudo haber hecho lo mismo con aquellas que arrancó, ocultándolas en su amado y coqueto jardín a los pies del gran ventanal del estudio donde pintaba, en el centro de París -descabellado. Siempre que paso por su estudio me dirijo directamente a ese jardín donde remuevo la tierra y el pedrisco con estúpido entusiasmo esperando encontrar las hojas perdidas al creer que Borges me susurró al oído una íntima premonición. Por supuesto, después de infructuosos intentos lo único que consigo es llenarme las manos y los zapatos de polvo y barro. El atractivo de aquel hermoso jardín es la apariencia de recién lavado, perfumado por el frescor de la lluvia y las flores en el mes de abril. Estoy seguro de que nadie creerá lo que aquí se cuenta y ello me excita aún más para perseverar en mi búsqueda. Curiosamente no hay vez que explorando la zona Oeste del jardín no me persuada de continuar mi tarea un fuerte chaparrón con relámpagos y truenos. Lejos de esperar a que escampe, como ya es habitual, corro a refugiarme en el estudio del pintor. Dentro, en una pequeña vitrina, se puede observar la que llaman &lt;i&gt;última paleta de Delacroix&lt;/i&gt;, en ella los colores se disponen en filas acompañando la curvatura de la madera, sucediéndose azulados y verdosos con rítmica cadencia, a base de minúsculas pinceladas hasta conformar un cuadro –a poco que uno se abstraiga- por sedimentación, en lento oleaje; una despedida. Fue en sus últimos días cuando el pintor, sintiéndose acechado por la muerte, acudió al estudio como en él era habitual, sentándose a ordenar los pegotitos de color a modo de testamento, delimitando un territorio encima de la paleta con aparente nostalgia, pero huyendo de la conmiseración de los hombres y mujeres expectantes y resignados ante lo irremediable –quiero creer.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La paleta del pintor es parte de ese diario que en cada sesión se alimenta de pintura. A veces los colores ocupan el lugar que les corresponde, como también a veces se descuelgan hacia la llanura de las mezclas ante la mirada atónita del pintor que deja fluir la pintura en un intento de desentrañar lenguaje tan esquivo. Es la paleta el diario, y no el lienzo. Es la paleta y no la obra quien mejor registra la zozobra en origen. Y fue en esta diatriba cuando caí en la cuenta de la cantidad de veces que limpiamos la paleta de pintura, con violencia, sin dulzura, frotando con la finalidad de borrar los colores para no ensuciar a los que vendrán. No quedaba nadie en el estudio; seguía lloviendo en el jardín. Y entonces pensé en las hojas arrancadas del diario de Delacroix mientras miraba su &lt;i&gt;última paleta&lt;/i&gt;, y creí entender las razones de tan vehemente gesto, y comprender, más allá de explicación alguna en estas páginas, el por qué los artistas a lo largo de su vida se arrancarían la piel a jirones si pudieran, tal y como Delacroix pudo arrancar las páginas de su diario; y como restituirían dicha piel si pudieran, tal y como Delacroix pudo restituir los colores en la paleta. De repente la tormenta reventó sobre París y tuve la sensación de que aquellos truenos trasportaban, no sin sarcasmo, las palabras de Celan[&lt;a title="" href="#_ftn5" name="_ftnref5"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:';"&gt;5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;: “Un estruendo: la / verdad misma / se ha presentado / entre los hombres, / en pleno / torbellino de metáforas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;hr style="HEIGHT: 2px;font-size:78%;" align="left" width="33%" &gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family:';"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;b&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;Delacroix&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;. Journal 1822-1863. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;Librairie Plon. 1996. París. (pag. 506-507)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2"&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a title="" href="#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family:';"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;b&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;Rainer Maria Rilke&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;Cartas sobre Cezanne. Edit. Paidos. 1992. Barcelona (pag 57)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3"&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a title="" href="#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family:';"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;b&gt;Franz Kafka&lt;/b&gt;. Diarios. Galaxia Güttenberg. 2000. Barcelona (pag. 554)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4"&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a title="" href="#_ftnref4" name="_ftn4"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family:';"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;b&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;Jorge Luis Borges&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;Narraciones. Edit Cátedra. 1997. Madrid (pag 235)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5"&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a title="" href="#_ftnref5" name="_ftn5"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family:';"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:8;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;b&gt;Paul Celan&lt;/b&gt;. Obra Completa. Edi Trotta. 2000. Madrid (pag 246)&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116662672023709487?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116662672023709487/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116662672023709487' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116662672023709487'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116662672023709487'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/una-propuesta.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116660404482060772</id><published>2006-12-20T09:40:00.000+01:00</published><updated>2007-03-24T18:19:04.688+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Hacia la conquista de la ubicuidad[1]”:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;diseñador&lt;/strong&gt;, -a adj. y n. Se aplica al que diseña o al autor de cierto diseño.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;diseñar&lt;/strong&gt; (del it. “disegnare”) tr. Hacer el diseño de una cosa.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;diseño&lt;/strong&gt; (del it. “disegno”) 1m. *Dibujo previo a la realización de una cosa que se hace para tener una idea aproximada de cómo será en realidad. » Apunte, boceto, *bosquejo, croquis, esbozo, esquema. • *Forma o aspecto exterior del objeto que ha sido previamente diseñado: “este libro tiene un diseño realmente innovador”. Acción o actividad de diseñar. 2 *Descripción de una cosa hecha con palabras a la ligera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palabra que antecede a diseñador es Disentir (pensar de distinta manera), parece por tanto, como si la definición de diseño llevase aparejada cierta discrepancia, quizá por la incapacidad de consenso acerca del término, debida seguramente a la velocidad, diversidad y misterio con que operan los cambios en este campo. Y posteriormente a ella, tras la adjetiva disépalo,-a, se halla la palabra Disertación definida como acción de disertar, es decir: tratar con autoridad de cierta materia. Pronto encuentro mi sitio cerca de la primera y muy alejado de la última. Si continuamos analizando la definición de María Moliner, nos daremos cuenta de que Diseño es un calco de la palabra Dibujo, y es que, en tiempos de Vasari, las dos eran una: Disegno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vasari lo definió de forma abstracta y platónica cuando esgrimía razones para pensar que el disegno es una cierta idea de la cosa&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;. No le faltaba razón. Desde entonces, las definiciones se acumulan a soga y tizón en la lapidaria frontera que santifica a un número pequeño de objetos que quieren disfrutar de esta diabólica consideración. Muy pocos lo consiguen, y las leyes que parecen identificarlos dependen de asombrosas confluencias de muy compleja sistematización. Lo que no quiere decir que no se puedan enseñar las leyes universales de la imitación y ejercitarse voluntariosamente en la copia. Así trabajaban los aprendices de las &lt;em&gt;bottegas&lt;/em&gt; renacentistas en tiempos de Vasari: imitación y copia del maestro. Esta disciplina la perderemos con los siglos, aparentando un nostálgico cinismo, hasta quedar obsoleta y condenada en la actualidad, a no aparecer declarada en el revés del objeto, aunque sí en nuestra memoria visual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;em&gt;Disegno&lt;/em&gt; -&lt;em&gt;Segno di Dio&lt;/em&gt;-, el signo de Dios, como lo definía Zuccaro, no se hacía únicamente para que los maestros se guiaran en la realización de los grandes frescos, en las catedrales, iglesias y palacios del Renacimiento; se usaba, también, para aproximarse a la creación de un niel, un salero, una greca, la escalera de una biblioteca, o el proyecto del edificio que la envolvería. Aquel &lt;em&gt;disegno&lt;/em&gt;, se nos decía, no gozaba de la estima que hoy le atribuimos; era tenido por un ensayo previo, útil, permitiendo al maestro aclarar los pliegues de ropajes, la expresión de un rostro, o la composición de una escena, entre otros. Un profundo estudio del &lt;em&gt;disegno&lt;/em&gt; de aquel tiempo contradice la ligereza que se supone de mis palabras: así comprobamos cómo el dibujo se bifurcaba, ya entonces, en studio, schizzo, pensiero y el propio disegno, que unían perfectamente las nuevas funciones con la aparición de nuevos materiales más precisos y ligeros como el papel, puntas de plata, etc., con las exigencias de las formas, respondiendo a las inquietudes intelectuales y artísticas de la sociedad renacentista. No existiría, por lo dicho hasta ahora, gran diferencia entre los estudios de un casco para la cabeza que coronaba una armadura de Giuliano da Sangallo, el croquis de un monumento fúnebre de Lorenzo di Credi, el estudio de un cáliz de Ucello, un boceto dramático de Luca Signorelli, las ilustraciones para “la Divina Comedia” de Botticelli, o el apunte de una maquinaria militar de Leonardo: ¡Todo era &lt;em&gt;Disegno&lt;/em&gt;! Hermoso y magnífico disegno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Renacimiento, el &lt;em&gt;disegno&lt;/em&gt; adquiere la consideración de madre de todas las artes, teniendo rango de disciplina autónoma desgajada de su utilidad; eso, no obstante, no impide que Vasari, en la descripción de obras de los más grandes maestros de su tiempo, apunte dos palabras escalofriantes: “sin valor”, refiriéndose a los extraordinarios dibujos que pasarían de mano en mano de los discípulos en los talleres de todo el que ansiara dedicarse al noble arte de la pintura, la escultura o la arquitectura. Así era el &lt;em&gt;disegno&lt;/em&gt;: carecía del valor de una pintura y apenas podía compararse con la talla de un mármol inhumano. Los &lt;em&gt;disegni&lt;/em&gt; elegidos para desvelar los secretos de sus autores admitían casi cualquier uso; se dibujaban (diseñaban) por detrás, en los bordes del papel tintado, incluso encima, para aprehender los trazos plateados que ninguna técnica desvelaría de otra manera. Vasari salvó muchos de ellos coleccionándolos para ejemplificar “Las Vidas”. Podemos afirmar, sin que nos quepa duda, que a partir de ese momento, lentamente, los caminos del dibujo y el diseño no se volverán a encontrar (nominalmente) más que en puntuales ocasiones (queda pendiente). Para nuestra desgracia, los &lt;em&gt;disegni&lt;/em&gt; sólo pueden estar ocultos a las miradas del pueblo, incumpliendo otra de las acepciones de dibujo que Palomino derivaba “del verbo divulgo [...] hacer notoria, y patente al vulgo alguna cosa, y también porque divulgo es verbo castellano”; ahora bien, nos reconforta pensar que, al igual que las venas bajo la piel, el dibujo alumbra cualquier actividad que depende mínimamente de su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El diseño, ya en nuestros días, es eso que ustedes pueden identificar como progreso en cada objeto que nos rodea y que no atenta contra la esencia de lo eterno en sí que habita en ese objeto repensado. Eso -disculpen que no quiera ser más preciso- que les procura silentes promesas de felicidad, de gozo, y deseo. Renovando, casi sin darnos cuenta, nuestros horizontes estéticos; cautivados por la belleza que exhala la forma, o la redefinición de su función. El diseño es un campo en constante evolución: todo lo transforma. En su incontenible metamorfosis se inscribe su particular ley de los cambios, que encontró para no detenerse, terreno abonado en una sociedad ávida de novedades; podría ser cierto que dicha actitud lleva intrínseca la superación de algún tipo de comportamiento errático, ya sea individual o social; dicha novedad nos aleja del presente, nos proyecta hacia el futuro. Nadie está a salvo de su implacable expansión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es extraño que comenzase hablando del disegno florentino, pues debe de venir de aquella época la manera en la que lo bello y el bien pretenden confraternizan hoy en el diseño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dibujo, es eso otro -línea o sombra- que constituye el primer roce con la comprensión, el entendimiento e interpretación de los objetos que nos rodean, sin más utilidad que su simple corporeidad. Y sin fórmulas que nos permitan reproducir -volver a tener- esa misma experiencia cientos de miles de veces al crearlo, como insinuaba Valéry. Ya sé; no debemos fiarnos de un amante del dibujo,“no sé de arte alguno que pueda comprometer más inteligencia que el dibujo” escribió. Pero le nombro porque él fue uno de los primeros en sospechar en los inminentes cambios que se avecinaban: “[...] el pasmoso crecimiento de nuestros medios, la flexibilidad y precisión que estos alcanzan, y las ideas y costumbres que introducen, nos garantizan cambios próximos y muy hondos en la antigua industria de lo Bello [...], llegando quizás a modificar prodigiosamente la misma idea de arte”. Si miramos a nuestro alrededor, el tono de sus palabras nos resulta profético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt; Título extraído de un pequeño texto de Paul Valéry “La Conquista de la Ubicuidad” . &lt;em&gt;Piezas sobre Arte&lt;/em&gt;. Ed. Visor. Colección La Balsa de la Medusa. Madrid 1999.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt; “E perché da questa cognizione nasce un certo concetto e guidizio, che si forma nella mente quella tal cosa che poi espresa con le mani si chiama disegno” Giorgio Vasari. &lt;em&gt;Le vite de´piú eccellenti pittori, scultori e architettori&lt;/em&gt;. Firenze. Ed. a cura di G. Milanesi, 1885.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116660404482060772?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116660404482060772/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116660404482060772' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116660404482060772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116660404482060772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/hacia-la-conquista-de-la-ubicuidad1.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116627433278646834</id><published>2006-12-16T14:05:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T17:59:51.106+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Ley.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Paseaba por el prado cercano a la villa una mañana soleada y tranquila, sin más pensamiento en mi cabeza que el olor tan penetrante de las lilas, cuando, de repente, un pequeño caracol se plantó delante de mí y los dos nos detuvimos. Un perro que me seguía se detuvo también, como la cabra que pastaba entre la cebada y el caballo atado a la pilastra. Como los dos pajarillos que se posaron en las ramas del árbol cerca de la huerta, y el asombrado conejo que se alzó de entre las jaras. Todos, pensaban, sentí. Detenidos, expectantes, no quitaban ojo a mi pie derecho que había quedado adelantado a sólo unos centímetros del caracol. Tras unos segundos, en absoluta contemplación de aquella fotografía, elevé mi pie para, de una zancada algo más larga de lo normal, evitar pisarlo. El perro que me seguía reinició su caminar, olisqueando hasta llegar al caracol al que de un bocado rompió el cascarón, y tragó. La cabra volvió a pastar, el caballo nos dio la espalda, los pajarillos revolotearon cortejándose hacia el río, y el conejo ya se había escondido. De vuelta a la villa mojé un pañuelo y me cubrí la cabeza protegiéndome del Sol. En esta zona del valle cuenta una leyenda que los hombres no tienen el permiso de Dios para cambiar nada, y que de hacerlo, la Naturaleza se vengaría. Mientras que los animales, primeros habitantes de estas tierras, están en su derecho de acabar con la vida de cualquiera que incumpla dicha prohibición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carmen murió la semana pasada, dicen que se la vio desplumando a una perdiz para comérsela. Su cuerpo apareció despellejado y picoteado. El pañuelo en mi cabeza se secó. Cuando lo iba a humedecer una mariposa que aleteaba a mí alrededor se posó en la placa del desagüe de la fuente en el suelo. Alcé la vista y desde una ventana tres gatos me observaban desafiantes, mientras los bueyes del establo, paralizados, no quitaban ojo a mi pulgar a punto de pulsar el surtidor. No había pájaros en el cielo, ni perros por la calle pero en lo alto de la montaña se dibujaban los perfiles de una familia de lobos escultóricos, recortados, mirándome fijamente.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116627433278646834?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116627433278646834/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116627433278646834' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116627433278646834'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116627433278646834'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/ley.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116627345854003443</id><published>2006-12-16T13:50:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T17:57:30.940+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;img src="http://www.calperfs.berkeley.edu/presents/season/2001/dance/events/images/la_guerra_d_amore.jpg" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;De la Guerra&lt;/strong&gt; (y 2)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sopló el viento sacudiendo el llanto, aleteando el abrigo, girando el cuello hasta arrancar de cuajo aquel esqueje bañado de rocío. Ahora la rama se empapa en Sombra de la cebada crecida, y de moho. En el suelo permanece quieta cerca del árbol tronchado, y la casa quemada, como las ropas de aquella familia asustada, mientras miraban al cielo, porque el cielo silbaba.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116627345854003443?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116627345854003443/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116627345854003443' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116627345854003443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116627345854003443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/de-la-guerra-y-2-sopl-el-viento.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116627306390521371</id><published>2006-12-16T13:44:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T18:10:32.980+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;img style="-MS-INTERPOLATION-MODE: nearest-neighbor; WIDTH: 328px; HEIGHT: 244px" height="348" src="http://www.chass.utoronto.ca/spanish_portuguese/spa381/Imagenes/Desastres/Goya%2030.jpg" width="464" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;De la Guerra.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Las explosiones se sucedieron hasta la destrucción total de nuestra ciudad. Perdimos la cuenta del monótono retemblar, mientras el brillo de las bombas nos iluminaba los cuerpos y nuestras sombras parecían árboles acobardados y secos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116627306390521371?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116627306390521371/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116627306390521371' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116627306390521371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116627306390521371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/de-la-guerra.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116600063088372864</id><published>2006-12-13T10:03:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T17:30:19.406+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/251/3792/1600/546934/agua%20y%20gas.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/251/3792/320/290927/agua%20y%20gas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;ÁLBUM DE RECORTES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Recorte primero&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;o de cómo el diseño se apropió de la felicidad&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcel Duchamp usó esta placa, indicativa de que los pisos de nueva construcción parisinos tenían “agua y gas en todas las plantas”, para la portada de una monografía de sus obras, “Sur Marcel Duchamp, (1959)”, que tras muchas desavenencias con su editor, consiguió publicar haciendo él mismo la maquetación y el diseño artesanalmente&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;. Duchamp fue pródigo en la realización de ediciones únicas y seriadas de sus obras: trabajos manuales de precisión valiéndose de su hallazgo, el “Readymade”, y de su asombrosa capacidad para la manipulación del significado que amplió en su propio trabajo a perfumes (Belle Haleine, Eau de Voilette), carteles (L.H.O.O.Q., Wanted/$2,000 Reward) cajas, ropas, fotografías, cine, etc, además de diseñar y maquetar algunas de las mejores ediciones de autor de su época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Agua y Gas en todos los pisos” carece de sentido en nuestros días. Hoy, una casa que estuviera coronada en su fachada con uno de esos carteles pensaríamos que es un guiño retro, -valor nostálgico y tierno de otra época- y no un previo informativo de su excelencia. No hace tanto que estos carteles anunciaban circunspectos la modernidad y los últimos avances en confort de las viviendas: ¡Se acabó subir y bajar garrafas de agua de la fuente!, ¡Se acabó la cocina económica, la leña y el olor a humo!, ¡A vivir! - Se puede escuchar todavía entre las paredes de las mismas. Y vaya si es importante: se abandonan los establos para tener viviendas civilizadas. A partir de este momento la llegada de todos los avances posteriores carecerán de importancia hasta la aparición de la domótica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo ha pasado y hemos aprendido que todas las placas y carteles que cuelgan de fachadas y ventanas de edificios son potencialmente duchampianos. Lo que quiero reseñar, de aquí en adelante, es la gran cantidad de artistas que a lo largo del siglo XX han usado del campo de la gráfica y del diseño para llevar a cabo sus creaciones, y muy frecuentemente culminarlas como “obras de arte”. No encontrará aquí una enumeración detallada de esos artistas: ofrezco una biografía perversa sobre la cual he pretendido zigzaguear con el fin de recordarles algunas facetas de su trabajo que bien podrían estar inscritas en el campo de la Ilustración, la Gráfica Publicitaria, o el Diseño. De este modo, hoy para nosotros, la placa parisina bien pudiera transmutarse en otras cuya expresión&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; fuera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#663366;"&gt;&lt;strong&gt;HUMANITÉ &amp; SOUPÇON&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#6600cc;"&gt;FÉMINITÉ &amp;amp; MIROIR&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;EXTINCTION &amp; EXTINCTEUR&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;OXIGÉNE &amp;amp; LUMIÉRE&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;SOLEIL &amp; OMBRE&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#999900;"&gt;PHILOSOPHIE &amp;amp; PLAISIR&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc6600;"&gt;PRINTEMPS &amp; PHOTOSYNTHÉSE&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#993300;"&gt;INSUCCÉS &amp;amp; MALHEUR&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#663333;"&gt;MEURON &amp; FOSTER&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;MANÉGE &amp;amp; DÉSINFECTANT&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#330033;"&gt;EXTRÊME-ONCTION &amp; NICHE †&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff99ff;"&gt;DESSIN &amp;amp; FÉLICITÉ&lt;br /&gt;Á TOUS LES ÉTAGES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Puede ser que los ejemplos elegidos sean algo contradictorios, incluso -no lo niego- algo absurdos; pero me atrevo a asegurar que en poco tiempo alguno de ellos compartirá espacio con el número de portal en edificios de todo el mundo –algunos ya lo hacen cuando los nombres de los arquitectos sobrevuelan auráticamente sus creaciones en el momento que los miramos. Después de revisar las tiendas de mi ciudad donde se venden este tipo de señalizaciones, y no encontrar ninguna de las reseñadas anteriormente, quiero animar a quien corresponda para que se incorporen en el frente de todas las viviendas de nueva edificación mi propuesta de “DISEÑO &amp; FELICIDAD EN TODAS LAS PLANTAS”, hasta la invención de algo más importante para el bienestar de los seres que las habiten -sean estos quienes sean en el futuro-, aun a riesgo de que en la mudanza, la segunda dejase huérfana a la primera, y por ende fuese ya impronunciable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte Segundo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;(&lt;em&gt;o del jugador jugando el juego&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Picasso hacía dibujos para “Els Quatre Gats” –perdón por este breve paréntesis a todos aquellos que piensen que de la chistera del mago también se sacan pintores y pinturas, sin que a ellos les preceda un tiempo de aprendizaje y educación abrumadoramente gráfico y esforzadamente complejo (dificilísimo). Un tiempo donde las primeras obras de los artistas a lo largo de la Historia son una ejercitación constante, íntima y personal, para demostrarse a sí mismos, y al “otro”, que son capaces, con una herramienta tan poco natural como un lapicero, de nombrar el mundo de las cosas visibles con irritante proximidad, por supuesto no rozándose a la primera con la forma ideal, ni siquiera siéndole posible reconocer esa forma ideal si se hubiera dado en parte alguna del trabajo -las primeras veces, durante los primeros años. Decía, que cuando Picasso hacía dibujos para “Els Quatre Gats”, estaba haciendo ilustraciones para una taberna, ilustraciones que se prodigarían en aquellos dibujos de su particular “Fábrica de dibujos de Pablo Ruiz Picasso”, o en las aparecidas en revistas catalanas iluminando poemas de Joan Oliva Bridgman, cuentos de Surinyoch Sentis, retratos de personajes influyentes de la intelectualidad catalana, incluso presentándose a concursos de carteles con poca fortuna. Corría el año 1900, Picasso contaba entonces con 18 años, se iniciaba su época Azul, estaba a punto de dar el salto a su etapa parisina, y ya caminaba seguro hacía las d´Avignon (1907). Pero le venía de antiguo, puesto que desde los nueve años (1890) Picasso asombraba con su irritante facilidad para los recortables de los que nos dejó algunas muestras, y que muchos años más tarde volvería a prodigar entre sus hijos, y a disfrutarlos en Matisse. Quiebros y requiebros para desarrollar su propio juego: jugador jugando el juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Recorte tercero&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;o del canibalismo&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Picasso continuó dibujando a lo largo de toda su vida como si de un ilustrador se tratara, en ocasiones como un auténtico calígrafo disfrutando de los dibujos de un solo trazo que nacían con formas de animales, o maneras cervantinas. Los surrealistas le pidieron colaborar con ellos, y aunque él se mantuvo con prudencia a cierta distancia apoyó con sus obras el nacimiento de cuantos intentos propusieron los de Bretón. Picasso, es evidente, abarca prácticamente todos los campos de la creación plástica a excepción de los que tienen formato digital, luego no es difícil encontrar en él ejemplos de un Picasso ilustrador, un Picasso escenógrafo, etc., de la misma forma que todos los Picassos posibles se dan en un solo Picasso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte cuarto&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;o de las ilustraciones para cuentos&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada una de las cosas grandes o pequeñas que nos rodea ha tenido en algún paso de su cadena de creación un estudio y desarrollo llevado a cabo, en muchas ocasiones, por profesionales del campo de la gráfica. Cómo imaginarnos un &lt;em&gt;Tábano Mecedor&lt;/em&gt;, una &lt;em&gt;Libélula Becerra&lt;/em&gt; &lt;em&gt;con cuerpo de tarta de ciruelas y alas de acebo&lt;/em&gt;, o &lt;em&gt;una mosca de pan con mantequilla&lt;/em&gt;, si no fuera porque J. Tenniel acompañó a Lewis Carroll en su viaje al otro lado del espejo haciendo que las ilustraciones, los extraordinarios dibujos, funcionasen como el Hilo de Ariadna «En el Mundo del Espejo». Aquí el dibujo no es complemento inerte del texto, no es un apoyo visual donde la palabra, el conflicto, y los personajes ceden algunas responsabilidades por la complejidad de la trama, sino que es el protagonista. ¡Un dibujo de Alicia es todo el cuento de Alicia! Claro que, en este punto, quién no encontraría relación entre los relatos de Alicia y los dibujos de Miró, incluso los de Max Ernst, salvo que en las obras de éste –“La Femme 100 têtes, Une semaine de bonté”- la salida del laberinto es más esquiva; recordemos que es un insigne surrealista, por lo que es seguro que de existir el Minotauro sin duda lo habría dibujado Picasso y nos esperaría en su interior leyendo entretenido, &lt;em&gt;Littérature&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte quinto&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;o del deseo de romper una guitarra&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre las alucinaciones del hambre de Miró (&lt;em&gt;Carnaval d´Arlequin&lt;/em&gt; 1924-25) hay cientos de personajes que bien pudieron habitar mundos como los de Alicia. El catalán había manifestado con desesperación en su obra, y con furia desatada en entrevistas, su auténtico deseo de «asesinar la pintura» acabando abruptamente con los convencionalismos a cuya extinción contribuyeron tanto los dadaístas. Y acabando también con las reglas impuestas por la pintura dominante de la que él fue partícipe en el París Surrealista que le toco vivir; con las imposturas de los adoctrinadores padres de los movimientos modernos; y su ejercitada facilidad para con la pintura que venía desarrollando junto a sus contemporáneos. “Asco” era la palabra que utilizaba con mayor frecuencia para referirse a su pintura, y a toda la que le rodeaba. El grito tiene algo de premonitorio y a la vez profético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte sexto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;(&lt;em&gt;o de las llamadas artes menores&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró iniciaba así la etapa más fructífera de su carrera comportándose como un pintor “impuro”, al colaborar con disciplinas plásticas y procesos reproductivos alejados de los comportamientos pictóricos de su época: “Cerámica, tapices, mosaicos, grabados, vidrieras o murales” ¿Cómo podía curarse de la repugnancia hacia la Pintura sin traicionar al Arte, ni a la Pintura? A poco que observemos su trabajo nos daremos cuenta de cómo estas otras Artes renovaron los intentos de infligir un golpe de gracia a la siempre herida de muerte Pintura. Matisse encontró en los collages y en los recortables la salud que le quitaban sus achaques. En Miró la escultura estaba bajo sus zapatos, la cerámica desbordaba las magnitudes preconcebidas del lienzo, y el tiempo grabado al ácido del aguafuerte consiguieron el propósito benefactor que anhelaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte séptimo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;o de lo pequeño como los sellos&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aidez L´Espagne&lt;/em&gt; (1937) levantaba el puño con fuerza desde su nacimiento en un pequeño sello de correos de apenas un franco, a la vez que Picasso trajinaba en un inmenso lienzo buena parte de la ignominia que nos perseguiría muchos años después. Puede sonar paradójico que se intente asesinar a la pintura pocos años antes de que los asesinatos se sistematizaran en los campos de exterminio nazis y la producción de armamento tocara el cielo con la Bomba atómica en una esquizofrénica carrera por acabar instantáneamente con el sufrimiento (sic). “Instantaneísmo” que diría Picabia; una gran sopa de presente. Los artistas, por entonces, representaban una buena parte de la conciencia de la libertad. Plasmaban en sus obras la denuncia de la barbarie y la destrucción, las consecuencias de la irresponsable lucha fraticida entre pueblos, y los sueños de sus gentes ahogados por la desesperación en huida constante de la abortiva resignación. Pero no sólo se llegó a la cima de la infamia en el campo de batalla, la guerra, además, significó un inmenso tiempo de experimentación donde hubo que reinventar casi de todo -incluso el lenguaje. Las cartillas escolares y las de racionamiento fueron el verso y anverso de la realidad cotidiana. Los métodos propagandísticos rejuvenecen cuando tienen que vender Vida, Paz o Verdad, y mantuvieron su presencia durante las contiendas fortaleciendo su actividad hasta nuestros día; el lenguaje en perpetuo movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte octavo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;(&lt;em&gt;o de danza de la tipografía&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De moverse, contornearse, danzar, y desfilar sabían bien las tipografías de El Lissiztsky (1925) desafiantes en su paso marcial hacia la conquista del cambio, usando para ello de las revistas, y de los métodos de reproducción gráfica y propagandísticos al servicio de la Revolución. La gráfica siempre encuentra un resquicio por donde mostrarse, procurándose la visibilidad segura de trasladar directamente su mensaje a pesar de las interferencias a las que se vea sometida en busca de su destino o destinatario. Si uno analiza con calma -aun a riesgo de fracasar con esta intuición- el mensaje gráfico, ya sea tipografía o imagen, estará de acuerdo en que parece trasladar una verdad axiomática en el fondo y la forma, con un ineluctable sistema que aprende del entorno la mejor manera para lograr sus objetivos. A fin de cuentas, el diseño gráfico se propone transmitirnos con pasmosa facilidad la ilusión de ser poseedores del confort al que aspiramos en el ámbito de lo doméstico, y quien más preocupado estuvo por este tema, quien mejor supo trasladar este problema y elevarlo a obra de arte, fue el Pop Art.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte noveno&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;(&lt;em&gt;o de la palabra y los hechos&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“-¿Pero en América no hay sólo hombres de negocios, tienen sus artistas, sus soñadores?&lt;br /&gt;-Hay muchos, pero ninguno que tenga personalidad; pintan muy bien, son de una habilidad extraordinaria; conozco a uno que imita a Renoir, pero como era muy fácil imitarlo con las manos, ¡pinta con los pies! En América hay cien Baudelaire, cuarenta Verlaine, varios centenares de Rodin, pero lo que falta, ¡es un americano!&lt;br /&gt;-Me diviertes. ¿De dónde proviene eso?&lt;br /&gt;-Este país es demasiado cosmopolita, no puede alimentar a una individualidad, es el primero en enseñarnos que lo que llamamos arte es una cosa acabada; el arte es ante todo la concentración de las necesidades de una época, la representación de la civilización de un pueblo. El día en que todos los pueblos se fusionen no habrá ya arte para nosotros, el conjunto de nuestras obras sólo interesarán a los habitantes del planeta Marte. Como todas las razas se amalgaman cada vez más, llegará un día en que el traje nacional de la Tierra será el Smoking.&lt;br /&gt;-Vas un poco rápido como es costumbre en ti.&lt;br /&gt;-No, basta con mirar, entender. Pero dejando a un lado a los artistas, ¿sabes que en América hay hombres extraordinarios?&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Recorte décimo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;y último&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Picabia es de los que no dudan, ni de los que se detienen, ni de los que se callan. Siempre que su nombre acude a mi mente le imagino veloz en alguno de sus amados coches, o consultando los folletos de algún modelo nuevo, o pasando las páginas de alguna revista pornográfica, y dibujando máquinas o motores, o mujeres, o todo junto, acompañado de bocetos de gitanas españolas. No se equivocaba. Antes de que nos abandonemos a la contemplación de lo que echen en la pantalla del televisor, o del ordenador, o de la consola, o de un microscopio, o desde la ventana de nuestra habitación, que ha provocado que el devenir cotidiano se convierta en el triunfo de un urticante retinismo, merece la pena rescatar el fascinante “&lt;em&gt;Just what is it that makes today’s home so different, so appealing?&lt;/em&gt; (1956)” de Richard Hamilton no sólo como icono del Pop Art definido en palabras del mismo Hamilton: “Pasajero/ Desechable/ De Bajo Coste / Producido en masa / Joven / Ingenioso / Sexy / Astuto Publicitariamente/...”, y ya se pueden imaginar cuantas cosas más, sino además, por ser la demostración del impulso que la gráfica tomó aquellos años al constituir el núcleo central de dicho movimiento y el canal idóneo para su manifestación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los productos que compramos, sus envases, los billetes con los que pagamos, la elección de un disfraz, las entradas del cine, la tipografía de un periódico, la portada de un libro, la marca de la leche, el trayecto de un viaje, la fecha de caducidad, un cartel, una placa, un sello, &lt;em&gt;una mosca de pan con mantequilla&lt;/em&gt;, incluso la hoja parroquial, dependen en última instancia, de una buena y armónica selección de todos sus elementos con el fin de alejar la indiferencia, mostrar valores -a poder ser edificantes- o, sencillamente, ser distintos; únicos. El Diseño Gráfico ha producido formas nuevas por conjunción y mezcla de las ya existentes y ha incorporado colores nuevos por combinación de los métodos de obtención. Incluso el diseño no se ruboriza, ni se preocupa si un fácil equívoco nos lleva a pensar que la forma y el color, (ahí es nada) han sido creados gracias a su influencia. Pero todos lo sabemos: el diseño no inventó los colores; adecuó y racionalizó su uso. El diseño no inventa la forma; elige la mejor forma.&lt;br /&gt;Me quedan en la memoria muchos más artistas que pueden contarnos como en su base creadora usaron con determinación de la Ilustración, la Gráfica, y cualquier disciplina adyacente a esta raíz, algunos de ellos sin abandonarla jamás: E. Hopper fue uno de los más grandes ilustradores de América, si es que en algún momento dejó de serlo, y Francis Bacon tuvo unos inicios de gran éxito como creador de muebles de diseño hasta su plena dedicación a la pintura, y Polke, y Trockel, y todos aquellos que se les aparecen a ustedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Tomkins, Calvin. Duchamp. Editorial Anagrama. Barcelona 1999, pág. 448.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Colli, Giorgio. Filosofía de la Expresión. Editorial Siruela. Madrid. 1996. pág. 58. “En general expresar quiere decir exactamente esto: manifestar qué era la inmediatez a través de series de representaciones que se desgranan por un imparable capricho, un arbitrio que se impone, un juego que violenta”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/blog-this.g?t=&amp;u=http%3A//www.literartura.blogspot.com/&amp;amp;n=Literartura#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Picabia, Francis. Caravanserail. “Las Cortinas de Muselina” Editorial Laertes, Barcelona 1977, pág. 86.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116600063088372864?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116600063088372864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116600063088372864' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116600063088372864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116600063088372864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/lbum-de-recortes-recorte-primero-o-de.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116508293197606545</id><published>2006-12-02T19:08:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T17:44:27.900+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/251/3792/1600/776475/manosmoore.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/251/3792/320/136365/manosmoore.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;CARICIA, 1932.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;GIACOMETTI, MOORE.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;O de cómo las manos ven cuando la vista se ciega.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;A propósito de las más hermosas obras cerámicas de Gloria.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caricia, 1932, es una obra de Giacometti, en la que sobre la piedra en forma de vientre materno (o seno) hay grabada una mano –y a espaldas del vientre se escalonan dos pequeños volúmenes regulares. La interpretación de la obra no es importante conocerla en profundidad para nuestro trabajo, pues ya sabemos que las profundidades del Surrealismo son insondables. Nosotros no vemos la pieza, la hemos tocado. Está realizada cuando aún el surrealismo es el arte del futuro y Giacometti uno de sus más importantes exponentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pieza no constituye en sí misma una de las obras más importantes del autor, pero la textura de la piedra, el dibujo de la mano y el alisamiento al que ha forzado al material, está directamente relacionado con el acariciar. Caricia tras caricia, sin que ese gesto pretenda disimular una intención ornamental. El propio Giacometti no abandonaría el influjo surrealista que alumbró sus primeras obras, pero a cada escultura sus intereses se alejaban cada vez más de la academia en la que el surrealismo de Bretón se había convertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Giacometti es tan dibujante como escultor, y sus obras no pueden entenderse sin ese afán con la que utiliza el lápiz, o el pincel. Dibuja compulsivamente sin dar por válida ninguna línea. Cada línea nada más se define a sí misma, y la unión de todas ellas conforman un dibujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el artista dibuja, el trayecto no tiene límites. La línea dibujada acuchilla el papel cortando en su envestida a otras líneas, solapando anteriores trayectorias, definiendo el carácter del dibujo con violencia, sin piedad y sin dejarse engañar por la sedosidad del grafito. Cuando esculpe, el trabajo es muy similar: los embates contra la piedra no traducen literalmente el gesto del escultor, sino que modelan sucesivamente el perfil de un rostro de mujer, o la cara de Diego (su hermano), o cualquier paseante, cualquiera de nosotros. Es decir, la violencia con la que se doblega a la materia en un punto, en nada se parece a lo percibido en conjunto cuando se observa la suma de todos las acometidas sobre la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dibujo es tiempo que deviene dibujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dibujos de Giacometti formaban marañas anudando el espacio con la forma de las infinitas direcciones que la mano del artista trazaba. El dibujo para Giacometti era el resultado de las sucesivas acumulaciones y arrepentimientos que se depositaban como hebras de tiempo sobre el papel, el lienzo, la piedra o la escayola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero imaginemos que ese lapicero se transforma en una cuchilla, y que su impulso creador se traslada a la escayola. En la escultura, Giacometti pervierte su fundamento principal “añadir” para caminar en la dirección contraria, “quitar”, a pesar de que al quitar, la obra vaya irremediablemente ahondando en su invisibilidad. Quitar, no sólo en el sentido de aligerar la obra de peso y materia, sino también despojándola de inútiles efectos, del incómodo ornato de las que adolece el hermoso gesto de apretar el barro, o del picado de la piedra al golpearla. Borrando, es su intención, toda huella de ensimismamiento que denuncie la distracción del artista con su propia mismidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, al artista, ya no le basta con esculpir una forma. Pero la forma sigue ahí, cuando el volumen es explícito. Ahora se aferra a la idea desnuda en contra de las convenciones de la escultura que actúan como freno, y no como conductor de la energía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el instante en el que la obra comienza a perder tamaño debido a la cuchilla del artista, a la falta de material para esculpir, al microscópico tamaño del objeto en relación a la mano, la obra queda constituida en su mínima expresión, en busca de su máxima esencialidad. No hay artificios, no existe un repertorio de técnicas ni maneras de escultor, parece no salida de la mano del artista y, por tanto, la obra nos sugiere que ha nacido sola, que ya estaba allí, entre los escombros de su taller.&lt;br /&gt;Su aparente invisibilidad nos obliga a mirar con atención, pero el ojo no es suficiente… nos paso desapercibida, el ojo no la vio. La vista no es un buen aliado, por lo que la confianza en los sentidos, queda abolida. Sin ojos para recorrer una pieza escultórica que carece casi de recorrido, es la memoria de lo vivido, de nuestra propia experiencia, la que nos debe de auxiliar y guiar en el reconocimiento de aquel objeto. El tacto es el mejor aliado cuando la materia no chilla, ni huele, ni encubre gusto alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fotografía en la que Giacometti está trabajando en el taller, con los ojos casi cerrados, con la mirada tras los hinchados párpados de insomne, quizás de buscar bajo la mesa las cabezas de cerillas en las que se han convertido sus esculturas, o hinchados de tanto forzar la vista y comprender lo inútil de su esfuerzo, nos da una pista de donde se encontraban sus convicciones artísticas en aquellas fechas. Sus manos agarran un palito, un minúsculo palito, y con las yemas de sus dedos acaricia el frágil cuerpo de sus personajes. Poco a poco, casi desmaterializadas, de las piernas nace un tronco al que le crece una cabeza. Giacometti parece ciego, pero ve con las manos, en el roce al tocarlas percibe el temblor de una voz o una nota musical en la brevedad enhiesta de sus caminantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la altura de la cintura, en la fotografía, el estudio parece acogedor, apropiado para el trabajo artístico tanto como para el recogimiento, incluso para una siesta. Pero la apariencia de nuevo nos engaña, y en la fotografía del suelo vemos como se apila la basura… perdón, la escayola, la piedra, el óleo y la masticadura de metales y papeles… ¿Quién sabe cuantas esculturas se ocultan tras los escombros en el Taller de Giacometti?... y ellos mismos, los escombros, ampliación de la piel de sus esculturas en miniatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si cabría la posibilidad de llamarlas miniaturas, cuando al aproximarnos con el objetivo distinguimos en estos cuerpos la rugosidad de la piel como si se tratara de la piel anciana de la humanidad toda. Humanidad a fin de cuentas, que Giacometti retrata en cada uno de sus andantes o figuras estáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inauguramos así un hermoso periodo, donde la vista no es el sentido tiránico que tanto nos ha dado que hablar a lo largo de los siglos, y para el que teníamos antídoto conceptual y crítico, entrando de lleno en el descubrimiento del tacto principalmente. La mano da tanta información como el ojo, y la complementariedad de los dos es indiscutible. Casi todas las obras de arte que el hombre ha creado han sido posibles gracias a la alianza de vista y tacto. Giacometti refuerza esta posición, y sus esculturas nos hablan con la rotundidad de un gigante pero con la sensibilidad y dulzura de un recién nacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las manos, esas mismas que escondemos cuando estamos delante de un pequeño al que tememos hacerle una marca al agarrarlo, al cogerlo en brazos, pensando que se nos despedazará tanta ternura, tan nueva. Las mismas manos que notan la huella en la piel de la criatura que enrojece al rozarla y nos cuenta eso que las palabras harían olvidar de llegar a pronunciarse. Como si fuera una señal el que los recién nacidos no pudieran hablar a propósito, y no porque no sepan, sino porque el habla es un obstáculo para las primeras impresiones, las primeras respiraciones… eso no evita que sean los hablantes, los adultos, los que miran, los temen tocar, esos otros, ellos, los que usen las palabras para incorporar cuanto antes al nacido en el continuo temporal al que ellos pertenecen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las manos tan vivas, tan listas, tan abiertas y despiertas como las del escultor Henry Moore, quien no dudó en retratarlas en diversas posturas. Son manos avejentadas, de dedos romos y piel descolgada. No son manos de niño, sino expertas manos de escultor acostumbradas a palpar la realidad que les circunda. Las manos de Moore parecen esconder algo. Se acarician suavemente, una contra otra, evidenciando sus cualidades táctiles, tal y como se comportan las manos de los magos al hacer algún juego de magia. Pero Moore, esconde un secreto a voces: una pequeña piedrecilla. ¿Qué esperábamos de un escultor: un elefante, una locomotora, un palacio, una montaña? Pues no, sorprendentemente y oculta de los rayos del Sol -el gran ojo luminoso-, esconde una simple piedra, pero una piedra “en forma de ojo”, otro tipo de ojo; si no el ojo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escondiendo una piedra entre las manos insinúa aquello que tanta fortuna les dio a algunos artistas y que perteneció al catálogo de recomendaciones artísticas para despertar la mente y la visión espacial: métete una piedra en el bolsillo y tócala; después, dibuja lo que tus &lt;em&gt;dedos ven&lt;/em&gt;. Moore escondiendo entre sus manos esa piedrecilla en forma de ojo, esconde toda la escultura en un breve gesto, la protege de perecer en su magnánima fisicidad, la arropa para que no desaparezca al estar expuesta a la mirada, porque la mirada, &lt;em&gt;como todo, mata&lt;/em&gt; -debía de pensar el artista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocultar ese pedazo de piedra entre los dedos es un intento de transformar la piedra en carne y las manos en su piel, constituyendo un cuerpo único indisociable, a riesgo de perecer al intentar separarlos. Los personajes de Giacometti no son sólo pellejo o sólo esqueleto, son esculturas en el transcurrir de algo tan impalpable e indefinible como es el tiempo; de la misma forma que la piedra de Moore es un pedazo rescatado del abismo del olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mírate entre las manos (con las manos) parece decirnos Moore en su dibujo. Mírate entre los dedos (con los dedos) lo que nos dice Giacometti en su foto, y de esos dos poderosos consejos han nacido mis obras.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116508293197606545?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116508293197606545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116508293197606545' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116508293197606545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116508293197606545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/caricia-1932.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116501647925372066</id><published>2006-12-02T00:41:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T17:31:05.160+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="color:#000099;"&gt;Papá&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¡Papá! ¡Despierta! Ha salido el Sol y debemos de quitar las luces.&lt;br /&gt;¡Papá! ¡Papá! no hay nubes, podremos mover la tierra y recoger tomates.&lt;br /&gt;¡Papá despierta!... ¡Papá! ¡Papá, despierta! Los perros, no dejan de aullar.&lt;br /&gt;¡Despierta Papá! Está atardeciendo; ¿No ves que te enfriarás?&lt;br /&gt;¡Papá! ¡Papá! ¡Despierta! La noche es oscura, negra, y las hojas muertas salen a pasear.&lt;br /&gt;Despierta, despierta, ¡Despierta Papá! Hace tres días que duermes.&lt;br /&gt;¡Papá! Encendí las luces, recogí la hierba, pero los perros,&lt;br /&gt;Los perros no paran de aullar.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116501647925372066?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116501647925372066/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116501647925372066' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116501647925372066'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116501647925372066'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/pap-pap-despierta-ha-salido-el-sol-y.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116501629119758837</id><published>2006-12-02T00:38:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T16:47:50.953+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;La moneda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta moneda en el suelo, junto al cigarrillo cerca del papel arrugado próximo a la pared de esta carnicería entre el niño y el kiosko aledaño a la farmacia, lindante con el portal vecino del taller contiguo a la panadería medianera con el edificio del bordillo y muro blanco pegado a la puerta roja de la acera de enfrente inmediato al hueco de la ventana limítrofe con la casa donde tiene tendida la ropa María, puede que sea suya.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116501629119758837?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116501629119758837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116501629119758837' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116501629119758837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116501629119758837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/la-moneda.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-116501600816479721</id><published>2006-12-02T00:33:00.000+01:00</published><updated>2006-12-27T18:00:52.983+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;img style="WIDTH: 293px; HEIGHT: 199px" height="416" src="http://arcadia.org/cemeteries/photographs/FWW-Pet-Cemetery-Tinton-Falls-Chicken-0416x0576px.jpg" width="576" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;Siga los pasos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;1) Comience a caminar.&lt;br /&gt;2) Deténgase al finalizar la acera.&lt;br /&gt;3) Pulse el botón del semáforo para cambiarlo a verde.&lt;br /&gt;4) Puede continuar, con cuidado, sin tropezar en el bordillo que está muy mal.&lt;br /&gt;5) Gire a la derecha, junto a la valla que bordea el parque.&lt;br /&gt;6) Baje la cuesta procurando no resbalar.&lt;br /&gt;7) Contemple la imagen del rio; es de postal.&lt;br /&gt;8) Se vifurcan los caminos ¡Atención! Escoja el más estrecho, el que sube hasta la Catedral.&lt;br /&gt;9) La verá al cruzar de acera y pasar por debajo del puente de piedra.&lt;br /&gt;10) No dude en preguntar como se llega a ella.&lt;br /&gt;11) Es muy importante que siempre camine por la derecha; hasta las tres siempre en sombra.&lt;br /&gt;12) Cuando el campanario vea aparecer de entre los tejados de las casas gire a la izquierda.&lt;br /&gt;13) La calle se empina, está empedrada, y las paredes de las casas sucias, sin puertas ni ventanas.&lt;br /&gt;14) En el número catorce, hace esquina, gire a la derecha y luego otra vez a la derecha.&lt;br /&gt;15) Esta calle que tiene usted delante es muy larga y deja a su espalda la Catedral.&lt;br /&gt;16) Llegue hasta la plaza que corona su final.&lt;br /&gt;17) Mire hacia el frente, verá tres calles que se abren en abanico. Descienda por la de la izquierda.&lt;br /&gt;18) Salimos de la ciudad: recuerde caminar siempre por su izquierda.&lt;br /&gt;19) Pasará por tres huertas: dos grandes, valladas con piedra; la tercera con verja de metal.&lt;br /&gt;20) Gire cuando aparezca la señal de prohibido adelantar, por el sendero que verá: no hay pérdida.&lt;br /&gt;21) Todo el campo estará segado; a finales de Julio la vereda está descubierta. Perdices poniendo.&lt;br /&gt;22) Sígala sin temor hasta cruzar la via del tren. Siempre en línea recta. No vuelva hacia la carretera.&lt;br /&gt;23) Al otro lado de la vía del tren verá una indicación de “coto privado” y a sus pies piedra desnuda.&lt;br /&gt;24) Pase por encima de la piedra y observe que abajo está el rio. Baje por el centro entre las rocas.&lt;br /&gt;25) Al llegar al rio, en el meandro, verá piedras grandes que sirven de improvisado puente.&lt;br /&gt;26) Pase con precaución. Hacia la mitad se mueven dos, luego, todo es normal.&lt;br /&gt;27) En la otra orilla pasará entre dos gigantescos sauces que se inclinan a beber. Adelante.&lt;br /&gt;28) Suba la cuesta hasta el camino de tierra. Paciencia, sólo es posible ascender por donde vé.&lt;br /&gt;29) El paisaje de viñas se abre a sus ojos. Ya está a punto de llegar. Suba hasta el pueblo.&lt;br /&gt;30) La primera casa que se encuentre, la mía será.&lt;br /&gt;31) Entre sin hacer ruido -gorriones, golondrinas y el halcón- acérquese hasta el almendro.&lt;br /&gt;32) Respire profúndamente el aire puro mirando hacia las montañas. Siempre huele a lluvia.&lt;br /&gt;33) A la izquierda, junto al almendro, hay dos cipreses.&lt;br /&gt;34) Entre los cipreses, ya habrá visto, una lápida sencilla, sin obstentaciones, oscura de musgo y gris.&lt;br /&gt;35) Lea mi nombre, vea el camino, piense en su vida, respire tranquilo; esta ya está ocupada. Observe a mi alrededor: si no existe ninguna otra lápida es porque mi hijo sigue vivo ¡Gracias a Dios!, y mi mujer, otra vez, se ha arrepentido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-116501600816479721?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/116501600816479721/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=116501600816479721' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116501600816479721'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/116501600816479721'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/12/siga-los-pasos-1-comience-caminar.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34410512.post-115840483135312809</id><published>2006-09-16T13:01:00.000+02:00</published><updated>2006-12-27T17:33:08.446+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Para un final&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Eduardo, Eloy y José.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace muchos años, los suficientes para sólo recordar de aquellos esta historia, acostumbraba a caminar junto a un anciano amigo por las calles de la ciudad. Una ciudad hoy en crecimiento pero por aquel entonces una pequeña ciudad de sedimento, acuchillada por una infame carretera asfaltada, cicatriz que el tiempo respetó y sucesivos gorriernos maquillaron en boulevard. Los dos, uno desprejuiciado por joven y sano, y el otro por su sana vejez, saludábamos a las mañanas desde el balcón desconchado y literalmente colgante. Desayunábamos lo que el día anterior no acabamos de cenar y comíamos lo que Concepción, cocinera para su familia y peluquera para poder ser cocinera, despistaba en el poyete de nuestra ventana compadeciéndose del viejo “pariente lejano”. Sin dinero, sin trabajo, y sin pena, el día siempre prometía conocimiento y conversación hasta su fin. La vida se nos consumía en el paseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amigo caminaba cerca de los escaparates, paredes o verjas, objetos que le permitiesen tomar un descanso sirviendo de apoyo a su evidente cojera. La mano izquierda acariciaba todo cuanto se encontraba, mientras su pierna derecha, tiesa y delgaducha, se clavaba en el suelo arrastrándose orgullosa sin necesidad del resto del cuerpo, produciendo un bailegirogesto característico. El trayecto se repetía a diario con imperceptibles variaciones, desandando calles sobre nuestros propios pasos. Concienzudamente estudiado, calle arriba o abajo, cerca del río o del centro de la ciudad, el ansiado deambular siempre comenzaba en el portal de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardé semanas en percatarme del rastro de tiza blanquísima que anunciaba, pensé, el levantamiento de la calle debido a las obras para la canalización del agua, que se iniciaba a un paso de nuestro portal. Aquel día, extrañamente, mi vista iba reconociendo el rastro de tiza fugazmente, cada cierto tiempo, sin atender ni importarme lo que miraba. Cuando el hambre encontró el camino a casa, al hilo de una conversación, nada banal, sobre la incertidumbre de lo que nuestra vecina nos tenía preparado, observé que el rastro de tiza acababa donde había comenzado, en el portal. Durante los paseos de los días sucesivos al descubrimiento atendí al recorrido de la línea de tiza que había ido creciendo hasta parecer un largo mechón de pelo; de las obras, tuberías, y agua, nada. “El mayor de tus amigos” -si no el único- como gustaba llamarse en mi compañía, cayó enfermo, súbitamente, un veinticinco de julio. Ese mismo día murió. Cerro los ojos, se acarició la cara disimulando la rigidez del pálido rostro, rozó mis manos, y giró la cabeza como avergonzado, lentamente, hasta golpear la pared donde la muerte sonó a timbal solemne. Sobrecogido, aquel sonido me incapacitó para solventar el instante, y al momento salí huyendo a trompicones de la casa. Al salir a la calle mis ojos se deslumbraron por los focos en la noche y se posaron en las líneas de tiza que nacían a un corto paso del portal, sin pensar en nada tome el camino que marcaban cientos de ellas, millones de líneas. Me pareció un trabajo ímprobo si su único objetivo era apuntar las órdenes a obreros y máquinas, pues la línea temblaba inteligentemente, con sensibilidad salpicada de arrepentimientos. No las debieron de haber hecho manos cualquiera. Era una mano experta, honesta, la mano de un dibujante, deduje -de un delicado dibujante. En esas estaba con tal de que mi cabeza borrara el puto timbal, cuando la excusa de la línea me alejó del barrio y me llevó hasta los arrabales de la ciudad cerca del rió, donde la luz es de Luna, y donde la línea se hacía más débil y entrecortada, pero allí también existía; y en la calle de los portales, y en el barrio chino, y en la cuesta de la iglesia, y en el parque de piedra, y en todos los lugares por los que mi amigo y yo paseábamos día tras día los últimos dos años. Con la mirada fija en el final de la línea, frente al portal, no encontraba respuestas a la fidelidad del camino... ni ya importaba. Abría la puerta de casa cuando un olor a croquetas recién fritas inundó la estancia. Al otro lado del patio la algarabía de los hijos de Concepción adormecía el dolor y coloreaba el silencio por la desaparición de mi amigo. Un forense certificó la muerte debida a una “arritmia cardiaca”, y dos funcionarios me hicieron entrega de sus pertenencias: una agenda arrugada con muchas hojas en blanco, un lápiz corto sin punta, un pañuelo azul sucio bien doblado, una camisa blanca, un pantalón de tergal negro, y un par de zapatos como los de Van Gogh, secos y abarquillados. De éstos, uno -descubrí más tarde- llevaba incrustado en el tacón una gran piedra de yeso. Sonreí, y asomado al balcón reconocí aquellas líneas blancas que, sobre un mapa de la ciudad formaban el más fiel autorretrato de mi amigo. “Sin el dibujo se carece de rostro”, dijo la mañana de su muerte.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En una reciente guía internacional de la ciudad viene recomendado como recorrido turístico de máximo interés, junto con un cuadro atribuido a Miguel Ángel y algunas icnitas de los alrededores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34410512-115840483135312809?l=literartura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://literartura.blogspot.com/feeds/115840483135312809/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34410512&amp;postID=115840483135312809' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/115840483135312809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34410512/posts/default/115840483135312809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://literartura.blogspot.com/2006/09/para-un-final-eduardo-eloy-y-jos.html' title=''/><author><name>Julio Hontana</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
